El Libro de las Especies

40-La Gran División

Los murciélagos flameantes persiguieron a Candela hasta la boca de una cueva en las montañas, su nido, allí finalmente se consumieron.

 

-¡Maldita mocosa, maldito Wyrm!, ¡Voy a arrancarle el corazón y se lo daré a comer a ese paralitico de…!-trastabillo, se apoyo a la pared apretándose el vientre-calma, calma, no debes exaltarte.

 

Estaba exhausta y fue a echarse a su nido, que por cierto era un legítimo nido de ramas y forraje aunque Meirily lo había hecho más cómodo tejiéndole una colcha y varios cojines, el grimonio estaba allí.

 

-Ok, se un buen libro y anímame-lo abrió-no me veas así.

-“¿Dónde está Malquiur?”

-Se me escapo-admitió-su estúpida guardiana me fastidio medio plan.

-“Aredia, gracias al cielo”

-No celebres tan pronto, amor, todavía te tengo.

-“Casarte con Malquiur solo te da acceso al libro, no puedes usarme”-le dio la espalda, muy digno-“el grimonio solo obedece al hechicero Malcon”

-No te preocupes entonces, pronto te daré otro hechicero al cual servir.

 

Ante estas palabras, Almantt le miro trémulo pero Candela no se digno a decirle más, cerro el libro y se recostó con este entre los brazos, Meirily le había dejado comida pero en cuanto recuperase las fuerzas saldría a cazar, a fin de cuentas no tendría mucho más que hacer hasta que la Nigromante cumpliera su parte.

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Tamer le dio un hueso de carnaza a Haida para que se quedara quieto mientras le colocaba la coraza y la silla que había preparado, el huargo ya había alcanzado su tamaño máximo, más grande que un oso, y estaba listo para montarlo, se aseguro de que estuviera cómodo, de que todas las placas calzaran y no hubieran chirridos molestos al moverse, desde que tenía acceso a la fragua de su padre su maestría había aumentado a pasos agigantados.

 

-¡Tamer, hermano!-unos muchachos de color aparecieron, todos cargaban mochilas.

-Quiero un animal de esos.

-Mal por ti, hermano, Haida es único-se volvió a la casa-¡Tiso!, ¡Baja de una vez!

-¡Ya voy, demonios!

 

Tiso salió y dejo un par de mochilas fuera, entro por otra y se detuvo en el corredor, estaban dejando su casa, dejaban todo para unirse a la peregrinación que en esos momentos se llevaba a cabo en todo el país, cientos de trasgos y orcos dirigiéndose a Four Lakes y ellos, los mal ubicados o mal designados lideres de sus clanes en obra de su conexión al grimonio, debían estar allí para dirigirlos, sentía que todos habían perdido la cabeza.

 

-Apúrate-le insto Tamer-debemos pasar por el barrio y recoger a los demás, luego a la fragua por mis herramientas.

-¿En verdad estamos haciendo esto?, dime, ¿Por qué tenemos que ir?, ¿Cómo nos involucramos?

-El mago me involucro-dijo, frunciendo el ceño-entiéndelo, Tiso, tenemos el tiempo contado, la gente pronto se dará cuenta de que somos especies y si ya nos trataban como tratan ahora a las criaturas del pantano imagínate luego.

-Eso no lo sabes.

-Tienes que confiar en mí-apoyo la mano en su hombro-Tiso, te necesito a mi lado, ¿estás conmigo o no?

-Claro, eso siempre-el otro sonrió y le dio una palmada.

-Tomare la motocicleta, puedes montar a Haida primero.

 

Mientras cargaba las maletas, Tiso se fijo en el letrerito de sus clases de kitboxing, que estaba en el suelo, lo recogió, lo apoyo contra la ventana y deslizo una carta detrás, con algo de suerte Aredia la encontraría.

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Grechen y Luka estaban desayunando en silencio, el chico estaba más que acostumbrado a su escasa pero suave presencia pero aquella mañana le pareció que estaba particularmente decaída y eso le preocupo, apenas estaba logrando recuperarse de lo ocurrido con Heinz, había conseguido un trabajo de niñera que parecía satisfacerle y comenzaba a sonreír más a menudo.

 

-¿Me quieres, Luka?

-Siempre preguntas eso.

-Es que me gusta oírlo.



Dama GT

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En el texto hay: magia, detective, especies sobrenaturales

Editado: 18.02.2019

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