El ópalo de fuego.

CAPÍTULO 27

Nereida deja de tocarme y poco a poco mi visión se normaliza, me quedo un buen tiempo de pie, sin moverme, viendo el rostro triste de Nereida, trato de entender todo, uno la historia en mi cabeza y todo parece tener sentido.

Tú lo robaste — le digo.

Nereida asiente.

—   Pero, pensé que el ópalo había desaparecido durante la primera gran guerra, bajo el poder de las ninfas— hablo confundida.

Nereida niega.

El ópalo ha pasado por muchas manos, sus últimos protectores estaban aquí— responde.

Lo sabias todo este tiempo.

—   No es una historia que se puede ir contando fácilmente a cualquiera — dijo desviando la mirada — estábamos enamorados y creíamos que era una buena idea, que sí alejábamos la piedra de este lugar yo podría ser libre y salir para estar con él, creíamos que la piedra mantenía a este lugar así, todo el mundo lo creía, que la piedra era el centro del encantamiento sobre el bosque, pero ya ves, nos equivocamos y pagamos el precio, esa piedra es un infierno y debe ser destruida — me contó, por el tono de su voz se notaba que le dolía.

Sí, todo parecía cobrar sentido, lo inexplicable ¿por qué ahora? Eran preguntas que quizá nunca tendrán respuesta, simplemente hay que hacerle frente e intentar arreglar lo que está pasando, las muertes y el sufrimiento de muchos no será en vano, somos sobrevivientes, el mundo no se nos vendrá abajo, no está vez, no mientras hayan personas dispuestas a luchar y morir por mantener a los suyos a salvo, el mal no nos vencerá.

El ópalo nunca deja de existir, solo está oculto ante nuestros ojos, los tuyos son diferentes Helia, puedes hacerlo.

¿Podría hacerlo? ¿De qué forma?

Espero no equivocarme, ven, te llevaré al último lugar en el que fue visto— me dijo y empezó a caminar, yo le seguí.

Es todo muy extraño, estar aquí sola con Nereida, aparentemente a salvo cuando nuestros amigos están en peligro, la ninfa parece estar tranquila, como si no le preocupara y como si el hecho de haber huido en este momento no le importara.

Están bien, lo tienen bajo control, al menos por ahora — Habló mientras caminábamos por un estrecho camino.

—¿Cómo lo sabes? — observo el lugar y se hacia dónde me dirijo, es el mismo camino que Nereida y su enamorado tomaron en aquella visión.

—El bosque me lo dice— responde sin más.

No sé qué tan ciertas sean las palabras de Nereida, espero que sea así, espero no estarme equivocando al creerle, al seguirla, espero que estar aquí no sea un error.

Caminamos en silencio, Nereida me guía aunque es como si yo también conociera el lugar, a medida que avanzamos el semblante de la ninfa cambia a uno más triste.

Llegamos a una zona rodeada de árboles, Nereida se acerca a un enorme árbol y apoya la mano en su tronco, debe ser muy duro para ella, permanezco de pie, ¿Qué se supone que debo hacer?

—Lo siento Nei— le digo — pero no veo nada, ¿Qué se supone que tengo que hacer?

Nereida se encoge de hombros confundida.

—Bueno... no es como lo imaginé, supongo que tienes que buscar, vamos te ayudaré — dice poniéndose a levantar hojas secas con su pie.

Me siento más confundida que antes, se supone que el ópalo saltara a la vista así como así, esto es absurdo, me he equivocado en sugerir este plan, me he equivocado en todo, he dado esperanzas sin tener razón, ¿Por qué Eyid me confió algo que ni siquiera soy capaz de hacer? He involucrado a personas inocentes en esto y ahora todo es mi culpa.

Mi cabeza duele mientras trato de poner en orden mis ideas, estoy perdiendo el control, mis manos tiemblan y pican, las ganas de llorar me inundan, ¿Por qué pasa todo esto? ¿Por qué?

Nereida se acerca y me dice algo pero no logro entenderla, mi vista está algo nublosa, solo distingo el desesperado rostro de la ninfa que grita palabra inaudibles. Caigo de rodillas ante el montón de hojas, Nei se pone a mi altura y trata de que me reincorpore tomándome de los hombros.

—¡Corre! — logro distinguir las palabras que pronuncia pero no entiendo lo que sucede, mi cuerpo no responde.

Empiezo a escuchar un ruido aturdido pero no logro diferenciar de donde proviene, todo mi mundo da vueltas, también he perdido de vista a Nereida.

Los árboles se mueven, algo se acerca.

Criaturas desfiguradas empiezan a asomarse entre los árboles, estoy rodeada, mi visión se vuelve más borrosa  y logro distinguir como la figura de una sombra se acerca a mi cuerpo.

Siento que unas manos toman mi rostro con brusquedad, puedo sentir también la presencia de otra persona cerca.

—¿Qué le pasa? —pregunta alguien con un tono de voz furioso.

No hay respuesta.

Quita la mano de mi rostro y en ese momento mi mundo se vuelve negro, pierdo el control de mi cuerpo, siento como caigo tendida sobre las hojas.



Max Skygge

Editado: 09.12.2019

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