El Engaño

La vida no siempre es justa

Era un día largo que parecía no tener fin; entre los exámenes, las prácticas de futbol y el ensayo de una obra de teatro, uno puede llegar a quedar exhausto, en especial cuando tienes el papel protagónico de una obra de Shakespeare.

"Déjenme descansar", eran las palabras que pasaban por la cabeza de una joven de diecisiete años cuyo destino está a punto de ser marcado a causa de una cruel decisión que destruiría su vida por completo.

Se trataba de Jessica, una muchacha que pedía un minuto de paz al lado de su mejor

amiga a cambio de tener que convivir con sus inútiles e impetuosos compañeros de clase. Esa era Jessica, una chica triste y curiosa cuyo espíritu de libertad se veía introducido dentro de un mundo donde la gente culta no era respetada y los adolescentes que se dejaban controlar por sus hormonas alborotadas eran elogiados.

Un mundo cruel para alguien con aptitudes y sueños inalcanzables, en especial cuando ese alguien portaba un rostro que no reflejaba mucho la belleza de una diva y estaba protegido por unos anteojos anchos que parecían estar hechos de neumáticos viejos.

Pero ese día todo parecía tranquilo; en la televisión estaban transmitiendo un programa sobre el congreso y ninguno de los bobos miembros del equipo de americano estaba ahí para convencer a la cocinera de que le cambiara a un canal ESPN.

Aunque en un momento así todo lo que sube tiene que bajar y los leves instantes de tranquilidad llegan a su fin, en especial cuando la figura de Amanda, la hija de uno de los millonarios más excéntricos de la ciudad, cruzase las puertas de entrada junto con ese raro par de amigas que por el simple hecho de verlas vestidas y peinadas igual uno pensaría que son clones .

Aunque ella hubiese querido hacer del papel del ama, o el del príncipe Paris, con el fin de ya no meterse en más problemas, la profe Sandra votó para que Jessica tuviese el papel de la joven que murió a manos del hombre de sus sueños a causa de un amor prohibido; lo malo no era tener que lidiar con un libreto que tuviese suficientes páginas como para superar las de una tesis, sino el tener que soportar a una boba berrinchuda que solo piensa en obtener todo lo que desee con solo decir: "papi". Por otra parte, Sandra no quiso darle la oportunidad a una joven que ni siquiera supiese pronunciar el nombre del autor sino a una muchacha que pudiese vivir, sentir y vivir en ese personaje.

Era lógico que Amanda lo tomase como si fuese un robo.

Pero, ¿qué podría hacer cuando tenía frente a un estereotipo de niña rica? No podía huir, siendo que ella la seguía a todas partes, y tampoco darse el lujo de ignorar sus berrinches, debido a que sabía cómo ocasionar un verdadero escándalo; y lo peor de todo era que no había hecho absolutamente nada especial para que la profe Sandra la escogiera, tan solo recitó unas líneas (igual que como si lo hubiese hecho en un grupo de oratoria) y terminó por escuchar a una mujer de vestidos extravagantes y cabello descuidado diciéndole: "Bien hecho, Jessy, te acabas de quedar con el papel". —Sí, a eso me refiero, ese papel debió de ser mío.

—Pues si tanto lo quieres, ¿por qué no vas con la profe y le dices que te lo dé?, ¿o es que acaso no puedes porque ella cree que eres una...?

—Por supuesto que no, eso sería perder mi valioso tiempo. Solo me esperaré hasta que le digas a la profe que no quieres ser Julieta. Así recuperaré lo que debió ser mío

desde el principio..., y para asegurarme de que no te metas en mi camino... —Amanda dirigió su mano hacia la botella de té helado que Jessica tenía como acompañante y vertió el líquido encima de la ensalada César, de tal forma en la que el jugo pegajoso se mezclara con los aderezos.

—¿Qué rayos te...?

—Ah, ah, ah, recuerda que la que manda aquí soy yo, no lo olvides. Vámonos muchachas...

—Sí Amanda —contestaron las clones en estéreo.

Para ella era demasiado tener que soportar a una adolescente caprichosa y berrinchuda como ella, quien siempre presumía que su padre era el abogado de las celebridades más famosas que vivían en esa ciudad y que podía conseguir entradas gratuitas para conciertos caros y exclusivos. ¿Acaso sería correcto que Jessica siguiese conservando ese papel?, lo único que ella había conseguido a base de esfuerzo y le permitía decirle a Amanda: "Soy mejor que tú en algo", ¿o lo correcto sería cedérselo para que la dejara en paz?

—Me sorprende que estando en el penúltimo semestre

de la preparatoria siga comportándose como una niña chiquita.

—Y yo que siga pasando los exámenes —comentó su mejor amiga, Marcela—, pero no le hagas caso Jessy, recuerda que solo va a estar aquí un semestre más.

—Lo sé, pero ¿porqué me tuvo que tocar a mí interpretar a la hija de los Capuleto?; y para el peor de los casos tenía que ser el bobito de su novio, Cristian, quien tuviese que interpretar a Romeo.

—¿Y qué podemos hacer, sí así lo decidió la profe?

Además, no tienes porqué enojarte, recuerda que en solo nueve meses tu estarás leyendo tu nombre en las listas de ingresados de la universidad la Náhuatl, mientras que ella...



C. M. Kenday

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Editado: 20.03.2018

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