El amor de Isael

Capitulo 18

— ¿Qué pasa contigo? — Henry me observa con una ceja enarcada, últimamente estaba extraño, malhumorado.

— Nada — gira su rostro hacia la ventana — igual que aquí, no entiendo porque no podemos salir de la casa, la razón de esa niebla.

 

— Isael nos protege — Henry niega.

 

— me mintió, habló de enseñarme magia y han pasado dos meses y sigo sin saber nada.

 

— no está trabajando Henry y lo sabes.

 

— quiero saber lo que realmente está pasando, Regina se la pasa en los rincones llorando y culpándote.

 

— ¿Culpándome? — Henry asiente — ¿De qué?

 

— No lo sé Merlina — se pone de pie — iré a hacer nada a mi habitación, somos prisioneros de Isael, tú perdiste tu trabajo y yo no hago nada que justifique mi salario.

 

— Le dije que no te pagará mientras no trabajaras pero Isael es terco — Henry se encoge de hombros.

 

— no importa, también se lo dije y literal vi con estos ojos que la tierra se ha de comer, que letras salían de sus oídos.

 

— ¡Estás loco! — sonrió pero Henry no lo hace, su mirada está fija en mi.

 

— no lo hago, eso es lo que me molesta, que Isael es un mago real y me mintió con que me iba a enseñar.

 

— no lo ha hecho por qué tiene sus razones, un día se lo agradecerás.

 

— No lo creo — sale de la habitación, su cuerpo muy erguido, me hace darme cuenta que Henry está creciendo, su cuerpo muy pronto está desarrollando.

 

Me dejó caer en el sillón, cierro los ojos.

 

— Merlina — miró alrededor y la oscuridad me rodea, en el centro él está sentado, su cabello largo está atado sin una hebra fuera de lugar — ¿Cómo estás?

— Bien — me abrazó a mi misma — ¿Por qué siempre me traes aquí? ¿Dónde es este lugar?

 

— muchas preguntas, desde niña me visita.

 

— Por cinco años no lo hice — él sonríe y cruza una pierna, la primera vez que lo vi me causó mucho miedo por su gran altura, su cabello largo, su rostro bello pero siniestro.

 

— Te dije que dormía — se levanta de la silla y camina de un extremo a otro — tú cumpleaños está cerca — sonríe y me causa un poco de miedo, en su rostro hay una alegría.

 

— lo sé, no conozco tu nombre pero te exijo que no vuelvas a entrar en mis sueños sin mi consentimiento.

 

— ¿Qué dices? — levanta un poco la voz pero esta vez no le temo.

 

— lo que escuchaste, puedes enviarme algún mensaje por sueños un día antes de nuestra conversación y si aceptó puedes visitarme.

— ¡Nunca te habías portado tan insolente! — De una zancada se ha acercado y su mano rodea mi brazo — ¿Qué rayos te pasa?

Entrecierro los ojos y doy un paso hacia él, veo la sorpresa en su rostro pero la disfraza con la frialdad.

 

— Soy una mujer adulta y no me traerás como si fuera una niña, donde sea este lugar.

 

— no sabes niña tonta con quién hablas — levantó la barbilla a pesar que su mano está lastimando mi brazo.

 

— no me interesa, llevó años preguntando tu nombre pero te has negado a decírmelo y ahora no me importa.

— no juegues conmigo Merlina — forcejeo y su mano se cierra más en mi brazo, hago una mueca de dolor pero él se niega a soltarme, siento aquella sensación dentro de mí, tratando de salir, cierro los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas se escapen, mi otra mano está luchando para poder rescatarme, siento un peso en la palma de mi mano, giró el rostro y el arco que me había obsequiado Jabain, estaba apareciendo en mi mano.

 

— vaya, ya tienes tú arma y no cualquiera, tienes una ballesta hecha en un lugar divina, controlada sólo por mujeres y no cualquier mujer, tiene que ser alguien fuerte.

Mi boca aún no se ha cerrado por la sorpresa, no me explicaba cómo había aparecido, estaba en mi habitación en una caja ¿Cómo rayos volaron?— la ballesta está unida a ti, es nacida del dolor — me suelta bruscamente, haciéndome trastabillar.

 

— Quiero irme — se cruza de brazos y doy un paso hacia atrás, sus ojos se han vuelto llamaradas de fuego pero el fuego azul.

 

— Sabes que puedes irte, sólo si yo te lo permito — su sonrisa se me hace algo cruel — puedes irte, hablaremos otro dia que estés calmada. No olvides que no puedes retarme, debes respetarme Merlina.

 

— ¡Merlina! — abro los ojos y Henry está frente a mi — deseo dar un paseo en los jardines, en la tele no hay nada interesante y el internet está fallando — resopla molestó — en esté lugar hay mala recepción de señal.



Katy Silva

#549 en Fantasía
#64 en Magia
#2318 en Novela romántica

En el texto hay: brujos, maldicion de amor

Editado: 14.07.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar