Edward Everwood

CAPÍTULO XXI

El tiempo transcurrió de una forma tan imperceptible para el joven Everwood y sus amigos que por poco y no se percataban cuando el tercer mes había concluido. Este mes había sido de arduo trabajo para todos ellos, tanto en lo que respecta a lo académico como en otros aspectos de sus vidas. A la par que trabajaba y afinaba los detalles de su gran proyecto de final de año, Edward se mantuvo en intensa ocupación con respecto al encargo que el profesor Kallagher le hizo el día de la visita del jefe Beasley. Pero no estuvo solo en esta labor. De hecho, en más de una ocasión solicitó la ayuda de sus compañeros del Club de Ciencias, en determinados casos a manera de consulta tan sólo para corroborar aquello que él de antemano ya conocía y, en otros, solicitaba una contribución plena para su trabajo.

Para el cuarto mes, de asueto para los estudiantes, Edward hizo planes para visitar Bigrort Traebaum y pasar una temporada en casa de su abuelo, acompañado de su familia y su inseparable amigo Tobias a quién invitó. Dicho viaje resultó favorable para el joven Tyler, pues se cumplió de una forma casi profética algunas palabras que su gran amigo Edward le dirigió a comienzos de ese año.

Durante su breve estadía en su tierra natal, Tobias tuvo la oportunidad de reencontrarse con una antigua amistad. Ella era Emma, una joven que cinco años atrás había partido de su pueblo en compañía de su familia en un viaje hacia Trandel, de la misma manera que lo haría la familia Tyler años después. Por desgracia para Emma y su familia, se vieron obligados a regresar a Bigrort Traebaum más de un mes atrás a causa de ciertas dificultades que atravesaron durante su estadía en la ciudad, y fue gracias a esta agradable coincidencia que ambos jóvenes tuvieron la grata sorpresa de reencontrarse.

Durante las semanas que duró su estadía en su pueblo natal, Tobias y Emma tuvieron la oportunidad de ponerse al corriente con sus vidas. Con fascinación se expresaban de sus experiencias de vida en las ciudades; aunque se sinceraron al decir que en verdad echaban de menos el amplio espacio y la serenidad que se respiraba en su pueblo natal. También, aprovecharon para visitar los sitios que durante su infancia frecuentaban. En recuerdo de viejas épocas, fueron a nadar en las cristalinas y refrescantes aguas del río, treparon las ramas de los grandes árboles junto a este, corrieron y pasearon por colinas y campos cubiertos de la más variada cantidad de plantas y flores. A su paso, las mariposas y las aves emprendían el vuelo en torno a ellos, las pequeñas criaturas de las praderas y del bosque cercano a su comunidad salían a su encuentro para luego correr a esconderse dentro de sus madrigueras o subir a los árboles y en los estanques, los pequeños peces jugueteaban entre sus pies; momentos casi fantásticos los que vivieron al rememorar sus vidas en tiempos previos a su despedida.

Sin duda fue el mejor mes en la vida del joven Tyler, y hubiese deseado que el descanso se prolongara hasta la eternidad para disfrutar de la compañía de Emma. A pesar de ello, lo más interesante para ambos sucedió el día previo a su partida.

Esa tarde, Tobias y Emma contemplaban extasiados el atardecer bajo el gran árbol que se encontraba sobre la colina, el mismo que durante generaciones había atestiguado incontables historias de amor, así como la amarga despedida de la anterior señora Everwood. El viento mecía las hojas del árbol y entonaba con su ruido una suave melodía que acompañaba el canto de las aves. Mientras la luz del día fallecía, Tobias volvió la mirada hacia Emma. Contempló la clara y suave piel de su rostro, sus vivaces ojos de color marrón verdoso, su largo cabello marrón ondeaba con el viento, y una sonrisa se dibujó en su rostro. Ella se volvió para contemplarlo e imitó su expresión.

Tobias entonces tomó la mano izquierda de Emma.

—Quisiera que este día nunca terminara —expresó Tobias casi en susurro.

—Estoy de acuerdo —respondió ella.

—Emma…

—¿Sí?

—Te… Te voy a extrañar mucho cuando regrese a Kaptstadt.

—También te extrañaré, Tobias.

—Prometo que escribiré. Nos mantendremos en contacto por medio escrito.

—Está bien. Esperaré con gusto tus cartas —respondió ella con una dulce sonrisa.

—Y… Bueno… Quiero… Quiero decirte… No, quiero prometerte otra cosa. Prometo que, cuando cumplamos la mayoría de edad, vendré por ti. Te llevaré a vivir conmigo. Tendremos una vida de aventura juntos. ¿Qué piensas?

—Lo acepto —dijo ella sin meditarlo demasiado, con una amplia sonrisa y los ojos bañados en lágrimas—. También prometo que esperaré por ti, que no me iré de aquí ni voy a permitir que en mi corazón crezca el deseo por otro amor que no sea el tuyo;



Ulises G. Nuñez

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En el texto hay: steampunk, juvenil, drama

Editado: 24.08.2019

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