El gris también es un color

Capítulo 10: "Amigos"

Era viernes y eso sólo significaba una cosa: Educación Física. Apenas habían pasado 10 minutos de la clase y ya me quería ir. Para mí era una tortura; no había corrido más de dos metros prácticamente desde que tenía 11 años. Bueno, eso era una exageración, pero igual, era pésima en las actividades deportivas.
Además, no es que estuviera del todo concentrada. En realidad, no estaba prestando atención en absoluto. Solo pensaba.
Pensaba en Ciro. Aún se me hacía raro pensar que ya era su novia; de por sí se me hace raro pensar en siquiera ser la novia de alguien.
El jueves no nos vimos porque yo seguía enferma y había faltado de nuevo, pero nos pasamos todo el día mandándonos mensajes. 
Al final mamá y yo no hablamos de ningún "asunto" como ella había dicho, y yo, por mi parte, lo había olvidado completamente. No prestaba atención a nada, sonreía todo el tiempo y a veces me reía de la nada. Era la típica escena de la colegiala enamorada. Me da vergüenza admitirlo, pero esta vez, le no me importaba ser un cliché.
-¿Britt? ¡Cassiel Britt! – Gritó la profesora al ver que ésta la estaba ignorando.
Alcé rápidamente la mano. - ¡Presente!
La profesora me miró y suspiró mientras seguía pasando lista.
No entendí la situación hasta que oí varias risas que provenían de mis compañeras.
~¡Ciro, te odio!~ Maldije en mi mente, aunque sé muy bien que nunca podría odiarlo.
Zoe se acercó a mí y preguntó por lo bajo...
-¿Te sucede algo, Cassy?
-¿Eh? No. Nada. ¿Por qué preguntas? – Respondí intentando disimular.
-Acabo de llamarte "Cassy" y no me has dicho nada ni me has mirado feo.
Debo admitir que me sorprendió la lógica de Zoe. Tal vez debería dejar de tomar a las personas tan a la ligera.
Suspiré. De todos modos se daría cuenta; soy tan obvia. –Lo que pasa es que... - La voz de la profesora me interrumpió.
-¿Qué es lo que pasa, señorita Britt? A todas nos gustaría saber. – Dijo haciendo que todas las chicas voltearan a vernos a Zoe y a mí. Estas no dijeron nada. – No sé qué le está pasando últimamente, señorita. Pero sea lo que sea, procure que no se interponga en sus obligaciones.
-Sí, señora. – Respondí mirando al suelo. Será mejor no hablar más por lo que resta del día.
Mientras iba saliendo de la escuela, sentí a una persona que saltó sobre mí y se colgó de mi cuello, casi estrangulandome. Ya estaba lista para golpear a quien sea que se me había tirado encima hasta que escuché una voz familiar y un tanto... chillona.
-¡AH! ¡Felicidades! ¡¿Por qué no me dijiste nada?! – Preguntó Zoe casi gritando mientras se ponía frente a mí.
-Primero, ¿de qué hablas exactamente?
-¡De lo tuyo con Ciro! – Gritó de nuevo.
-¡Shhh! – Intenté callarla. -¿Quién te dijo eso?
-Brianna.
-¿Y quién le dijo a ella?
-Ciro.
Suspiré. Nunca podré lidiar con estos tres.
Antes de que habláramos de nada más, Brianna se acercó a nosotras y golpeó a Zoe en la cabeza.
-¡Au! ¿Por qué hiciste eso?
-Te dije que fueras discreta. – Brianna dirigió su mirada hacía mí y me dedicó una pequeña sonrisa de lado. – Felicidades. Ya no eres una tarántula. – Dijo palmeando mi espalda.
-¿Por qué tarántula?
-Por lo fría y solitaria. – Sonrió con un poco de cinismo.
No sabía exactamente si agradecerle o pegarle, pero tenía razón. Aunque podría haber usado otras palabras. 
-Gracias. – Dije sin darme cuenta de que estaba sonriendo como una idiota.
Zoe y Brianna se miraron sorprendidas hasta que al final ambas me devolvieron la sonrisa.
