Edward Everwood

CAPÍTULO LIII

 

Una vez más, la amargura se había convertido en una cruel compañera de viaje. En el polvoriento suelo de un rincón oculto en las profundidades subterráneas de la ciudad de Kaptstadt, un joven yacía recostado invadido por la aflicción. A su lado se encontraban dos presencias que tenía en muy alta estima, quienes le brindaban calor abrigador y reconfortante, y juntos compartían el abatimiento que atiborraba sus almas.

A unos cuantos metros de allí, un hombre enardecido de cólera y desesperación deambulaba de un lado al otro mientras farfullaba imprecaciones y arremetía contra el aire con manos y pies. Era tal su rabia y el ímpetu con el que caminaba que bien pudo haber abierto una zanja en el duro suelo.

—¿Qué haremos ahora, señor? —preguntó Quade al desmoralizado hombre.

—Largarnos de este sitio cuanto antes —masculló con desprecio e ira profunda—. No estoy dispuesto a tolerar más pérdidas humanas o sufrir daños por esta absurda búsqueda. Con todo lo que ha sucedido he comenzado a dudar que en verdad exista alguna fortuna oculta en lo profundo de este sitio, y he confirmado lo que por tantos años me han dicho al respecto de Hausner Reutter.

—¿Y qué es? —preguntó ahora Deacon.

—Que en realidad era un hombre desalmado, cruel, a quien nadie le importaba; un egoísta mezquino y egocéntrico interesado sólo en su riqueza, su ciencia, ¡y sus absurdos jueguitos que ya comenzaron a hartarme! —expresó a la vez que efectuaba una rabieta. Luego de ello, se acomodó la vestimenta y pasó su mano por su cabello—. Yo me retiro. Continuaré en mi camino y buscaré una salida. De ustedes dependerá si desean seguirme o quedarse en este sitio olvidado por Dios.

—De acuerdo —asintió Quade; luego se puso en pie y se colocó al lado de Rott.

—Tenemos que informar a ellos que nos retiramos para que nos acompañen. No podemos dejarles aquí abandonados —agregó Deacon.

Rott asintió y se dirigió hacia donde se encontraban Tobias, Rachel y el profesor.

—Antes que nada, en mi nombre y el de mis compañeros, deseo de expresar lo mucho que lamento lo que ocurrió con el muchacho Everwood. Fue un acontecimiento trágico e inesperado, y comprendo por su dolor lo mucho que ustedes apreciaban al muchacho —expresó Rott con suma humildad postrado sobre su rodilla y el rostro al suelo.

—Guarde sus palabras, pedazo de hipócrita —espetó Tobias en palabras filosas como un puñal mezcladas con el veneno de la amargura y el resentimiento—. ¡A usted no le importamos nosotros! —se levantó del suelo donde plañía a su amigo y se puso en pie—. ¡Sólo le interesa esa maldita fortuna que nos ha invitado a buscar! Desde que comenzamos, no ha hecho otra cosa que tratarnos de manera ofensiva y cruel, tanto en palabras como en actos. Si usted desea irse, ¡por mí está bien! Yo no pienso ir a ningún sitio —finalizó, luego volvió su mirada hacia Rachel y el profesor y se sentó de espaldas al muro con la mirada perdida en el suelo.

—Lo lamento —habló Rott en voz alta y llena de sentimiento; entonces se puso en pie y se dirigió hacia la ubicación de Tobias—. Desde lo más profundo de mi ser me disculpo por el mal que les he hecho y las ofensas que he cometido en su contra —habló con su mano extendida hacia el muchacho.

Tobias volvió su mirada hacia Rott, quien se topó con unos ojos enrojecidos e hinchados y un rostro inundado en lágrimas.

—Acepto su disculpa —sollozó—, pero no pienso acompañarlos.

—Joven Tyler, por favor, ven con nosotros —exhortó Rachel—. Te necesitamos.

—No lo hagas por nosotros, hazlo por el joven Everwood —indicó el profesor Kallagher, lo que hizo que a Tobias se le arrancara una lágrima de sus ojos—. Si salimos de este sitio, podemos volver a buscarlo cuanto antes. Podríamos incluso traer más ayuda en caso de que aparezcan más criaturas peligrosas, pero no podemos continuar sin ti.

—De acuerdo —respondió después de un tiempo en el que permaneció callado durante un espacio de tiempo en el que sólo se escuchaba sorber por la nariz y sollozar un poco. Tomó la mano de Rott y este le ayudó a ponerse en pie. Una vez levantado, secó con fuerza sus lágrimas y limpió un poco de mucosidad de sus fosas nasales con un pañuelo.

—En marcha —indicó Rott. Tobias, Rachel y el profesor asintieron, y junto a sus acompañantes pasaron a caminar hacia la salida que recién se acababa de abrir.

Luego de atravesar el pequeño corredor al que conducía la salida, Tobias, Rachel, Rott y compañía llegaron hasta una encrucijada en el camino donde se encontraban dos grandes puertas, apartadas a gran distancia la una de la otra. Junto a cada una había un artefacto empotrado en la pared con la apariencia de una caja metálica en la que había una ranura. Frente a donde ellos se encontraban de pie había un letrero que indicaba con flechas hacia ambos lados, una de las cuales era de un tamaño mayor que la otra, así como una moneda dorada, muy diferente a las que, por lo común, se emplean en Couland como moneda nacional. Rott se acercó a la señal y tomó la moneda. Por un lado, tenía grabada la denominación de un mongeld, y por el otro se encontraba una versión modificada del escudo oficial de Couland, el cual lo conformaba una corona en la parte superior, alas a los costados, y en el interior un grabado de una criatura con la apariencia similar a la gran bestia alada que habían enfrentado momentos atrás en posición rampante hacia la izquierda, y una cinta en la parte inferior que llevaba grabado el nombre de la nación [16].



Ulises G. Nuñez

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En el texto hay: steampunk, juvenil, drama

Editado: 24.08.2019

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