El Infiltrado.

Capítulo 39

  1. los presentes en la sala nos quedamos observando sorprendidos a Iván... menos dos personas.

Los dos hombres armados no tardaron en cogerme con fuerza y rabia. Tan solo sus movimientos lograron captar la atención de Connor, quien, en un rápido movimiento, sujetó a Arthur con firmeza y sacó un arma para apuntarle también.

—Suéltenla, o esta vez voy a encargarme de llevarlo al infierno personalmente, y no incluirá "reencarnaciones". —Connor se burló al final, utilizando la palabra que Arthur había usado.

Y, a pesar de la amenaza, nadie se movió, absolutamente nadie. Iván observaba la escena de una manera tan inexpresiva, a pesar de que las lágrimas que caían por su rostro eran capaces de demostrar que si podía sentir algo.

Connor entrecerró los ojos y antes de que pudiera volver a hablar, alguien lo interrumpió.

—¿Saben? Me siento parte de una jodida película, así que tú, imbécil, vas a soltarlo mientras yo te apunto con el cañón de mi arma, en este instante. —Mis ojos se abrieron desmesuradamente cuando vi al muchacho aparecer justo a sus espaldas, apuntando con su arma a la cabeza de Connor.

Un nudo se formó en mi garganta inevitablemente.

Connor cerró los ojos con cansancio, y luego, volvió a abrirlos, soltando con brusquedad al Arthur.

—Dame algo con lo que matar, ¡lo que sea! Pero lo quiero ahora —gritó furioso Arthur, con una sombra de tristeza y aún más sed de venganza. Esto no podía ir peor—. Robin, no lo pierdas de vista.

El hombre, Robin, asintió sin apartar el cañón de su arma de la cabeza de Connor.

Uno de los tipos que me sujetaba me soltó y dejó en la mano de Arthur una navaja, o algo por el estilo, pues lo único que importaba era que su filo era increíble, y eso logró desesperarme.

Un plan empezó a crearse en mi mente, pero no estaba segura de querer llevarlo a cabo. Quizá empeoraría todo aún más.

Miré a mi papá, en el suelo, observándome con fijeza y todo el cariño y amor del mundo, y sin dudarlo, le devolví la mirada, pero sabía que la mía también expresaba muchas otras cosas que podrían delatar mis futuros actos.

—Lo siento papá, recuerda que te amo, muchísimo —susurré sin apartar la mirada, disculpándome por todo lo que hice mal, y por lo que, directamente, no hice.

Su mirada se tornó confusa.

—Hija... —su voz se perdió por un momento, y me dañó verlo así y no poder hacer nada, pero entonces... un movimiento brusco llamó mi atención y me puso aún más alerta —. Te am...

Un grito desgarrador brotó de entre mis labios, mientras los suyos... se cerraban sin terminar la palabra, dando su último suspiro.

Me moví con brusquedad, salvajemente, reteniendo mis ganas de llorar como nunca, logrando escapar de los brazos del hombre tan solo porque me soltó, pero no fui a ver a papá a pesar de que lo deseaba, y tampoco fui a llorar por su pérdida, porque haría que Arthur llorara por eso, que se arrepintiera y que sufriera como nunca jamás. Lo mataría.

Mis pasos fueron duros, mi mirada estaba fruncida y mis manos apretadas fuertemente en puños. No me importaba lo que sucedería luego, porque papá ya no estaba. Lo llevaron a un infinito y más allá sin piedad, lo arrancaron de la vida y de paso... me arrebataron la mía.

Cuando estuve frente a él, frente al causante de todas mis desgracias, pérdidas y sufrimiento, con mi mano cogí la suya y le arrebaté el cuchillo chorreante de sangre, antes de que pudiera siquiera predecirlo.

—¿Qué se siente saber que estás próximo a la muerte? —me burlé, pero sabía que con un movimiento podía cogerme y dar un giro a la situación.

  1. tú —una sonrisa burlona se formó en sus labios, y entonces, ya tenía a los dos hombres a mis espaldas, apuntándome nuevamente.

No me importó.

¿No tenían otra técnica?

—¿Crees que me asusta? Te informo que no, pero antes de que te lleve a la muerte, y luego me lleven a mí... necesito que me digas... ¿cómo mataste a mi m...?

—¿Lo que quieres saber es qué tipo de drogas le inyectábamos a tu madre para matarla de a poco, y a que doctor compramos para realizar el trabajo? —preguntó y su sonrisa creció aún más.

Cerré los ojos con fuerza, respirando hondo, y luego los abrí con lentitud.

—Quizá sí, quizá no, oops, se me olvidó. Pero... ¿sabes que si recordaré por siempre? —pregunté con sorna, y a pesar de mi mirada burlesca, mi sonrisa ladeada y mi mirada retadora, por dentro mi alma se desgarraba de a poco, mi corazón deseaba dejar de latir... pero el tan simple hecho de saber que Connor estaba a mis espaldas lo mantenía trabajando... me mantenía con vida. Podía oír los golpes que le daba a Robin, y los gritos de dolor que lanzaba mientras Connor terminaba con él, y no pude explicar ni deducir que fue lo que me llevó a mirar a Arthur con fijeza, antes de levantar el cuchillo e intentar aniquilarlo, porque, podría haber sido el saber que Connor estaba bien, aún, o las ganas de venganza que sentía y me carcomían con crueldad.



Verónica Taboada

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En el texto hay: romance, amenazas y mentiras

Editado: 20.04.2018

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