Ecos del silcencio

•13•

 


El viento soplaba y acariciaba con fuerza la verde yerba del campo mientras Diego caminaba observando el lugar. De pronto vio como cerca del granero entre palets de pajas, un delgado cuerpo caía al suelo.

Akua cargaba con furia aquellos  fardos cuando al agarrar uno muy pesado un dolor le recorrió el cuerpo. Sin poder evitar cayo de rodillas y gimió del dolor mientras sus manos se arañaban por las piedras del suelo. Unas lagrimás amenazaron en salir pero se quedaron a mitad de camino.

Primero oyó y luego vio por el rabillo del ojo como unas botas se acercaban.

--¿Qué ha pasado?

--Nada- su voz sonó débil casi inexistente.

--¿Te has hecho daño?

--Se pasara- aseguro ella y levanto la cabeza para observar los intensos ojos de Diego. Trato de levantarse, pero su cuerpo de nuevo fallo y sus rodillas volvieron a tocar el suelo. Diego la intento atrapar pero fue lento.

Se dio cuenta que se sujetaba el vientre y miro a los lados buscando una explicación, los montones de fajos de paja habían sido movidos y se dio cuenta de que ella lo había hecho.

Akua de pronto se levanto con todas sus fuerzas y camino para seguir trabajando. Tomo el con ganas el pesado bulto y el dolor volvió más intenso, pero esta vez Diego la pudo sostener.

Se sentó en el suelo con ella y de nuevo la observo.

--¿Qué tienes?

--Solo me duele el vientre.

--¿Abajo?

--Si.

--¿Te suele pasar mucho?

--No, solo....

--¿Solo que?

--Solo...- no quiso seguir hablando, le daba vergüenza y Diego observo como su rostro se tenía de un intenso y adorable rojo.- solo.... de vez en cuando.

--¿Qué tienes?- Diego se estaba desesperando y cuando la mano de la joven viajo de nuevo hacía el bajo de su vientre lo entendió.

--¿Tienes la regla?- pregunto incrédulo y el rostro de la joven se enrojeció aún más- Dime ¿Es eso?

Ella sintió sintiendo una vergüenza tremenda.

--¿Pero es que acaso estas loca?- pregunto a punto de ponerse histérico y Akua lo observo perpleja.- ¿Acaso no sabes que no puedes cargar peso cuando estas con ella? - la sacudió nervioso- ¿Sabes lo peligroso que es?

Ella simplemente negó.

--Ya se me pasara- aseguro ella tratando de levantarse.

--¿Dónde vas?

--Quiero terminar- dijo ella y sintió como su cuerpo se elevara con rapidez.

Diego la tomo como si fuera un saco y la cargo a las espaldas mientras ella protestaba. Se acerco al muro de paja que estaba amontonado y formaba una escalera. Los pies de Akua tocaron el blando suelo formado por paja y de pronto al levantar la vista se encontró a la misma altura que los ojos de Diego. Trago saliva y sintió como se sonrojaba.

--No deberías cargar algo tan pesado.

--No me importa.

--Es muy peligroso- Diego trato de sonar sereno y no gritarle por aquella estupidez que estaba haciendo- Puede tener daños irreversibles. Por favor, hazme caso.

Y es que Diego sabia cosas, después de todo a lo largo de su vida había estado con dos mujeres y una de ella, la última para ser concreto, era especial y siempre se excusaba cuando había que hacer esfuerzos. Al principio el creyó que era excusa hasta que descubrió que era verdad. Y ahora veía a aquella chiquilla haciendo esa locura sin pensar en su salud.

--Solo termino esto y me...

--De eso nada- aseguro el y la obligo a sentarse- Solo observa.

--¿Observar? ¿El que?- pregunto perdida en el momento en el que el se quitaba la chaqueta y se quedaba en una simple camiseta blanca demasiado ajustada a su cuerpo y dejando a la vista la barriguita de más- Aaaaaaaa- no pudo evitar sonreir y mirar hacía otro lado. La tela se estrello contra su rostro y la saco de sus pensamientos. Diego era más mayor que ella, pero en aquel instande y de aquella forma en la que actuó, parecía mucho más joven. 

El se encargo de terminar de colocar las últimas piezas y sonrío creyendo que ella lo observaba. Se sentía bien pensar que unos ojos femeninos pudieran estar sobre el, pero al voltear la encontró con el cuerpo encogido y con los brazos alrededor de su vientre, tenía el rostro enterrado entre sus rodillas y se podía notar y sentir el dolor que ella sufría.

Despacio la tomo en brazos, espero que sus suaves y cálidas manos rozaran, acariciaran y se agarraran a su cuello para emprender la marcha.

Akua apoyo, sintiendo más vergüenza que nunca, su rostro en el firme pecho del hombre y trato de no pensar en su situación.

Diego vio que la casa de la joven estaba lejos y no se lo pensó dos veces antes de llevarla a su pequeña vivienda. Al entrar se dirigió directamente al dormitorio, la tumbo con suavidad y corrió a por la casa en busca de lo que necesitaba. Improviso con una botella llena de agua caliente lo que pretendía y al volver al dormitorio, la encontró en posición fetal sufriendo en silencio. Le coloco la botella en la parte baja y la tapo con suavidad.

--Eso deberá ser suficiente para calmarlo un poco-aseguro el colocándole la botella en su vientre y cubriéndola con una fina manta. Después de todo era verano.

De pronto se quedó allí, de pie en la habitación que pareció encoger y la observo sin pudor alguno. Sin embargo no sabia que hacer. Lo más lógico parecía irse a trabajar y dejarla sola, pero por otro lado no quería apartarse de alli, así que decidió irse al salón a esperar en silencio.

Akua permaneció quieta durante lo que le parecieron horas y como siempre su mente no descanso, en cuanto sintió su cuerpo mejor decidió levantarse y despacio camino hacía el salón. Unas manos con rapidez la tomaron con sorpresa provocando que gritara y la alzaron al vuelo.  Diego de nuevo la tomo como si de un saco se tratara y la llevo sobre la espalda hasta la cama.

--Eres tremendamente cabezota cuando quieres.

--Solo cuando es necesario.

--¿Porque me da a mi que es más bien siempre?

--Pufffff.

--Te vas a quedar quieta y descansaras hasta que el dolor desaparezca.



Green_tango

Editado: 30.04.2021

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