El Engaño © [saga Italianos #1]

Capitulo 25

Xilonem

— " lo prometí y lo estoy cumpliendo " — abró los ojos de golpe y me siento en la cama, me había quedado dormida, lloré y me recosté en la cama, pasó mi mano por mi cabello.

— ¿estás bien? — levantó la mirada y César estaba en el umbral con Rafaello en sus brazos — venía a despertarte ya llegó el vestido.

— no lo estoy, oí esa voz de nuevo en mis sueños pero no la pude ver.

— deben ser fragmentos de tu vida Xilonem, quizás estás recordando.

— no lo sé — me levantó de la cama — Hola mi tesoro.

Rafaello sonríe mostrándome los dos dientes que ya tiene.

— pa - pa — veo el rostro de César se ha emocionado mucho al escuchar a Rafaello.

— ¿tú le llevas las flores? — él asintió ante mi pregunta — esta vez deseo ir contigo, quiero pedirle perdón por que le he robado su vida.

César acarició mi mejilla.

— gracias por no dejarme Xilonem.

— se que sufrirías por Rafaello.

— no sólo por él — suspiré y me aparte de su tacto, iba al baño y luego a probarme el vestido.

— Recuerda no debes salir de la habitación de Rafaello.

— no lo haré, no soy supersticioso pero no me quiero arriesgar.

Sonreí y entre al baño, cuando cerré la puerta me pegué a ella, si recordaba y resultaba que amaba al padre de Rafaello iba a estar en problemas por que la mujer que hoy era estaba enamorándose de César aunque no quisiera aceptarlo pero ese hombre me había  estado robando el corazón lentamente, día tras día.

Cuando salí del baño me acerqué a la habitación de Rafaello, César jugaba en el suelo con el bebé.

— César — él se detiene y me mira — quiero saber algo — suspiró — ¿era tu esposa?

— no — con cuidado se puso de pie — no te mentí cuando te dije que costo que aceptará el matrimonio.

— ¿por el mismo motivo de que no quería ser divorciada?

— Lana le temía al compromiso por la manera en que creció, en un orfanato, tenía miedo de sufrir.

— ¿orfanato?

— si — lo veo poner a Rafaello en la cuna con sus juguetes, luego se acercó a mi — Xilonem, tú... — sus palabras fueron interrumpidas con la aparición de doña Mercedes.

— querida, debes probarte el vestido, si se necesita hacer cambio debe ser hoy.

— hablamos luego César.

— claro — se gira y se apresura a Rafaello que está empezando a impacientarse por su papá... no dejaba de llamarlo.

Un rato después

iré al hospital, creo papá no podrá verte hoy por que Rafaello se niega a dormir.

— dile que llegó mañana.

— ¿todo bien con el vestido?

— si, es sencillo pero elegante.

— me alegro — César sonríe y se marcha, suspiró y me dirijo a la habitacion de mi hijo.

Rafaello ahora que no está César extiende sus bracitos.

— oh ahora que no está papá si decides que quieres estar con mamá — él empezó a hablar en su idioma mientras lo cargaba en brazos.

Jugamos un rato, le di de cenar y luego lo prepare para dormir, cuando se quedó dormido le di un beso en la mejilla y lo acomodé en su cunita.

— señora — me giré para mirar a Fanny la muchacha del servicio — lamentó molestarla pero tiene una visita — enarcó una ceja.

— ¿a mi? — ella asiente — ¿doña Mercedes está?

— se ha retirado temprano a su habitación, le duele mucho la cabeza.

— está bien ¿Quién me busca?

— es una señora.

— ¿dijo quién es?

— no... yo le insistí pero ella se ha negado dice que es urgente.

— Fanny que esta sea la última vez que dejas pasar a alguien a la casa sin saber quién es.

— lo siento, no volverá a pasar.

Pasó mis manos por la falda de mi vestido y me dirijo hacia la visitante.

Bajó lentamente los escalones, al llegar a la sala está una señora bien vestida de espalda a la puerta, me doy cuenta que tiene una retratera en sus manos.

— Buenas noches — la señora se da la vuelta, su mirada oscura me revisa de pies y cabeza, sus labios son una línea, deja la retratera en su lugar — disculpe ¿en que le puedo ayudar?

Ella camina hacia mi sin dejar de mirarme.

— ¿dónde está Lana?

Abró más los ojos por la sorpresa, ella se ha cruzado de brazos.

— he pedido que llamen a Lana Rizzi.

— yo... — tragó saliva, no sé si asegurar que soy Lana por que aparentemente ella la conoce... Cierro los ojos y pienso en don Raúl, esto no podía estar pasando — señora no la conozco, no debe estar en está casa, le pido por favor que se marché.



Katy Silva

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En el texto hay: amor, romance, mentiras

Editado: 30.04.2018

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