El Libro de las Especies

32-El Wyrm

Después de haber sido literalmente lanzado de Stravaganza desde un cañón, Felipe había andado un poco a su aire hasta que consiguió trabajo amenizando un localillo nocturno, no estaba muy holgado pero le daba para sobrevivir con lo único que había hecho toda la vida y todavía tocaba la canción que le enseñaran en la feria, una de las tantas antigüedades que formaban la herencia decadente de Grimm, la tenía tan aprendida que no podía dejar de interpretarla, aunque solo fuera para afinar el acordeón.

 

-Ah, al fin te encuentro.

 

Perdió la nota, ¡Esa voz!, media noche, él en una callejuela oscura, y el maestro Grimm observándole, por un levísimo instante tuvo la impresión de que tenía unos ojos llameantes como el infierno pero luego cayó en la cuenta de que estaba mirando los ojos abiertos del medallón, intento tragar pero la boca se le había quedado seca del susto.

 

-Grimm... ¿Qué…que haces aquí?

-Estaba buscándote, por supuesto-dijo, caminado con garbo hacía él.

-No estás usando tu bastón-noto.

-No, he dado suficiente energía a este viejo cuerpo pero el tiempo se nos agota, estamos terriblemente atrasados en el programa, Brumm.

-¿Brumm?, ¿Quién carajos es Brumm?-de asustado paso a confundido, se le ocurrió que quizás Grimm estuviera teniendo uno de sus episodios de porfiria-¿Qué quieres de mi?

-Todos tenemos un papel en la vida, el tuyo es interpretar la melodía para mi ritual, necesito a mi músico de vuelta.

-¡Wow!, ¿Qué?, oye no, cometí un estúpido error pero tengo mi dignidad, no pienso volver a Stravaganza.

-Me parece que no me exprese bien, Brumm-lo miro, y esta vez sí estuvo seguro, eran sus ojos los que resplandecían como dos brazas escarlata-no era una petición.

-¿Grimm, que…?-retrocedió-¿Qué eres?, ¿Qué quieres?

-La flama no puede apagarse, atiende el llamado de tu maestro y cumple con tu deber.

 

Su capa ondeaba sin viento, el medallón siseaba, he aquí que ya no solo tenía los ojos abiertos sino también una afilada boca de sonrisa macabra.

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Divine era una madre abnegada y Gritten era un niño sano y enérgico, en consecuencia a veces le tenía despierta toda la noche y a veces, como ahora, era lindo y le dejaba dormir hasta media mañana, tras arreglarse y alimentarse salió con él para ver a Grimm, no estaba en su carromato asique se dirigió a la carpa y se detuvo, sorprendida, al escuchar música de acordeón, apretó el paso para entrar a la pista principal, Grimm estaba en compañía de un sujeto grande, de hombros anchos, esbozado en un capuchón y con mascara, que tocaba la canción de Grimm con ritmo metódico.

 

-¿Grimm?

-Llegas a tiempo, amor-hizo una seña y el músico se detuvo.

-¿Quién es él?

-Es Brumm, mi músico.

-¿Brumm?-lo miro desconcertada, entonces… ¿Brumm era real?

-No seas descortés, Brumm, saluda a mi esposa-el sujeto hizo un ruido indistinto y se inclino con respeto.

-Oh…hola, mucho gusto.

-Sal y prepara tu instrumento, no quiero un solo error.

-Sí, maestro-dijo, con una voz vaga que le sonó de algo.

 

Que tipo más raro, caminaba de manera rígida, torpe, quizás no viera bien a través de la máscara, pero lo más raro era el simple asunto de que existiera, había estado muy preocupada pensando que Grimm estaba desvariando por su enfermedad pero si a fin de cuentas Brumm si era alguien, alguien a quien conociera de antes y nunca lo había mencionado hasta entonces, pues tan mal no podía estar.

 

-Ahora podrás hacer tu numero a gusto-dijo, tentativamente.

-Aun no, tengo el escenario tengo la música, tengo a la flama y el porqué de todo, pero no tengo la sombra.

-Oh…-por supuesto, su conducta no era su única preocupación-Grimm, ¿sabes?, estuvo pensando…quizás deberíamos consultarle a alguien…

-Ya consultamos a los médicos.



Dama GT

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En el texto hay: magia, detective, especies sobrenaturales

Editado: 18.02.2019

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