El amor en los tiempos del internet

Capítulo 13: Confusiones

Se acercaba septiembre, las vacaciones de verano de la maga estaban llegando su fin y pronto tendría que comenzar un nuevo ciclo escolar. Mis días libres de invierno ya habían terminado hacía bastante tiempo, pero eso no impidió para nada que continuáramos charlando hasta muy tarde todos los días, costumbre que habíamos terminado por adquirir en las vacaciones. Podíamos hablar de lo que fuera, hasta el más mínimo detalle era excusa para lograr una conversación que durara horas.

Cuando ya se hacía muy tarde, pero ninguno quería dormir, solíamos recurrir a contarnos historias o a charlar sobre temas banales hasta que uno de los dos se quedara dormido. Había llegado a contarle ya varios de mis cuentos en “la hora de dormir”, como empezamos a llamar a esa hora de la noche en la que ninguno de los dos quería ir a descansar porque eso implicaba dejar de hablar con el otro.

La mayoría de las veces era yo el primero en caer, pero bueno, ella tenía tres horas de ventaja por la diferencia de horarios entre nuestros países. Aunque mi secreto era que me esforzaba por permanecer despierto, y las veces que lo lograba, que le ganaba y era ella quien se dormía primera, yo podía deleitarme con su suave, profunda y acompasada respiración de dormida.

Por otro lado, mi madre ya tenía casi cuatro meses de embarazo, su panza estaba comenzando a notarse, pero Darío, su novio, ya había empezado a mudarse con nosotros. Empezó quedándose a dormir más seguido, después teníamos sus cosas en mi casa, hasta que finalmente se mudó definitivamente. No me agradaba del todo la idea, pero al menos no era tan traumática como la otra opción, que era que nosotros nos mudáramos con él. Estuvieron considerando las dos opciones durante un tiempo, hasta que al final, por suerte, mi madre y Darío decidieron que quien se mudaría sería él.

En el trabajo ya había cobrado mi primer sueldo, dinero suficiente para comprarle una camisa nueva al hermano de Maca con el fin de reemplazar aquella que yo había roto en mi pelea con Ramiro. El resto del dinero lo ahorraba, ya vería qué haría con él, por ejemplo, mi cumpleaños sería en menos de un mes y había varios videojuegos que tenía en mente.  

En cuanto a Maca, sí, me seguía pasando, seguía pensando en Guada cuando la besaba. No siempre, algunas veces... No sabía qué hacer al respecto, los días pasaban y todo continuaba igual (o más bien cada vez peor).

Quizá lo más sensato sería evitar que la maga apareciera como intrusa en mi mente concentrándome solo en Maca. Se podía decir que manteníamos un “chongueo”, como le gustaba decir a Bruno. Nos encontrábamos, nos besábamos y la pasábamos bien, aunque aún no habíamos llegado  a nada más que caricias y besos. Nuestra relación consistía en eso, tampoco hablábamos mucho.

Una vez, Maca me había insistido tanto con que le leyera alguna de mis historias que finalmente me armé de valor y lo hice, comencé a leerle mi historia del grupo de aventureros que rescataban a unos prisioneros, aquel cuento donde el personaje de la maga sobresalía tanto, pero Maca se aburrió a la mitad y me cambió de tema.

No lo volví hacer. Quizá no era bueno narrando fantasía medieval, quizás debía mejorar, o quizás debía dedicarme a otro género. Pero definitivamente no volvería a leerle a Maca, no era mi intención aburrirla. Era mejor que usáramos el tiempo en besarnos siempre que tuviéramos la oportunidad, yo ya había mejorado con la práctica, según ella. Habíamos asistido a algunas fiestas en las que siempre terminábamos a los besos.

—Mmmm aléjate de Maca –me había aconsejado una vez, en broma, mi amiga la maga—, te invita a todas las fiestas que encuentra, está claro que quiere algo serio contigo.

—¿Solo por invitarme a fiestas?

—Las mujeres son complicadas –me afirmó ella con convicción— y obran de maneras misteriosas.

—¿Ah sí? Pero vos sos mujer y no sos complicada.

—Soy más complicada de lo que crees, curanderito –me había respondido Guada a la vez que me regalaba el bello sonido de su risa—, pero también soy muy buena ocultándolo.

—¡Qué miedo! –exclamé yo y luego ambos continuamos riéndonos y charlando de cualquier otro tema, como hacíamos siempre.

Yo no quería algo serio con Maca, aunque no había forma de que nos pusiéramos de novios o algo así si no lo hablábamos. De modo que opté por quedarme callado y simplemente seguir la corriente de los acontecimientos sin abrir mucho la boca.

Me había acostumbrado a sus besos y a sus caricias y podía disfrutarlos siempre que anulara mis pensamientos y me dejara llevar. Pero no era justo, a veces no podía controlarlo y Guada aparecía en mi mente en los momentos más inoportunos. No era justo para nadie, ni para mí, ni para Guada y mucho menos para Maca.

¿Qué podía hacer yo al respecto? No podía confesarle a Maca que a veces pensaba involuntariamente en otra chica mientras nos besábamos. ¿Acaso era tan grave guardarme ese secreto para mí? Después de todo solo estábamos “chongueando”, no había nada serio entre nosotros.



Cambel_a

Editado: 04.05.2020

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