El Ángel en la Casa

Capítulo1

Amanda entrelazó su brazo con el de Callum. El muchacho era mucho más alto y pesado que ella por lo que tuvo que tirar de él con todas sus fuerzas para que comenzara a caminar.

Caminaron hacia el exterior del Andrónicus. El día había amanecido soleado, pero la tierra estaba mojada por la fina lluvia que había caído durante la noche. A Amanda le encantaba el olor a tierra mojada, pero en esos momentos estaba demasiado excitada con su nueva adquisición como para notarlo.

Al principio se sintió extraña, incluso tímida, pero enseguida se convenció a sí misma de que era un hombre y estaba infectado por la bacteria, y como consecuencia no tenía pensamientos u opinión propia.  No le importaría si su conversación era amena o aburrida, si se quedaba callada o hablaba.

—Ya verás cómo te gustará nuestra casa —le dijo, dirigiéndolo hacia el bosque. Para llegar hasta Fairfax Manor, la mansión campestre donde Amanda y su familia vivían, tenían que cruzar una espesa pero breve floresta.

            No vio a Jane acercarse sino que dio un pequeño salto al encontrársela de frente. La chica se paró delante de ella con los brazos en jarras y con ojos brillantes observó a Callum.

            —¿Por qué no has venido a buscarme después de la ceremonia? —inquirió.

            —Pensaba que te habrías marchado a casa, ¿no estás muerta de sueño? —se disculpó Amanda, forzando un bostezo.

—Magnífico —celebró Jane, acercándose mucho a él para examinarle el rostro―. No finjas que tienes sueño, con este regalito debes de estar saltando por dentro. 

Callum la atravesó con aquellos ojos tan despiertos e inteligentes que la habían conquistado, y los vio brillar con interés cuando se posaron en el hermoso rostro de Jane.

            Sintió una punzada de dolor en el pecho al verlo. Con certeza él prefería que Jane fuera su ama. Una chica hermosa y casi tan alta como él, con la que combinaba a la perfección y con la que sin duda podría tener una descendencia perfecta.

            —Buena elección, Amanda —concedió su amiga, palpándole los bíceps y recorriendo sus anchos hombros con las manos.

            Amanda se mordió el labio inferior intentando contener las palabras en su boca. Quería ordenarle que dejara de tocarlo, y se sorprendió a sí misma con lo mucho que le molestaba.

¿Qué le estaba pasando? Acaba de adquirirlo y ya había sentido timidez, inseguridad y celos.

Una vez más volvió a recordarse que se trataba de un siervo y no de un hombre sano. No necesitaba reciprocidad por parte del joven, era suyo, le pertenecía; le gustara a él o no.

—Jane, déjalo en paz. Ya lo han manoseado bastante hoy.

La chica la miró un tanto sorprendida, pero enseguida apartó las manos de él y comenzó a reír.

—¿Tan rápido te has encariñado? —inquirió al observar su reacción—. No lo tienes ni hace una hora y ya estás en plan posesivo.

—Es solo que ha tenido un día duro, con todas esas chicas palpándolo y pidiéndole que hiciera cosas…—se defendió—. Se merece un descanso, eso es todo. Me lo llevo a casa, ¿de acuerdo? Nos vemos esta tarde.

Tiró de Callum con fuerza para que la acompañara. Era como intentar mover una montaña, pero finalmente el chico captó el mensaje y comenzó a andar.

—Ten cuidado, Amanda —le gritó Jane a su espalda—. No vayas a hacer algo estúpido como enamorarte, como esas estúpidas damas que veneran a sus siervos descerebrados. ¡Son ridículas! — le gritó mientras se adentraban en el bosque.

 

 

El sol se colaba entre las hojas, dotando al bosque de un resplandor verdoso. El canto de los pájaros y la suave brisa acariciando los troncos de los árboles eran el único sonido ahora que se habían alejado de la villa.

Amanda se separó de Callum; primero porque le era más fácil sortear así los troncos y los baches que encontraba en su camino, y segundo porque se había sentido incómoda ante las palabras de Jane. Supuso que iba a necesitar unos días para acostumbrarse a la idea de que el chico era…bueno, como había recalcado Jane de forma tan ruda, un descerebrado.

—Nuestra casa está al otro lado del bosque —le informó, dándose la vuelta para mirarlo.

Su corazón dio un salto al descubrirlo mirando a su alrededor. Parecía confuso, como si intentara decidir qué camino tomar.

Amanda sabía que debería informar al Andrónicus de esas pequeñas anomalías que estaba percibido en Callum. Pero se dio cuenta de que no tenía ninguna intención de hacerlo. Lo había elegido a él justamente por el hecho de parecer inteligente.



Beca Aberdeen

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En el texto hay: primeramor, feminismo, amor prohibido

Editado: 21.03.2018

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