El amor en los tiempos del internet

Capítulo 31: Moulin Rouge

Me encontraba en mi escritorio, escribiendo y releyendo mi carta para Guada, cuando Beto saltó y se posicionó sobre la hoja, impidiéndome continuar con mi labor. Me reí.

—También te amo a vos, Beto –le dije, mientras lo acariciaba y él cerraba sus ojos celestes y levantaba el mentón para que le rascara ahí, donde más le gustaba—. Te haría una carta también, pero no sabés leer.

Beto me miró acusador, pero después me perdonó a cambio de más caricias por su lomo.

—¿Lean? –Mi madre se asomó a mi cuarto y me puse colorado al instante, al notarme descubierto escribiendo mi carta de amor.

—Hola, ma –Le sonreí, agradeciendo ahora que Beto estuviera tapando mi escritura con su gordura.

Ella entró, sonriendo.

—¿Qué estabas haciendo? Te escuché hablar solo.

—Ah, no, hablaba con Beto –le expliqué.

—Ah. –Mi madre me sonrió—. ¿Y qué son estos pinceles sobre tu cama?

Después de la charla que habíamos tenido el otro día, me sentía más en confianza con mi madre, al menos sabía que podría conversar con ella.

—Es mi… regalo para Guada –le respondí con timidez.

Se los mostré y le conté mi plan. Entonces mi madre me dijo que le parecía muy tierna mi idea de convertir uno de los pinceles en una varita mágica.

—¿Será su regalo de cumpleaños? –me preguntó curiosa.

—No, de navidad –le conté—. Se lo voy a mandar por correo. Su cumpleaños es el 15 de enero, pensaba… pensaba ahorrar para viajar a conocerla para esa fecha.

—¿Qué? –Mi madre se notó algo atemorizada—. ¿Solo? –Yo asentí, no estaba en mis planes ser acompañado por nadie—. Jamás has viajado solo tan lejos.

—Ya sé, pero siempre hay una primera vez, ¿no?

—¿Y dónde te vas a quedar allá? ¿Tenés tanto dinero para el pasaje y el hospedaje? ¿Conocés a su familia? ¿Conocés a alguien además de a ella? ¿Tenés idea de cuánto vale el pasaje?

—Bueno, no había pensado tanto y no había sacado las cuentas. Pero –aproveché para agregar—, sé que es muy caro y que probablemente no me alcance con lo que tengo ahorrado. No puedo contarle a papá porque no me va a dejar ir y mucho menos me va a ayudar. Pero es muy importante para mí… Entonces yo… quería saber si podía pedirte algo de dinero, en vez de regalos, para navidad, y así poder hacer este viaje.

—¿Seguro? ¿No querés otro celular?

—No –le respondí con convicción, aunque la verdad era que ese regalo me hubiera sido muy útil ahora que el mío estaba roto—. Quiero viajar a México.

Mi madre me miraba con una expresión entre enternecida, curiosa y preocupada.

—No conozco a esta chica, aunque sé que es muy importante para vos –me dijo y lo pensó unos momentos—. Me gustaría conocerla y también a sus padres, y en base a eso decidiré si dejaré que vayas a pasar unos días a un país tan lejano.

—Ok, pero es que… planeaba que fuera sorpresa, que no sepa que voy a viajar. ¿Podrías conocerlos sin mencionarles eso?

Además, ¡¿conocer a los padres de Guada?! Me daba vértigo de solo pensarlo. No conocía mucho sobre ellos, excepto el hecho de que desaprobaban que la talentosa artista plástica que era su hija estudiara arte, y que preferían a su hermano. ¿Qué pensarían de mí, un argentino que iba a conocer a su hija?

—No conozco a sus padres –le dije después de pensarlo mejor a mi mamá—. Pero puedo presentarte a Guada por skype, uno de estos días.

—Dale –Me sonrió mi mamá, levantándose de mi cama con dificultad, por su ya avanzado embarazado—. Solamente avisame para estar preparada para conocer a mi nuera.

—¡Mamá! –me quejé—. No le vayas a decir así frente a ella.

No éramos novios ni siquiera, solo nos habíamos confesado nuestros sentimientos.

—De acuerdo –se rió ella—. Estaré ansiosa por conocerla.

¿Mi madre aprobaba mi viaje a México? No me había quedado del todo claro, y mucho menos con las miradas de preocupación que me había enviado. Tenía que dejarme ir, tenía que convencerla para que me ayudara con el dinero, de otra forma, con mis ahorros de mesero jamás lo conseguiría para enero.

***

Unos minutos después de que mi madre se retirara de mi habitación y yo retomara la carta que estaba escribiendo, me llegó un mensaje de Santiago a Facebook:

—¡Pts! ¿Jugamos Magnus?

Guardé mi escritura en el cajón de mi escritorio y acepté la invitación de mi amigo. Decidimos que iríamos a explorar el Bosque Prohibido, había varias criaturas interesantes que nos darían mucha experiencia y además podríamos encontrar valiosos objetos.

Nos divertimos y nos reímos bastante, aunque a todo momento yo estaba revisando la hora para ver cuánto faltaba para que Guada volviera a su casa y así pudiéramos tener nuestra “cita virtual”. Le conté aquello a Santi, seguido de explicarle que nos habíamos terminado por confesar todos nuestros sentimientos.

—Estoy muy feliz por vos, amigo –me dijo Santi, con tono paternal—, pero, ¿cómo vas a solucionar el tema de… bueno, de los kilómetros?

Le comenté entonces mi plan de viajar por sorpresa a México en enero y lo que había hablado con mi madre. Santiago se mostró muy entusiasmado al respecto.

—¡Cuando viajes nos contás qué tal es México! –me dijo, y el tono tierno que estaba usando contrastaba mucho con su personaje guerrero luchando contra salvajes criaturas que nos atacaban.

—Lo haré –le respondí, mientras lo curaba, determinado a hacer aquel viaje, aunque mientras más lo pensaba, más ansioso me sentía. ¿Cómo sería México? ¿Cómo se sentiría tener a Guada en persona? ¿Qué cara pondría ella al verme llegar de sorpresa?

—Yo sabía que estabas enamorado de ella desde el principio –presumió Santi—, pero lo negabas, y ahora mirate, planeando viajar a México en secreto, ja.

Lo dejé regodearse y alardear sobre que él siempre había tenido razón. Pero no había sido sencillo aceptar que algo así de importante y profundo me estaba pasando a mí.



Cambel_a

Editado: 04.05.2020

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