Desvanecer

10° CAPÍTULO

A la mañana siguiente Valbert aún seguía perturbado por lo ocurrido el día anterior. Se levantó muy aprisa e igualmente a prisa se vistió y terminó de prepararse para ir al trabajo.

Al salir de su habitación y bajar al primer piso encontró a Miriam ya recogiendo los pedazos rotos de la bajilla de porcelana mientras que Klaudia lo esperaba en la sala con un semblante apenado y de preocupación, al verlo la joven se acercó y comenzó a hablar tímidamente.

-Lamento mucho lo ocurrido ayer señor. Hoy mismo me iré, le prometo que cuando vuelva no estaré ya aquí.

-¿De qué hablas Klaudia? Y por favor no me llames señor, ya habíamos acordado llamarnos por nuestros nombres. -Dijo Valbert en forma seria pero igualmente amable.

-Lo que ocurrió anoche con su novia, no debió pasar, lo lamento mucho.

-Sí, yo también lo lamento, pero no es tu culpa. Rosa Nelly y yo tenemos que hablar y arreglar esto, tú no tienes por qué irte, además ¿a dónde irías? Tú quédate tranquila, esto lo arreglaré yo.

Dicho esto se dirigió a la cocina y tras darle ciertas indicaciones a Miriam y darle dinero para que fuera a comprar una nueva vajilla le pidió que cuidara que Klaudia no intentara irse de la casa.

Valbert condujo rápidamente y al llegar a la editorial esperó a que llegara Rosa Nelly, pero eso nunca ocurrió.

Cristián le informó más tarde que se había reportado enferma y que no podría ir ese día.

-Sólo espero que esté mejor para salir mañana por la noche. Espero que no uses eso como excusa para volver a rechazarnos. -Dijo Cristián a Valbert en un tono que éste no reconoció si era broma o se trataba de una afirmación seria, en ese momento se encontraba muy perturbado y eso lo hacía estar desconcentrado.

Al terminar el día Valbert se dirigió rumbo a casa de Rosa Nelly con la esperanza de poder hablar con ella, pero apenas bajó de su auto, Magdalena salió de la casa a encararlo.

-¿Qué estás haciendo aquí?

-Hola Magda, a mí también me da gusto verte. -Dijo Valbert con un claro tono de sarcasmo. -Tú sabes qué hago aquí, así que déjame pasar.

-Estás loco si crees que te permitiré ver a mi amiga después de lo que le hiciste anoche.

-Sé que me equivoqué, ahora déjame verla para tratar de arreglar las cosas.

-Para nada, si quieres entrar deberás pasar sobre mi cadáver.

Valbert miró lleno de furia a Magdalena, considerando seriamente su propuesta, pero  finalmente regresó a su auto.

-Al menos dile por favor, que la vine a buscar y que espero poder hablar pronto con ella. -Dijo desde su auto el joven a Magdalena quien no respondió y entró de nuevo a la casa.

Después de eso Valbert se dirigió a los suburbios a buscar la ayuda y el consejo de su amigo Bernard.

Al llegar a casa de su amigo se percató de que no estaba en la entrada, tal y como solía ser su costumbre. Se acercó a la puerta y unos instantes después de haber tocado el timbre apareció Angélica para recibirlo.

-Qué gusto verlo señor, que bueno que vino, el señor Bernard está algo enfermo el día de hoy, creo que le vendrá bien su visita.

-¿Está enfermo? ¿Qué le ocurre?

-No lo sé, sólo me dijo que hoy se sentía mal y que llamara al médico, pero no se ha levantado en todo el día de su cama.

Valbert se sintió apurado al escuchar que su amigo estaba enfermo, definitivamente ese no había sido uno de sus días mejores.

Al entrar a la habitación de Bernard, la cual estaba levemente amueblada, pues sólo había en su interior una cama, una silla de madera que se hallaba al lado de una gran ventana que daba al jardín trasero, una pequeña mesa de noche con una lámpara y al pie de ésta se encontraba una biblia sobre la que estaban los lentes de su amigo; Bernard se encontraba recostado y con una expresión que denotaba claramente la incomodidad que la enfermedad le producía.

-¿Cómo te siente amigo? –Preguntó Valbert al entrar en la habitación.

Bernard giró un poco su cabeza para ver a su amigo y su expresión cambió rápidamente al iluminarse con una sonrisa tranquila y llena de alegría y contestó con una voz débil que sonaba como si se tratara de una enfermedad en la faringe.

-Creo que es obvio. Solo te diré que me siento tan mal como me veo.



EL PALADÍN

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Editado: 02.05.2018

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