El Pacto

Capitulo XII

Nick se encontraba en un restaurante dando instrucción por instrucción de lo que debían hacer, luego tomó su celular y llamó a su apartamento, Karla contestó, Nick le dijo dile a Samantha que se arreglé, que yo ya voy por ella – Karla sonrió, colgó el teléfono, llamó a Samantha y le contó lo que Nick le había dicho; Samantha corrió a su habitación, salió de ella, con la toalla, se metió al baño, pareciese que se estuviera exorcizando, se demoró como una hora, en el baño, al salir corrió hacia su habitación desnuda y con su toalla en la mano, entró, se secó y sacó toda la ropa que tenía miraba y miraba sin saber que ponerse; Karla entró al cuarto y dijo – ¿te ayudo en algo? – Samantha preocupada contestó – si por favor, ayúdame a escoger que ponerme- Karla empezó a mirar la ropa y dijo – guarda todo, menos los vestidos – Samantha le hizo caso, luego miraron a ver si encontraban un vestido formal, por fin escogieron un vestido negro; de repente se abrió la puerta de aquel apartamento, Karla pensó que se trataba de Nick, así que decidió ir a mirar, al ver detenidamente se fijó de que eran Diana y Sandra, respiro hondo y saludo a las chicas, luego pensó - ¡claro! ustedes también nos pueden ayudar – tomó de la mano a Diana y la jaló, llamó a la vez a Sandra, las llevo a la habitación donde se encontraba Samantha, Dina miró con detenimiento a Samantha - ¿tienes una cita con Nick? – Ella contestó – sí, y él me dijo que era importante –entonces las chicas decidieron ayudar a arreglarse.

Después de una hora y media llego Nick, entró al apartamento, vio las luces apagadas, se sorprendió un poco, al encender el bombillo, vio al fondo a una hermosa mujer, la cual usaba un vestido negro con escote, tenía un collar que resaltaba sus hermosos ojos negros, unos aretes que dejaba apreciar sus hermosas orejas y que a la vez se acompañaba por su cabello como una cascada que chispeaba aquella preciosa piel india; Samantha caminó suavemente hacia Nick, éste seguía asombrado de su bella acompañante. Cuando la tenía enfrente Samantha se le acercó haciéndolo oler aquel perfume que, acompañado del aroma inapto de ella hacia tocar el cielo, Nick la besó exorbitantemente, la tomó de la mano con la delicadeza de un caballero, la llevó hacia la puerta mientras seguía apreciando aquella obra de arte; las chicas escondidas en el cuarto de Samantha chismoseaban aquella escena digna de ser grabada como ejemplo de un romance puro.

Al llegar al restaurante, los recibieron como todos unos reyes, los acomodaron en una mesa en la que se podía apreciar la hermosura de la ciudad, trajeron la carta y ellos ordenaron, después de cenar y hablar unos minutos, empezó a sonar una melodía producida por un violín, aquella melodía era tan hermosa que a su vez se hacía adictiva, Samantha dejó caer su llanto, pues aquella melodía se la tocaba su padre cuando aún era niña; ella vio en el escenario a Samael tocando el violín, sonrió y le dijo a Nick – así que también involucraste a mi padre – él sonrió – él estuvo de acuerdo con todo lo que planee para esta noche – Samantha sonrió mientras bebía vino. Cuando se acabó aquella melodía el diablo con una sonrisa dijo – hoy, en esta noche, ya acercándose el clímax, tocaré para ustedes una canción que compuse para recordarle a mi hija, que siempre donde quiera que éste, será mi niña, seré su padre, pero ahora tendrá a alguien que cuidara de ella – la canción nueva comenzó a sonar acompañada de mucho amor, Samantha sintió como si padre se estuviera despidiendo no entendía el porqué. De repente Nick se arrodilla ante ella, saca de su bolsillo un diamante rojo traído desde el mismo infierno, para conseguirlo se necesitaba mucho esfuerzo, Nick mirándola a los ojos dijo – ¿te casarías conmigo? – Samantha se mandó las manos a la boca de lo sorprendida que se encontraba, sus ojos no pudieron contener el llanto de la alegría, y sin pensarlo se arrojó hacia Nick, lo beso una y otra vez, mientras le decía que sí.

Samael se acercó a los dos, y cerca de ellos dijo – he aquí delante de todos estos testigos, a ti joven Nick te entregó esta daga en señal de respeto; por tradición te doy la potestad de ser llamado mi hijo, siéntete honrado porque mi hija te haya deseado como esposo, y recuerda sobre todas las cosas hacerla feliz, no cometas los errores míos – le entregó además un collar que llevaba guardando hace muchísimos milenios, el cual tenía la llave de la gárgola que abría la puerta de la pared; Nick la recibió sorprendido, Samael se le acercó – ahora eres el guardián de esa puerta, ¿sabes lo que significa? – Nick lo miró – me imagino – Samael sonrió, tomó una botella de champan y dijo – todos los que están en este restaurante celebren conmigo, pues hoy el hijo prodigo regresó – agitó la botella y la tapa salió volando y continuó – este es mi restaurante, lo compre hoy y todos tienen la virtud de comer, beber y celebrar gratis – todos gritaron mientras levantaban las copas.



Albert Peiz

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Editado: 21.02.2018

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