El Egocentrista

Conociéndose Más

Al día siguiente Marck llegó unos minutos antes a la sala de clase, al poco rato apareció Zohe con todas sus cosas, se sentó junto él y se las pasó.

- Aquí tienes.

- Gracias.

Las semanas avanzaron, cuando se percataron ya estaban finalizando el primer semestre, todos estaban reunidos en el patio de la universidad sentados en la grama.

- Bueno ya está el trabajo, mañana se entrega y solo está de imprimirle y empastarle –dijo Marck.

- Nos dilatamos mucho –soltó Henri– bueno, más hicieron tú y Zohe, ya que nosotros tuvimos que faltar en ocasiones por nuestras actividades.

- Solo queríamos un trabajo completo, así nos dedicamos a revisarle con lupa de ser posible –soltó la joven a lado derecho de Chamorro.

El pasar bastantes ratos con ella, le provocaba al joven cierta atención, es decir, ella le llamaba la atención, reconoció que era una joven inteligente e intuitiva, pero intentaba ignorar eso, ya que no era propio de él.

- Será que puedan ir ustedes también a imprimirle –dijo María– es que yo tengo teatro con Maurice.

- Si es cierto Luisa y yo debemos ir a los ensayos.

- Bueno María Luisa –dijo Zohe mencionándole ambos nombres puesto que a la joven la llamaban por ambos, aunque ella prefería ser llamada Luisa.

- Yo tengo practicas –soltó Henri.

- Yo igual –dijo Alex– ¿qué juegas tú? –dirigiéndose a Henri.

- Fútbol.

- Qué raro, yo igual y nunca te he visto.

- ¡Ah! Es que tu es fútbol americano.

- Mmmm… –inquirió incrédulo, después de pensar cayó a la cuenta – ¡Ah! Lo que tú dices es soccer, se me olvida que ustedes los latinos le llaman así.

- Bueno, creo que no habrá ningún problema –respondía Zohe– nosotros podremos hacerlo ¿verdad? –viéndole a Marck.

- Si.

- Buenos así quedamos –soltó Maurice.

Todos se levantaron y se empezaron a encaminar, Marck se puso de pie tras meter un par de libros a su mochila, se disponía a avanzar en dirección al edificio cuando la joven habló y le detuvo.

- Me dio calambre en el pies –soltó Zúñiga– ¿puedes ayudarme a levantarme? –extendiendo la mano en dirección al joven.

Marck viró hacia la joven tomándole la mano y tiró de ella con discreción, ella estuvo en pie con un pie semi alzado, ya que no podía aun asentarlo.

- ¿Estás bien? –inquirió.

- Sí, no te preocupes –al instante la joven forzó al pie a ponerse en función ella dio algunos pasos junto al joven pero de la nada echó unas risillas, el joven arrugó el entrecejo y la quedó observando– no estoy loca, lo que pasa que al obligar al pie a caminar me da un cosquilleo.

- Claro, es la circulación y la reacción de los nervios –soltó el joven.

- Hay siempre eres así –dijo ella poniéndose seria y caminando más rápido para alejarse de él.

El joven solo se la quedó viendo por brevedad –y esta ¿qué rayos le pasa?– pensó Marck. Cuando ya tuvieron tiempo libre Marck y Zohe se encontraron en la entrada de la facultad.

- Buenas –dijo con la vista fría.

- Buenas, vamos –contestó de la misma forma.

A medida que le conocía Zohe pensaba que Marck menos le agradaba, era del tipo de persona que con solo la mirada te dice que él es superior, eso en definitiva no le agradaba; no hallaba el momento en terminar aquel trabajo y dejar ese grupo; no le agradaba nada la idea de formar parte del grupo del egocéntrico, como ella definió a Marck Chamorro.

Pronto la joven vio que entraban a un edificio, con el ceño fruncido siguió al muchacho hasta los interiores, tomaron el ascensor, pero ¿qué rayos hacían ahí? El ascensor se abrió, entraron a un apartamento, este estaba pulcramente limpió, tenía un estilo propio de buen gusto, todo estaba en un total orden, Zohe se sorprendió viendo aquel lugar.

- Puedes sentarte –dijo Marck de lo más normal, bueno su normalidad– se te apetece algo de tomar.

- No.

El chico se fue a la cocina, del refrigerador se sacó un pichel con jugo natural, se sirvió en un vaso y agregó unos cubitos de hielo, después se sentó en uno de los sofás cercano a la chica.

- Segura que no quieres –volvió a preguntarle a la joven.

- Sí, no quiero nada… gracias –con extrañeza recorrió el lugar con la vista– ¿no me digas qué esta es tu… tu casa?

- Sí, es donde vivo.

- ¿Qué hacemos aquí sí puedo saber? –inquirió ella con el rosto denotando molestia.

Marck la reparó y frunció el entrecejo, por qué actuaba así, en que carajos pensaba.



Katherine G. Alaniz

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En el texto hay: romance, dolor y amor, lazos de amistad

Editado: 31.12.2019

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