Las tres nos despedimos y Zoe y Brianna tomaron su propio rumbo hacía sus casas. Antes de que yo hiciera lo mismo, vi a Dan, Jano y René acercarse a mí.
-¿Vas a ir mañana a la fiesta? – Preguntó Dan sonriendo de lado.
-¿No te enseñaron a decir "hola"? – Puse los ojos en blanco.
Dan se ruborizó un poco al escuchar la risa de Jano y René.
-Perdón. – Bajó la mirada. - ¡Hola! Entonces, ¿vas a ir? – Preguntó nuevamente.
-¿Ir a dónde? 
-A la fiesta a la que te invité, ¿recuerdas?
-Ah, sí. Ya te dije que lo haría. ¿Por qué habría de cambiar de opinión?
-No sé. – Dijo Dan nervioso. – Podrías cambiar de opinión a último momento.
-¿Por qué? – Pregunté poniendo cada vez más nervioso a Dan.
-No sé. – Respondió este llevándose una mano a la nuca. – Haces muchas preguntas.
-Perdón. – Dije sintiéndome un poco avergonzada. – Gracias por invitarme, Dan. – Le sonreí y noté la sorpresa en la cara de los tres chicos. ¿Tan fea era mi sonrisa?
-Si sonrieras más tendrías más amigos. – Dijo René sin vergüenza alguna.
-¡René! – Gritaron Dan y Jano al mismo tiempo.
-Bueno, será mejor que me vaya. Hasta mañana. – Me despedí.
De camino a casa me pude a pensar... 
~¿Estará Ciro en el Café? Si es así, podría pasar a verlo un rato. Pero, ¿no pensará que soy una desesperada? Aunque, después de todo soy su novia, ¿no? Es normal que quiera verlo. Pero...~
-¡Agh! ¡¿Qué hago?! – Me pregunté a mí misma cuando ya estaba a una cuadra del Café. Sin darme cuenta y ya había caminado hacía allí.
~¿En qué momento llegué?~ 
No entendía por qué estaba tan nerviosa si se supone que Ciro y yo ya somos pareja. En todas las novelas románticas que he leído las cosas eran muy distintas. Por empezar esas parejas solían conocerse prácticamente desde siempre, pero yo apenas sé algunas cosas sobre Ciro.
~Pero eso va a cambiar. Estoy decidida.~
Lo primero que hice al entrar fue buscar a Ciro, pero no lo vi por ningún lado así que solo me senté en una mesa al lado de la ventana para esperar por él.
Pasaron unos 30 minutos hasta que Ciro por fin llegó, aunque no notó mi presencia. Estaba a punto de levantarme a saludarlo hasta que una chica apareció detrás de Ciro y se colgó de su espalda.
Me quedé con la boca abierta a más no poder. ¿Quién era esa? Era una chica más alta que yo, de tez morena, con el pelo castaño oscuro hasta la espalda, lleno de pequeños rizos, ojos marrones claros y una sonrisa preciosa que hacía que se le hicieran dos pequeños hoyuelos en sus mejillas que la hacían ver muy tierna.
~Bien, tranquila. Tu muy reciente novio al que querías ver acaba de entrar con una chica extremadamente hermosa colgada de su cuello, literalmente, y te está ignorando completamente. Nada que temer.~ Pensé mientras contenía las ganas de salir corriendo.
Al fin Ciro volteo a verme y se acercó a mí con esa sonrisa que tanto amaba, pero esta vez no presté ni la más mínima atención ya que no podía dejar de ver a la acompañante de Ciro.
-¡Hola Cass! – Me saludó Ciro enérgicamente, como siempre.
-Hola. – Respondí intentando ocultar mis, muy visibles, celos.
-¿Qué haces aquí?
-Pensé en venir un rato a verte, ya que ayer no pudimos. Pero ya estoy por irme, así que puede ser otro día. – Dije nerviosa mientras me levantaba.
-Espera, no voy a trabajar. Solo vine a renunciar de hecho.
-¿Por qué?
-Mis padres no quieren que siga trabajando.
-Pero, ¿por qué?
-Quien sabe. – Respondió riendo. – Espérame, hablaré con el dueño y nos vamos, ¿sí?
