El gris también es un color

Capítulo 2: ¡El gris también es un color!

Pasó una semana aproximadamente desde aquel encuentro. Ya lo había olvidado, incluso pensar en la sonrisa de Ciro ya no me afectaba... tanto.
~Solo lamento no haber podido leer el libro~ Pensaba mientras soltaba un suspiro.
Era sábado así que mi madre había vuelto más temprano del trabajo. Su nombre es Aída, es una mujer muy bella, de cabello rubio corto hasta los hombros y ojos cafés. No es muy seria que digamos, pero es una gran madre.
Me encontraba estudiando en mi cuarto cuando sonó el timbre. Pensé que tal vez era una de las amigas de mamá así que no le di importancia y volvi a mis asuntos. Unos minutos después tocaban la puerta de mi habitación. Cuando abrí me encontré a mamá con una expresión de sorpresa.
-Es para ti 
-Yo no espero a nadie- Contesté secamente.
-Pero está preguntando por ti- Insistió.
-Bien, ya voy.
Al llegar al living donde supuestamente me estaban esperando me encontré con una figura un poco familiar. Mamá se fué a la cocina donde, supuse, iba a escuchar la conversación. No me molestaba, nunca le oculto nada a mi madre.
-¿Si?- Pregunté confusa. Como dije antes, no tengo amigos y mis compañeros no hablan conmigo. Las únicas personas, fuera de mi familia, con las que he entablado una conversación de más de tres palabras eran el dueño de la librería y...
~Dios...~ En ese momento deseé con todo mi ser que fuera el señor de la librería. Pero no lo era.
-¡Hola Cass!- Me respondieron con una enorme sonrisa.
Ese chico. Ese chico que me hizo enojar, me avergonzó y me siguió hasta mi casa.
-¿¡Q-que haces aquí!?- No pude evitar tartamudear. Esta situación era demasiado para mí.
Él solo se rió -Te vine a visitar y a invitarte a dar una vuelta- Dijo con inocencia.
-No, no puedo. Tengo que ayudar a mi mamá con cosas de la casa.- Ni yo me creo eso pero, por la cara de decepción que puso Ciro, él si se lo creyó.
~Pobre~ Reí para mis adentros. Pensé que ya me había librado de él. Pensé.
-No hay problema Cassiel. No hay mucho para hacer.- Gritó mi madre desde la cocina.
~¿¡Es en serio!?~ 
-Bueno, ¿Vamos?
La cabeza me daba vueltas, no quería salir con él pero al mismo tiempo me daba algo de lástima.
-B-bueno- Tartamudeé de nuevo. No sabía cómo manejar una situación como ésta. Nunca me había pasado. -Iré a cambiarme- Dije mientras subía a mi habitación.
¿Por qué estaba él ahí? Y más importante, ¿Por qué había aceptado salir con él? Eran cosas que no entendía pero, por alguna razón, parecía no poder negarme.
Al bajar me encontré con el chico con una sonrisa enorme en su rostro.
-¿Lista?- Preguntó.
-Si.- Respondí sin mirarlo a los ojos.
Nos despedimos de mamá y salimos.
Durante el camino el único que hablaba era Ciro, me comentaba sobre su vida, su escuela, sus gustos, etc. Yo solo asentía, no me interesaba en lo más mínimo.
-¡...Y por eso tuve que entregar mi trabajo dos días antes de lo acordado!- Dijo Ciro riendo. -No hablas mucho, ¿no?- Preguntó sonriente.
-En primer lugar no quería venir, me obligaron.-Contesté secamente.
-Podrías haber ofrecido más resistencia. Admite que en el fondo querías venir.
Me quedé callada. No me había puesto a pensar que tal vez había estado esperando encontrarme con este chico de nuevo. Era lindo, tenía el cabello negro, ojos azules, no parecía muy atlético pero eso era lo de menos. De todos modos a todo eso se le sumaba una de las más hermosas sonrisas que había visto en su vida.
