El Pacto

Capítulo I

Sentado en las afueras de este pueblo mal hecho, estaba el mismísimo mal encarnado en hombre, fumando un cigarro con la delicadeza y elegancia de un rey sin trono, asqueado de tanta repugnancia; viendo el paisaje melancólico que transmitía el pueblo, arena y polvo, casas desoladas por la guerra, migajas de la supuesta urbanización, evolución adquirida por el hombre moderno; familias en ayuno forzado, niños y ancianos desamparados, criterio atento a la destrucción. El misterioso y hermoso hombre, tan hermoso que se me hace imposible describirlo, solo sus ojos grises soy capaz de percibir.

Soltó su cigarro, cayendo lentamente al suelo, poniendo su pie y pisándolo. Gruño y con asco escupió la tierra, pronunció palabra ajena a él, - esta es la belleza que ellos proclaman en mi nombre, me dan el crédito de sus pecados, culpan inocentes blasfemias por no aceptar la culpa, y así el padre los llama seres inteligentes, ¿Dónde está su inteligencia? Solo veo arrogancia en sus corazones, vacías almas refugiadas es la excusa –

Miro fijamente el cielo, saco dos alas negras como de cuervo, las movió velozmente creando una fuerte brisa, se impulsó y voló como un cohete, dejando atrás un viento fuerte que paralizó a todo el pueblo, y entre las nubes desapareció.

 

Tres semanas después. Aquel incidente fue registrado por los mal vivientes de aquel miserable pueblo, como la visita de aliens, ovnis o alguna conspiración del gobierno. Los medios mostraron algunas grabaciones de lo único que algunas cámaras de celular alcanzaron a captar, fue una bola negra que andaba a gran velocidad. Todo fue un misterio, así estuvo casi por dos meses hasta que los científicos sacaron un as de la manga, explicando el fenómeno como producto de la naturaleza y debido a ciertas circunstancias irregulares que se presentaron en ese lugar.

Un día como cualquier otro, ya calmado aquel fenómeno, un estudiante de la universidad, con aura de pobre diablo malviviente, con un rostro que reflejaba un dolor insanable, aspecto de mierda, compostura normal, ojos cafés que no sobresalían en ningún lugar, tan simplón que es mejor ignorarlo, con aficiones raras y poco sociables; se encontraba en su habitación haciendo un ensayo para la universidad, acerca de las tradiciones hebreas y de sus alrededores, como lo es Mesopotamia, cuando de repente leyó un mito acerca de Samael.

Que decía más o menos así: Samael se rebeló el sexto día, impulsado por su ira incontenible contra Adán, lleno del veneno lacónico de la envidia, porque Dios le había dado al hombre autoridad sobre todo lo existente. Samael miró a su Dios y dijo “Señor todo poderoso, creador del universo, que rige con justicia y autoridad, Tú que nos creaste con el esplendor de tu gloria” – mientras mostraba una vanagloria y orgullo. Prosiguió diciendo – “¿realmente haces lo correcto? ¿Debemos servir a un ser hecho de polvo?” a lo que Dios dijo – “aunque sea formado de polvo este ser te supera en sabiduría e inteligencia, su corazón a un no conoce el mal” – aun al oír esto Samael se negó hacerlo, sacó su espada y la levantó contra Dios, proclamando que jamás serviría a un humano, los veía como seres inferiores a él. - “si fuera a la tierra los dominaría como miserables animales que son”; entonces el arcángel Miguel, golpeó fuertemente a Samael, haciéndole bajar la espada y dijo – “nadie de nosotros tiene la autoridad, para criticar las decisiones de nuestro Señor” – a lo que Samael miró fijamente a Miguel y dijo suavemente – “¿aunque se equivoque?, ¿realmente servirás al hombre? – a lo que Miguel contestó – “al hombre jamás, a mi Señor por la eternidad” – Samael se levantó contra el mismo Dios y miró a todos los ángeles del cielo y dijo – “¿realmente quieren servir a un Dios que nos obliga a servir a seres hechos de polvo?, ¿de tierra?, siendo nosotros hechos de luz, de una luz más brillante que las mismas estrellas, ¿nos humillaremos a seres inferiores? – Al oír estas palabras muchos de los ángeles se unieron a Samael y se fueron contra Dios, y fueron arrojados del cielo por el mismo Dios.

El joven percibía suavemente verso por verso, en ese momento entró un aire frio, más desgarrador que la brisa de un cementerio, y una voz invadió la habitación - ¿realmente crees eso?, ¿estas tan interesado en mí? El Joven volteó rápidamente y vio a un hombre tan hermoso que no tiene forma de expresar, - ¿Quién eres? - el joven dijo mientras titubeaba, - ¿lees acerca de mí? ¿Y no sabes quién soy? – el joven siguió mirándolo sorprendido, solo movía sus labios tratando de pronunciar palabra, pero se ahogaba con ellas mismas, sus pensamientos eran efímeros. El hombre se acercó, tomo la boca del joven con su mano y empezó a moverla mientras fingía hablar como él – ¡Oh! poderoso señor Samael, dame cualquier cosa, te lo ruego, mírame no soy más que excremento para el resto de los hombres.



Albert Peiz

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Editado: 21.02.2018

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