-De acuerdo.
Ciro sonrió y luego se fue hacia la parte de atrás del Café. Me volví a sentar y vi que la chica que había venido con Ciro ya no estaba. Eso me relajó. Hasta que volteé y la vi parada detrás de mí. Casi salté de la silla al verla. O últimamente todos se ponían de acuerdo para asustarme o me estoy volviendo muy paranoica.
-¡Hola! – Me dijo la chica.
-Hola.
-Soy Lía. – Dijo mientras extendía su mano.
-Cassiel. – Respondí estrechandola.
-¿Eres novia de Ciro?
-Algo así.
-¡Yo soy su mejor amiga! – Dijo con una gran sonrisa.
~¿Y eso a mí que me importa?~ Pensé – Que bueno. – Respondí antes de voltear la vista hacia la ventana.
Antes de que Lía dijera algo más Ciro ya había vuelto.
-Listo. ¿Nos vamos? – Preguntó.
-Sí. – Dijimos ambas al unísono. Las dos nos miramos y luego miramos a Ciro, quien parecía estar bastante incomodo en ese momento.
-En realidad, yo tengo que irme a casa Ciro. – Dijo Lía. – Adiós Cassiel, adiós Ciro. – Dijo acariciando el brazo de Ciro y mientras me miraba.
Ciro y yo nos quedamos en silencio hasta que él decidió hablar.
-Así que... ¿quieres hacer algo o quieres que te acompañe a tu casa?
Para sorpresa de Ciro, y mía, volteé a verlo con una sonrisa.
-Sorpréndeme. – Dije divertida. No importaba lo que había pasado, ni tampoco quien era esa chica, solo me importaba él. Solo él.
Ciro sonrió y se acercó a mí para besarme.
Después de una larga caminata llegamos a un parque muy lindo con el suelo lleno de hojas que lo teñían de colores amarillo, rojo y marrón.
Nos sentamos en el suelo y hablamos sobre un montón de cosas sin importancia, pero que en ese momento parecían los asuntos más importantes del mundo.
-¿Por qué le dijiste a Brianna de lo nuestro? – Aproveché el momento para preguntarle.
-Pensé que era tu amiga. – Respondió inocentemente.
-Lo es. Y como tal debería haber sido YO quien se lo dijera, ¿no crees?
-También es mi amiga, ¿sabes?
-¿Desde cuándo? – Pregunté curiosa. Estaba haciendo demasiadas preguntas, pero es que hay algunas cosas que no me había puesto a pensar, y que tampoco entendía. Por ejemplo, ¿por qué Brianna me preguntó si yo era novia de Ciro cuando nos conocimos? O, ¿Por qué esta tan al tanto de todo sobre nosotros? Más que todo, sobre él. Si tan buenos amigos son, ¿por qué nunca hablan del otro cuando están conmigo?
-Desde que terminamos. – Dijo despreocupadamente.
Me quedé hecha una piedra. ¿Ciro y Brianna habían sido novios? ¿¡Y me lo dice así!? ¿¡Y recién ahora!?
-¿Eh? – Fue todo lo que dije. Sentía que mi cerebro se había desconectado completamente de mi boca, así que no podía decir nada de lo que estaba pensando, y, créanme, estaba pensando MUCHAS cosas.
-¿No te contó? – Preguntó riendo.
Negué con la cabeza.
-Ah. – Dijo mirando al suelo. Creo que se dio cuenta de que metió la pata. – ¿Qué haremos mañana? – Preguntó intentando evadir el tema.
-Mañana no puedo, tengo una fiesta. – Contesté fríamente.
-¿Tú? ¿Una fiesta? – Rió.
Juro que si mis ojos fueran armas este tipo ya estaría cien metros bajo tierra. -Sí. Yo.
-¿De quién es la fiesta? – Miró hacía otro lado intentando esquivar mi mirada. Lo estaba incomodando, pero, después de todo lo que pasó hoy, me importaba una mierda.
-De un amigo.
-¿Qué amigo?
-De la escuela.
-¿Cómo se llama?
