El Pacto de Emma (libro 1)

Capítulo 4

Aparecemos en algún lugar totalmente desconocido, mis ojos tardan algunos segundos en acostumbrarse a la oscuridad, parpadeando, mientras enfoco mi vista en árboles plantados frente a mí, filas y filas de ellos, sus maderas crujientes ante la brisa que los golpea, algunos poseen raíces fuera de la tierra como si intentaran escapar de aquel lugar y rodeados de lo que parecen ser alfombras de hojas otoñales, todas ellas cubriendo cada centímetro de tierra .Un bosque. Basto, antiguo y hermoso. Y cuando una leve brisa surge de algún lugar de este bosque, puedo jurar que susurros pasan con ella, voces melódicas y deliciosas dirigiendo un canto, como si los árboles fueran bebés a los cuales arrullar y dormir. Me estremezco y aquella brisa desaparece entre los árboles.

Definitivamente mágico, también. Mi inquietud dura poco.

Un destello a mi derecha capta mi atención, y girándome para averiguar lo que sea que estuviese allí, aspiro una gran bocanada de aire, sorprendida. A unos cuantos metros delante de mí, por detrás de un par de árboles, se encuentra un lago, brillando como la plata, rodeado de pequeñas piedras del más puro color blanco como si hubiesen sido colocadas por alguien "O tal vez algo". Casi hipnotizada por aquel lugar, camino cuantos pasos fueron necesarios hasta cerrar la distancia entre el lago y yo, mis ojos no pueden creer lo que ven, cuanta belleza y tranquilidad exhala este lugar.

El lago tiene una ligera forma ovalada, sus aguas están completamente inmóviles, ni una criatura nadando en ellas, ni las ondas que las brisas provocarían, seguramente, en cualquier otro lago. Un espejo, eso parecía, reflejando la luna llena sobre él, redonda, y brillante, la luz de está haciendo que el agua del lago luciera de plata. Me pongo de rodillas al borde del lago, alargando la mano, dudando unos segundos, parece tan real aquel reflejo, un segundo cielo, que por un momento pienso que si me acercaba lo suficiente la infinidad me tragaría, y aun así pongo mi dedo índice en el borde de aquel espejo plateado y el agua se ondula hacia el centro, rompiendo el reflejo por unos segundos antes de volver a su forma original, suspiro, abrazándome a mí misma mientras alzo la cabeza hacia el masa de estrellas en el cielo despejado, tan vivas, acompañando a la luna, que presumía toda su belleza... pero por unos momentos veo todo diferente, no veo su belleza, ni su brillante luz, ni su grandeza, no, yo solo veo soledad, la luna está sola, sola en un interminable vacío, estrellas burlándose de ella, viéndose tan cerca y a la vez tan malditamente lejos, me sentía la luna, la entendía, todos estos años...

Sacudo la cabeza con fuerza, mis manos ahora son puños, " No dejare que eso me ocurra, la luna está condenada a la soledad pero tu Emma puedes hacer algo, ser alguien" dejo que la sensación de felicidad de ese pensamiento me embargue. Miro al lago e inclino mi cabeza a un lado, una sonrisa acecha mis labios y sobre una idea que cruza mi cabeza, tal vez, solo tal vez, una vez terminada mi misión podría pedirle a...

Abro mucho los ojos. Orión. Me había olvidado completamente de él, cuando llegamos aquí me había desprendido de su mano y me había alejado un paso para poner distancia entre nosotros y la inquietante sensación que permanecí en mi cuerpo cuando nuestras manos se juntaron, luego había quedado atrapada por el bosque y este maravilloso lago. 

Me giro para llamarlo, pero el sonido muere en mis labios, él está a unos pasos de mí, observándome, sus ojos rojos brillantes, la luz de la luna resalta sus rasgos, los ilumina, haciéndolo dolorosamente más hermoso de lo que era posible, unos cuantos mechones rojizos brillan cuando se mueve un paso cerca, su expresión, una vez más, es neutra, pero la intensidad en sus ojos es arrebatadora.

Cuando nuestras miradas se encuentran, tengo que hacer mi mejor esfuerzo por no sacarme la zapatilla y lanzarla a su hermoso rostro cuando una sonrisa burlona aparece en su cara, llevándose toda intensidad.

- Lo siento, no quería interrumpir, parecías tan absorta en tu tarea de... - hace un vago movimiento de la mano, señalando al cielo. - contar estrellas.

Sus disculpas no estaban ni cerca de serlo. Entrecierro mis ojos, cruzándome de brazos.

- Si tanto te molesta ¿porque no me detuviste?

Hace el amago de hablar pero me adelanto:

- Si, eso pensaba, acepto tus disculpas, por supuesto. - le doy una lenta y tranquila sonrisa mientras su rostro se contrae en una mueca y frunce el ceño, estropeando ese bonito entrecejo.

- Ustedes humanos, van a extinguirse muy pronto, su arrogancia y orgullo los llevara a su destrucción. - chasquea su lengua y mueve la cabeza de lado a lado, me da una sonrisa maliciosa que por alguna razón hace que mi corazón lata más rápido. Luego dice: - Tendremos que trabajar en eso, Emma, debes ser educada, los demonios somos muy exigentes en eso, ellos no te dejan entrar a sus dominios si se encuentran con una boca tan sucia. - suelta una carcajada carente de humor.

El coraje me invade. Si quería jugar, jugaríamos.

- Entonces, tal vez deberías enseñarme, también, como entrar en sus camas, sería más fácil de manejar. - mi tono es tranquilo. Orión se tensa de pronto y se queda muy, muy quieto, como si no respirara o capaz que no lo hacía, parpadeo y trato de enfocarme en su cara, lo cual se me hace imposible ya que unas cuantas sombras comienzan a salir de él, envolviéndolo en ellas, retrocedo "Genial Emma, si sobrevives, acuérdate de nunca intentar comportarte como una de las zorras de tu universidad".
Tan rápido como las sombras llegaron, así de rápido se fueron, dejando a un muy callado y malhumorado Orión. Me hace una seña con la mano para que me acerque, pero no me muevo, él suspira con irritación, ¿irritación? Él ha sido el único idiota en soltar sombras de su espalda.



S. Luque

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Editado: 17.03.2018

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