El cuadro

El cuadro

 

El sufrimiento es algo que siempre nos acompañará, al igual que la muerte, al igual que el amor… 

Si les damos forma sustancial a estas dos últimas dos cosas, uno de ellos no vería que clase de persona eres, si cometiste algún acto malo, si eres un animal, si eres de una distinta raza humana, etc. Mientras tanto lo otro, el amor, no estaría con todos.

No todos tienen la posibilidad de amar, por ejemplo tenemos a los psicópatas o enfermos mentales que simplemente nacen así. Y no es que no tengan derecho a amar, simplemente, no se les fue dada esa cualidad. 

Si el amor y la muerte, dos cosas que están en la vida y son indispensable para ella, fueran seres pensantes, la que estaría con todos sin excepción, sería la muerte. La santa muerte…

Era así como Rodrigo lo pensaba, no tenía otra explicación. Verla desde la primera vez a su madre en aquella aterradora camilla, le causó un sinfín de sentimientos difusos.

II

Una semana atrás, su padre y él quedaron en salir a pasear en las afueras de la ciudad. 

Su hermano Elio, quien había terminado ya sus estudios de psicología, no estaba de acuerdo de que salieran. De alguna u otra manera trató de hacerles cambiar de opinión, sin embargo su padre le preguntó:

— ¿Por qué no quieres que salgamos?

—Sabes que nosotros siempre hemos tenido la tradición de interpretar los sueños.

—Sí, y…

—Bien, ayer tuve uno muy malo. Y tengo miedo. Sé que esto es algo vergonzoso para el trabajo que tengo, pero, no lo sé papá.

Él lo abrazó y le dijo—Hijo no te preocupes, no pasará nada.

Luego salieron, se despidió de Rodrigo pidiéndole que tenga cuidado. 

De alguna u otra manera no se llevaba bien con su hermano, y no es que se odiaran, simplemente a veces era indiferente con Rodrigo.  

Al salir, caminaron hacia la parada de autobús.

Elio se quedó en su casa, esperando que no sucediera nada. Se sentaba sobre su escritorio a revisar uno que otro papel. Hasta que recibió una llamada.

Elio tomó su teléfono y contestó—Aló.

— ¿Este número pertenece a Elio Hemirtón? 

—Sí, soy yo, que ha sucedido

—Llamamos desde el hospital, lamentamos comunicarle que su padre acaba de tener un accidente en la carretera, lo sentimos.

 

Elio tomó su saco y sin preguntar nada más, subió su coche y fue directamente hacia el lugar de donde habían llamado.

III

Días después, Rodrigo regresó a casa. 

Con los audífonos puestos, echado en su cama, observa el techo, confundido en todo lo que ha estado pasando estos últimos meses. Desde que ocurrió aquel accidente, donde perdió la oportunidad de decirle a su padre cuanto lo amaba.

Su madre había estado internada en el hospital desde que le diagnosticaron un extraño tumor en la cabeza, y después de un año, falleció. Recordó aquella noche donde su padre, luego del entierro, se encerró y lo oyó llorar. El llanto de un hombre suele ser más sentimental y muy triste, de hecho por que el hombre refleja muchas cosas, como la valentía, pero cuando ocurren hechos que marcan la vida de un hombre para siempre, su coraza se rompe, y por un momento desahoga su dolor. Recordó las palabras que habló en voz alta—Dios, que estoy pagando…

Luego de eso, con tan solo 7 años había sido criado por su hermano mayor y su padre.

En especial su padre, él le tomaba la atención que requería. Le enseñó muchas cosas, desde algo tan básico como montar una bicicleta, cocinar, o hasta que debía seguir sus sueños, cueste lo que cueste. 

Su actividad favorita de los dos era el dibujo, el arte. Juntos pintaron un cuadro pequeño, en donde solo se veía un paisaje y una cabaña. Le decía que allí es donde algún día toda su familia se encontraría. No importaba donde se encontrara aquel lugar, simplemente estarían juntos para siempre.

Rodrigo consideraba a su padre como un hombre de verdad, y era algo cierto. Pero como la realidad suele ser bastante cruda, y el destino a veces no es el que deseamos, ocurren cosas que sin querer, nos destruye poco a poco. 

III

Rodrigo se pone a ver el cuadro que estaba en la sala. Había algo extraño, dentro de la cabaña parecía estar una lámpara prendida, y en ella una mujer. Parecía ser su madre.

En eso, su hermano entra y se encuentra con Rodrigo.

—Se suponer que deberías descansar.

—Solo bajé a tomar agua—dijo Rodrigo

— ¡No me importa!, acaso no te acuerdas lo que te dijo el doctor, se supone que deberías descansar—reclamó Elio

—No puedes decirme lo que debo hacer, y deja de gritarme como si yo tuviera la culpa de que papá esté en el hospital.

— ¡¿Qué?!—exclamó, como si le hubieran dado una bofetada en la cara

—Acaso crees que no me di cuenta, me miras con odio. Y esto no era algo nuevo, lo hacías desde que yo era pequeño.

Hubo un silencio sepulcral.

—Quieres saber por qué lo hacía, bien, tú me lo pediste.

Realmente de entre los dos, quien fue más querido fuiste tú. Pero esto no cambiaba el hecho de que por tu culpa mamá falleciera. Antes de que tú existieras, le comunicaron a ella que no podía tener hijos, así que decidieron adoptar a uno. Y adivina quien fue, fui yo. Ahora bien, todo estaba tranquilo, sin ningún problema, hasta que se embarazó de ti después de 18 años. Todo cambió, le tomaban más importancia a que tú estés bien, sin saber que yo también era su hijo.

Luego de que mamá muriera, papá me confesó que yo no era hijo de mi madre, y que por ello, tuvieron que tomar otra forma de tener un hijo. Mientras que yo, ya con 23 años, tuve que confrontar la realidad de que yo no pertenecía a esta familia.

En ese instante Elio recibió una llamada. Al contestar, le comunicaron algo que Rodrigo no pudo oír.



Eduard Thost

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En el texto hay: cuadro, misterio, drama tristeza muerte

Editado: 11.06.2020

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