Donna Potente [libro 1] Ya disponible.

4— Escape.

Las tres nos encontrábamos en las duchas, intentaba ocultar mi vientre de Gina y los hombres que cuidaban la entrada. Las chicas intentaban ocultarme con sus cuerpos para que me pudiera duchar sin problemas.

Hoy se llevaría a cabo nuestro plan de escape. Durante un mes entero, prestamos atención a cada movimiento que Gina y los demás realizaban, y con ello creamos una estrategia que no sabíamos con seguridad si funcionaria.

Pero ninguna tenía algo que perder, por lo tanto, no había una razón para no intentar escapar. Si fallábamos, moríamos. Si lo lográbamos, seríamos libres. Eso sí, perder no era una opción.

Nos transportaron como siempre a todas en una furgoneta con los vidrios polarizados. Durante todo el camino rezaba porque todo saliera perfecto. No solo por mí, sino por Nicole, Ivonne y mi bebé.

Al llegar, no nos tomamos el vaso diario de drogas que nos daban, lo tiramos al entrar. Y nos separamos, cada una sabía que era lo que se tenía que hacer. Caminé con mi vestido ajustado entre los cientos de personas que se encontraban en el club. Mostraba un semblante sereno a pesar de que por dentro temblaba como gelatina.

Subí a los palcos donde no solo se encontraban mis compañeras y más hombres, sino también los guardias que vigilaban desde arriba, viendo quién salía y entraba.

Teníamos pensado dejarlos inconscientes para que ninguno avisará de nuestra huida. Nicole se encargó de dos que miraban los pasillos del primer piso. Yo a otros cuatro que custodiaban los baños y escaleras que llevaban a la planta baja. Ya había menos seguridad.

Bajamos a la par y nos separamos, las chicas se encargarían de provocar un incendio en la oficina de Gina que alarme a los bomberos, ya que las alarmas eran automáticas, luego neutralizar a Gina.

Yo por otra parte me encargaría del pez gordo de Rufus. Tenía que seducirlo para poder quitarle las llaves y después dejarlo inconsciente para poder después reunirme con las demás y escapar entre el alboroto.

Arregle mi cabello en uno de los millones de espejos que cubrían las paredes del club; retoque mi maquillaje provocativo y me acerqué, él al verme no se inmutó.

Al llegar hasta él tomé su brazo y lo envolví con mis brazos acercándolo hacía mis pechos y rozándolos, haciendo que él perdiera la compostura y me mirara sonrojado, ya había caído. Luego me puse de puntitas para llegar a su oído y le susurré "Do you want to test the quality of the merchandise?" Que se traducía como "¿Quieres probar la calidad de la mercancía?" Al separarme le guiñe un ojo y saque el cabello de mis hombros para que se me notará la parte de las clavículas y el escote inapropiado del corsé que traía puesto.

Él me miró de arriba a abajo sin pudor, por dentro me moría de asco y esperaba que Gina ya haya quedado neutralizada.

Me tomó de la muñeca y caminamos hasta el pasillo donde estaban las habitaciones, entramos a una y él se abalanzó sobre mí si fuera una presa, empezó a besar y morder mi cuello, yo soltaba gemidos fingidos. Con el tiempo había aprendido a hacerlo y me salía perfecto. Bajó hasta mis pechos y hundió su nariz entre ellos aspirando su aroma. Yo por otra parte abracé con mis piernas su cintura. El desabrochó su pantalón sacando de él su miembro erecto. Mientras su cara seguía hundida en mis pechos, con su mano rozaba la punta de su miembro con mi pelvis de arriba a abajo. Esto era asqueroso.

Tomó la falda corta que traía y me la quitó dejándome en ropa interior, luego me quitó la ropa interior que traía y agachó su cabeza a la altura de mi zona baja y empezó a jugar con ella, intentaba no caer, era bueno, pero no tardaría en terminar así que debía apurarme. Mientras yo tomaba las llaves, él estaba desabrochando el corsé que se prendía por la parte de adelante y ese momento se detuvo.

Me miró con el ceño fruncido y en ese momento todo se fue a la mierda.

- What it is? - Dijo enojado, separándose de mi al ver mi pequeño vientre, mis sentidos se pusieron en alerta, él tomó sus pantalones y se los puso así no más. Yo oculte las llaves dentro de las botas largas que traía discretamente.

Me acerqué a Rufus nuevamente enrollando mis brazos alrededor de él, tenía que hacer tiempo hasta que sonará la alarma y luego en su confusión dejarlo inconsciente.

Él se separó de mí y me arrojó al suelo furioso mirando mi pequeño bulto de seis meses. Tragué saliva, no había pensado en un plan de escape, y tampoco me dio tiempo de pensar en uno, por qué sin verlo venir, me golpeó en el rostro con una fuerza bruta que me dejó sin aire.

Luego empezó a golpear una y otra vez mi vientre con sus botines de punta de acero, mientras decía, con el poco aire que me quedaba que dejará de hacerlo, suplicándole clemencia por mi hijo y por mí. Pero esa gente era malvada, era lo peor del mundo, no se detendrían por una mujer o un niño, ellos simplemente les interesaba el dinero que nosotras podríamos hacer.

Me golpeó sin reparo, en mi vientre, en la cabeza y en la espalda, yo intentaba proteger mí vientre con mis manos, pero era inútil, lo único que podía hacer era quedarme ahí, me faltaba el aire y mi cuerpo no me respondía, lloraba ante la impotencia.

En ese momento sentí que iba a fallecer, todo a mi cuerpo dolía en especial mi vientre, la vista cada vez era más oscura y mis párpados eran pesados, había sangre por todas partes, mi ropa estaba tironeada y cubierta de mi propia sangre, mi rostro se encontraba hinchado y sucio. Al escuchar la alarma de incendios quise salir, arrastrándome como lagartija hacía la puerta, pero me fue imposible. Pensaba que ya era mi fin, no tenía la posibilidad de moverme.

La puerta se abrió de un portazo, ahí entraron Ivonne y Nicole, quienes al verme se posicionaron a mi lado. Lloré de alivio al verlas con vida, se encontraban bien, pero mi hijo no lo estaba. Nada de lo que planeamos salió como queríamos. Con un arma mantenían inmóvil a Rufus.



Sasho

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En el texto hay: contenido sexual explcito, tragedias y misterios, dolor y soledad

Editado: 04.10.2019

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