~Me está tomando el pelo, ¿no?~ - No estás en posición de hacer tantas preguntas.
-¡Brianna tampoco te lo dijo! 
-Con ella hablaré mañana. También está esa tal Mía o como se llame.
-¿Te refieres a Lía?
-Como sea. ¿Quién es?
-Es una amiga. – Ciro suspiró exageradamente mientras apartaba la mirada. – Parece que hoy estas muy sensible.
Nunca me había sentido tan molesta. ¿Cómo podía ser así?
-Tú también estarías sensible si yo hubiera salido con alguno de tus amigos.
-No los conoces, pero si quieres te presento alguno. – Me dijo con una sonrisa. Como si se tratara de una broma.
~Me harté~ - ¡NO TE BURLES DE MÍ! – Le grité. Juro que la cara que puso valía oro, pero, por supuesto, eso no tenía importancia ahora.
Me puse de pie y empecé a caminar lo más rápido que pude hacia mi casa. 
Como les dije antes, el esfuerzo físico no es lo mío. Apenas hice una cuadra y tuve que detenerme. Mientras intentaba recuperar el aliento escuche una risa detrás de mí.
Sabía perfectamente quién era pero igual me volteé.
-¿¡De qué te estás... riendo!? – Dije jadeando mientras él se descostillaba de la risa.
-De nada. Es solo que te imaginaba más atlética, Cass.
Este chico me estaba sacando de quicio, pero no le iba a dar el gusto de enloquecerme por completo, así que solo me di media vuelta y seguí caminando.
~Seguro ya me está siguiendo. Solo ignóralo Cassiel, solo ignóralo~
Me volteé brevemente para confirmar que me seguía, pero para mi sorpresa él no se había movido ni un centímetro. Comencé a caminar un poco más lento para darle tiempo a que me alcanzara, pero cuando me volteé vi que él seguía en su lugar.
~Da igual. Que haga lo que quiera, yo solo quiero llegar a casa~ Pero aunque pensara en eso, por alguna razón me detuve y volteé a verlo nuevamente.
Él seguía ahí, mirándome y sonriéndome con esa sonrisa que me pone los nervios de punta.
Suspiré.
-¿Qué estas esperando? – Grité, a lo que su respuesta fue señalar su oído y negar con la cabeza.
~Idiota él. Idiota yo. ¡Idiotas todos!~ Grité para mis adentros mientras me dirigía hacía donde Ciro estaba.
Me paré frente a él mirándolo fijamente a los ojos.
~Dios mío, que ojos más hermosos. ¡No! ¡Concéntrate!~
-¿Y? ¿Qué esperas?
-Pensé que huías de mí. – Dijo sonriendo.
Baje la mirada. Juro que si pudiera volver a tener cinco años ya estaría echada en el suelo pataleando y gritando.
En eso, sentí su respiración en mi oído.
-Me encantas cuando te enojas. – Susurró Ciro, a lo que me estremecí, e inmediatamente di un paso hacia atrás toda ruborizada. 
- ¿Te acompaño hasta tu casa? – Preguntó de forma inocente.
~¿Cómo lo hace?~ - S-si. – Fue todo lo que dije.
En todo lo que quedaba del camino no dije ni una palabra, pero cada vez que Ciro y yo nos mirábamos él me sonreía. Eso me molestaba un poco pero al mismo tiempo, me gustaba.
Al llegar a casa nos despedimos con un beso rápido y quedamos de vernos aunque sea un rato el domingo.
Me metí a la casa y noté que mamá no estaba. Como siempre.
~"Es una amiga". Le faltó decir que es súper hermosa y que se le pega como una garrapata.~
Decidí darme un baño tibio para relajarme. Tenía muchas cosas para pensar; una de ellas era la famosa "fiesta" a la que accedí a ir. ¡Ni siquiera pregunté donde era! ¿Cómo debo vestirme? Espero que Zoe y Brianna también vayan.
~Brianna... ¿Por qué no me lo dijo?~ Pensé mientras dejaba mis cosas en mi habitación.
~Supongo que tendré que hablar con ella mañana~



Rocio Perez

Editado: 03.06.2018

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