Ecos del silcencio

•29•

Marlo estaba de mal humor, las noticias que habían llegado el día anterior lo tenían así. Hubo una época en la que ese hombre era encantador, sonriente y sobre todo feliz, hubo días así, más bien años, cuando ella estaba a su lado. Pero cuando perdió a su esposa, cambio, se convirtió en hombre solitario y hosco que no se relacionaba con nadie. Así pasaron largos cinco años y actualmente pocas cosas iban a cambiar. Pero aquella carta del ayuntamiento invitándolo a la fiesta anual no se podía rechazar, no cuando lo hacía el propio alcalde y que además, en aquellos regiones de texto se podía leer el doble significado. Le debía un favor y no podía decir que no.

Marlo suspiro frustrado de nuevo y se levanto de mala gana. A pesar de que eran las siete de la mañana ya se sentía agotado solo de pensar que debía ir. La fiesta del pueblo era lo que todo el mundo estaba esperando desde hacía meses, los ánimos en aquella última semana habían cambiado en los habitantes y casi todos deseaban que llegara el fin de semana.

Akua, que había pasado los últimos días tostando el grano cerca del río para no llamar la atención, aquella mañana recogía las cosas de su habitación y las ordenaba para dejar todo bien limpio, seguidamente tras una corta ducha se vistió y se apresuro a bajar.

--Necesito que me lleves hoy al pueblo- de pronto la voz de su abuelo la freno mientras ella bajaba corriendo las escaleras.

--He, hee- no sabia que decir. Eso no estaba en sus planes. ¿Como iba a presentarse al concurso si no podía llevar las cosas allí sin que su abuelo la viera.- ¿A que hora?

--La fiesta comienza a las doce.

--¿Qué fiesta?- se hizo la tonta y cruzo los dedos de las manos mientras terminaba de bajar con la esperanza de que su abuelo hablase de otro acontecimiento.

--La del café. ¿A caso no te has enterado?

--A si, esa fiesta- maldijo en voz baja- No tenia planeado ir al pueblo.

--Necesito que me lleves y ya te quedas por allí hasta que termine.

--Estoy segura de que Diego puede llevarte.

--Diego no esta.

--¿No?

--Dijo algo ayer de que tenia que irse y no puedo conducir yo.

Entonces ella recordó, esa era la excusa de Diego para desaparecer del campo y ayudarle con el café. El plan era perfecto hasta que se fastidio en ese momento.

--Esta bien- refunfuño ella y a Marlo no le paso desapercibido aquello. Entonces creyó entenderlo, Diego necesitaba irse a saber donde y Akua no quería ir, algo estaban planeando esos dos y el era el encargado de fastidiarlo.

No pudo evitar sonreir a pesar de todo lo malo que el día presentaba. 

La última semana Marlo se había esmerado en vigilarlos y aunque no encontró grandes indicios de nada, se notaba una extraña complicidad entre los dos y estaba el viejo seguro de que entre ellos había algo.

Por una parte no le molestaba lo que hiciera su nieta, ya era mayor, pero a su vez tampoco le agradaba, Diego le sacaba muchos años y quizás no fuera correcto. Pero como siempre Marlo se quedó callado y simplemente la observo hacer café y algo de desayuno.

--Estoy seguro de que tus compañeros de trabajo estarán allí, puedes quedarte con ellos y disfrutar de la fiesta. Te encantara- agrego inseguro.

--No se.

Después de desayunar Akua cruzo los dedos y llamo a Diego quien no respondió. Así que solo decidió tener paciencia y que todo saliese bien. Los granos de café estaban listos, solo quedaba trasladarlos hacía el pueblo y montar lo necesario en la faceta donde seria el concurso.

La música a pesar de lo temprano que era, sonaba a todo volumen en aquel descampado cercano al ayuntamiento. Todo el pueblo estaba allí, los mayores sentado en los bancos esparcidos por la zona, niños corriendo con globos y caramelos por todas partes y jóvenes recorriendo el lugar. Se sentía felicidad al ver las caras de todos y Akua no pudo evitar sonreír cuando llego.

La potente melodía de rápido compás retumbo en el pecho de la joven al salir de vehículo y se sintió feliz mientras rodeaba el coche y le ayudaba a su abuelo a salir. No le pregunto a que iba el al pueblo, tenia otros pensamientos en la mente en aquel momento. Tras perderlo de vista se dirigió corriendo hacía el lado opuesto y serpenteo entre la multitud hasta llegar a la caseta donde todo se estaba preparando. Lo encontró allí y corrió aún más rápido hasta alcanzar el lugar. Diego estaba tan absorto en la tarea que ni siquiera se dio cuenta de que ella había llegado.

La joven se acerco dispuesta a darle un beso cuando de reojo vio a su abuelo caminar muy cerca y freno su intento. Diego, quien la vio acercarse para besarlo y cambiar repentinamente de idea, la miro perplejo con el ceño fruncido.

--¿Qué sucede?

--¡Akua!- oyó a alguien llamarla y tras voltear el rostro vio a su amiga Carla saludarla desde lejos y caminar hasta ellos.

Diego también la vio y entendió todo o creyó hacerlo.

--¿Te avergüenzas de mi, cierto?- pregunto el con enfado comprendiendo la razón.

--¡No!- respondió ella tras dudar un poco. Le daba más miedo que su abuelo los viera o que el pueblo entero lo supiera. Fue a decir lo que sucedía cuando vio el rostro de enfado de Diego, llevo una de sus manos hacia su serio semblante y le acaricio la mandíbula con suavidad- Yo..- no pudo terminar, de pronto en su mente aparecieron dos palabra que la dejaron petrificada.

Un "Te quiero" casi se escapa de su boca, dos simples palabras que se atoraron en sus labios, se quedaron allí en su interior, llenos de temor. Diego incapaz de pensar en frío y entender la situación, se dio la vuelta y salió de allí a paso rápido dejándola sola y con las palabras en la boca.

--¡Hola!- la llamo Carla mientras se acercaba corriendo hacía ella y arrastraba a un chico de la mano.

--Ho.... hola.

--¿Vas a participar en el concurso de la cata?

--Si- afirmo ella.

--Ohh, es genial. Te deseo mucha suerte- la abrazo con euforia mientras sonreía- Te presento a Mika- señalo al chico quien le tendió y estrecho la mano- Es mi... amigo.



Green_tango

Editado: 30.04.2021

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