~Parece salido de una canción~
-Bueno yo...- 
-Es que parece que no tienes nada que hacer. Pareces una anciana amargada recién salida de la 4° Guerra Mundial- Bromeó Ciro.
~Hasta que abre la boca~ Me di media vuelta y comencé a caminar hacia mi casa.
Ciro la siguió en silencio hasta un parque.
-¡Deja de seguirme!- Le grité enojada.
-¿A dónde vas?
-¡A casa!
-¿Dije algo que te molestó?- Preguntó inocentemente.
Lo miré como si se tratara de una broma. ¿De verdad no se daba cuenta?
-Sí, si lo hiciste.
-¿Qué cosa?
~Es idiota~ Solo suspiré resignada. De todos modos no era tan grave.
-Nada, no dijiste nada. Es que...- Empecé a sonrojarme notablemente. Ciro solo me miraba expectante.
-Yo hago muchas cosas, ¿sabes? Me gusta mucho leer, tengo muy buenas notas, a veces escribo algunas cosas, cuando era más chica inventaba historias para mi hermano menor...- Empecé a enumerar todas mis cualidades hasta que me di cuenta de que mi lista era muy corta. Mi frustración fue muy notable, así que solo me di vuelta caminé hacia uno de los bancos y allí me senté, pensando en que lo que había dicho Ciro era cierto, bien podría pasarme los días mirando las paredes de mi cuarto y no cambiaria mucho mi estado actual. Me puse a analizar mi rutina.
~Llegar a casa de la escuela, comer, estudiar, leer un libro, bañarme, leer otro libro y dormir. En eso se va mi vida.~
Sabía que Ciro estaba hablándome, pero estaba realmente absorta en mis pensamientos.
~Llegar a casa, comer, estudiar, leer, bañarme, leer, dormir.~
Cada palabra me hundía un poco más.
~Llegar a casa, comer, estudiar, leer, bañarme, leer, dormir.~
~No quiero esto. ¿Por qué no hago algo?~
~¿Por qué mi vida es tan aburrida?~ 
~¿Por qué no soy como los demás?~
~¿Por qué soy tan...~
-Gris.
-¿Eh?
Me di cuenta de que había dicho eso ultimo en voz alta y comencé a ruborizarme nuevamente. Si seguía así de seguro acabaría en el hospital.
-Lo que pasa es que odio ese color.- Hasta yo sé que mis mentiras son ridículas. Nunca fui buena ocultando cosas.
-¿Por qué? Es un lindo color.- Respondió Ciro con una sonrisa.
-No lo es. Es aburrido. Ni siquiera parece un color.
-¡El gris también es un color! -Me dijo con una enorme sonrisa. -Pienso que es como el balance perfecto de todos los colores.
Hubo un silencio bastante largo. Ciro aprovechó para sentarse a mi lado. Estoy segura de que no tenia segundas intenciones, el no parecía ser así, pero yo ya estaba bastante incómoda. No estoy acostumbrada a pasar tanto tiempo con alguien, mucho menos a estar con un chico, y el silencio no estaba ayudando en nada.
Estábamos a punto de hablar cuando nuestras miradas se cruzaron y el silencio volvió a ganar.
Ambos nos sonrojamos y esta vez fui yo quien habló primero.
-Y-ya son las 8. E-es tarde, ¿no?- Tartamudeaba como loca, lo que provocaba que me sonrojara más.
-Sí, mejor vamos.- Ciro parecía más calmado, pero noté que no era tan así.
El trayecto a casa fue el más largo e incomodo de mi vida. Ninguno decía nada, hasta parecía que conteníamos la respiración.
Al llegar nos despedimos. Entré a mi casa y noté que mamá había salido. Mejor, no tendría que hablar con nadie hasta mañana. 
Me encerré en mi habitación, apagué las luces y me tiré en mi cama. Intenté dormir con todas mis fuerzas, pero no lo logré. Todo esto es más fuerte que yo. Él es más fuerte que yo. Y me pesa, me pesa mucho.



Rocio Perez

Editado: 03.06.2018

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