El cazador de plumas

El pasillo de Cronos

El pasillo de cronos, así se le llamaba desde mucho antes incluso de que yo llegará a la orden, pues es un lugar donde el tiempo y su significado cambia al ser atravesado, tanto dentro de él como al otro extremo de este, como si el mismo titán manifestara su presencia allí, primero pensé que era un nombre simbólico… y de algún modo si lo es, bueno en cuanto a lo referente a Cronos, hace muchos siglos ya que se ha dejado de creer como se solía en los antiguos dioses y titanes griegos, siendo ahora únicamente protagonistas de películas, novelas y libros de historia… sirviendo también como nombres, clave para pasillos donde, le realidad a la que estamos acostumbrados… es modificada, por eso, en un vistazo a otra dimensión.

Recuerdo la primera vez que recorrí este pasillo, un tiempo luego de que encontrara y me uniera a los caballeros, aunque fueron ellos los que me encontraron o como se solía decir en esos casos; “El rayo hizo aparición” iluminando la noche oscura, con su luz efímera, explosiva y potente, aunque caballero era un término relativo, así es como se denominaba la orden, pero la verdad es que el tema era mucho más profundo, había estrategas, exploradores, soldados solitarios… estaban también los secretarios, a los cuales yo pertenecía, aunque claro, no desde el principio, tampoco tarde mucho, pero ahora, y desde hace algunos años ya, soy un guardián de los secretos, pues eso es lo que éramos, no, no repartíamos café o programábamos citas, eso es lo que cualquiera pensaría cuando mencionan esa palabra, nosotros custodiábamos secretos, estudiábamos, planificábamos, trabajo de inteligencia, pero también entrenados para entrar en combate y también para ser soldados solitarios o explorar ciertos temas demasiado delicados, que los barones no podían confiar a todos en la orden. Finalmente estaban los caballeros de alma solemne, estos, eran los verdaderos guerreros, de choque y hasta cierto punto de elite que con los que contaba la orden… eran también como secretarios en el aspecto de la versatilidad que poseían, como también en el rango alto para saber los secretos de los barones, eso… y eran condenadamente, buenos en el combate, podrían, enfrentar muy bien a un espectro mayor, de esos que son pocos y muy fuertes, aunque llegado a ese punto, tampoco eran muchos nuestros caballeros solemnes, lo que le daba balance a la situación y la batalla infinita que se mantenía entre nosotros, los caballeros de alma solemne eran lo más imponente en la orden, incluso para mí, que además de ser un secretario… era también un Barón.

Ahora, frente al pasillo de Cronos, volvía toda esa memoria a mi encuentro, tenía cerca de unos 19 o 20 años, y me preguntaba por qué lo llamaban de ese modo, me imaginaba que era una especie de broma con los novatos, pero no dije nada, también me preguntaba que tenía de especial, para que me dejaran atravesarlo, aun cuando no todos los barones estaban autorizados a ellos, por alguna razón habían visto algo en él en especial la persona que le había apadrinado, eso fue hace tiempo, muchos años ya, antes incluso de ganarse el nombre de Mosquetero, el nombre que le pertenecía en la orden.

En esa ocasión hace ya varios años, entendí realmente porque que lo llamaban el pasillo de cronos, siempre habíamos escuchado las leyendas que a su entorno circulaban, pues como yo había otros; discípulos que los barones tomaban u otros miembros, que no eran miembros exactamente, sino miembros en proceso, jóvenes chispas. Fue entonces que el nombre que tenía el pasillo era un nombre que le venía a la perfección, pues solo ciertas personas eran capaces de atravesarlo… y nadie que no fuera elegido podría atravesarlo, o mejor dicho nadie que no hubiera sido elegido podría llegar al sitio donde realmente conducía, pues si lo atravesabas sin ser elegido o digno de ello, solo llegarías a una biblioteca que poco o nada tenía que ver con lo que realmente se buscaba cuando se caminaba a través de él.

Caminé por el pasillo rodeado de cuadros, con un piso de cuadros blancos y negros, y con lámparas en las paredes, sentí la energía cuando di el primer paso, con la certeza de que el cambio había comenzado a operarse, observé mi reloj y contemplé como las agujas avanzaban enloquecidas, sin ningún orden, unas hacia el frente otras hacia atrás, era una de las cosas que solían suceder cuando se atravesaba ese lugar, o bien el reloj se detenía o retrocedía, todo dependía, de quien estuviera al otro lado del pasillo… o mejor dicho del ánimo de quien estaba allí, pues siempre era una persona la que se encontraba en esa sala, al final del pasillo, detrás de las gruesas puertas de roble, resguardadas por un ángel a cada extremos, y un candelabro siempre encendido.

Si, era alguien especial, incluso entre aquellos que son especiales, alguien que despertaba respeto, admiración… e incluso recelo, aun en nuestra orden, que trata de ser tan clara como la luz misma, una persona conectada con esta y otras vidas, que percibe el tiempo, o la ausencia de manera que sería incomprensible para el resto. Sí, ella es quien está detrás de esas puertas, mi mentora, mi maestra, la persona que me trajo a la orden, Sofía.



Luis Fajardo Fuentes

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En el texto hay: magos celestiales, espectros, amor

Editado: 18.08.2019

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