El Pacto de Emma (libro 1)

Capítulo 7

No me costo mucho identificar donde nos encontrábamos. Siendo la brisa , las hojas crujientes debajo de mis pies y el silencio tentador y alarmante. Nos encontrábamos a unos cuantos metros de la casa de Zarek, la cual se encuentra reluciente, pareciendo una gigante bola de disco, iluminando kilómetros de oscuridad.

Mis nervios están a flor de piel, no puedo contener un temblor que me recorre. Orión se mueve y soy consciente de lo cerca que se encuentra, su mano sobre la mía, sus ojos como dos pequeños diamantes, brillantes por la luz que se refleja. Toma la mascara de mi mano y con mucho cuidado me la coloca, rozando sus dedos en mis mejillas para luego alejarse unos pasos, dejándome helado. Este demonio me confunde, siendo frió, distante y mandón para luego transformarse en carismático, suave y juguetón. Llevo tres malditos días de conocerlo y ya ocupa la mayoría de mis pensamientos, algunos no muy agradables "Cuidado Emma estas en una linea peligrosa" La esquina de su boca se curva como si hubiese escuchado el pensamiento. Pero claro que no puede leer la mente ¿Cierto? Aparto la mirada y me concentro en la casa a la vez que ese pensamiento me consume. OH DIOS MIO ¿Y SI PUEDE? "Si puede, Emma, estas jodida". Vuelvo a mirarlo entrecerrando los ojos, él levanta una ceja intrigado. "Eres un idiota, arrogante y mal educado" Se cruza de brazos

- No encuentro explicación para el cambio tan drástico en tus emociones, Emma - no me molesto en ocultar mi satisfacción. No puede leer mentes. Un ceño aparece en su bonita cara y no queriendo seguir la linea de conversación señalo la casa y casualmente digo

- ¿Con que es mas difícil de lo que parece? - pongo mis brazos en jarras - estaré fuera en diez minutos...tal vez quince - una idea tomando forma en mi cabeza, me vuelvo para mirarlo - ¿Apuestas?

Tira la cabeza para atrás, dejando caer sus hombros, visiblemente relajado. Se frota la barbilla con gesto pensativo y ladea la cabeza

- Muy bien - me da una sonrisa juguetona - Si yo gano me deberás un día, donde, cuando y como yo quiera - abro mucho los ojos "Mierda, ni en cincuenta años lo abría visto venir" mi boca se seca, el arrepentimiento trepando. Trato de patearlo lejos, no me mostraría débil, no ante el. - Entonces ¿Que dices Emma? - veo la diversión brillando en sus ojos. Todo esto le divierte y no puedo pensar cuando fue la ultima vez que eh tenido ganas de arrancarle la cabeza a alguien. Trato de mantener una postura relajada, mirando mis uñas, indiferente

- Claro ¿Por que no? - le regalo una dulce sonrisa - pero si yo gano tendrás que responder todas y cada una de mis preguntas, siempre, sin ninguna excusa - por su expresión veo que ya se lo esperaba. Hace una reverencia, luego extiende la mano. Nuestras pieles se tocan e ignorando la deliciosa corriente que me recorre, la estrecho. Nuestra apuesta en carrera. Mi madre se debería estar retorciendo en su tumba si me viera. Haciendo una apuesta con un demonio. En un trato con Lucifer. Dejando a Jeff en el hospital. Lo normal.

Comenzando a caminar hacia la casa, siento a Orión llamarme

- Trata de no morir -su expresión es seria, su mandíbula apretada y se que habla en serio. Asiento sin una palabra y mis pies comienzan a moverse.

A medida que me acerco puedo escuchar la música que marca un ritmo lento y seductor. Me quedo mirando la puerta esperando que alguien aparezca y la abra, pero cuando veo que eso no va a suceder, agarrando la manija doy un paso dentro quedando impresionada. El espacio es inmenso, con paredes de un rico color beige, una escalera de vidrio sin barandilla llevando directamente al segundo piso se encuentra pegada a la pared derecha, cuadros a lo largo de la pared, hermosas obras, tristes, afrodisíacas, exquisitas a la vista, el piso de madera es rustico pero pero le da un toque hogareño. El demonio tiene buen gusto, debo admitir.

Sigo el sonido de la música atravesando una puerta a mi izquierda en la cual se encuentra una habitación muy parecida a la anterior con sillones marrones colocados estratégicamente y una alfombra en el centro, con diseños indues, dándole a esta habitación la vivacidad que necesita. Sigo mi camino cruzando, la que rezo, sea mi ultima puerta. Y así es. Frente a mi se encuentra lo que parece ser un pasillo muy ancho, al final de este se encuentra una pared de vidrio que me deja ver las personas en la parte de atrás de la casa. Una fiesta al aire libre. Mis pies se sientes pesados cuando cruzo el umbral de vidrio. Varias conversaciones mueren al instante, seguido de un silencio arrebatador. Todas y cada una de las personas que antes reían y charlaban ahora se encuentran mirándome fijamente, algunas mas sorprendidas que otras. Hombres y mujeres usando trajes finos y mascaras con plumas o simples. Tal vez sea la razón por la que soy la única de blanco que llama la atención, aunque también llego a captar algunas miradas lujuriosas y desconsideradas barridas a mi cuerpo. Esto era lo que quería evitar, llamar la atención. Inclino mi cabeza dando un saludo general y comienzo a caminar despreocupadamente (o eso es lo que quiero aparentar) hacia una mesa redonda, donde se encuentran bebidas y bocadillos, que estoy segura de nunca haber comido y aunque estoy tentada a probarlas mi estomago esta apretado como un puño y dudo que sea capaz de comer algo. Las conversaciones vuelven a su ritmo habitual por lo que suspiro aliviada. "Es hora de terminar con esto" girandome para enfrentar la multitud y buscar a Zarek, quedo atrapada por el momento, mi mente de repente cayendo en cuenta de que es mi primera fiesta, nunca me habían invitado a ninguna, no con mi anterior cuerpo.



S. Luque

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Editado: 17.03.2018

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