El Pacto de Emma (libro 1)

Capítulo 13

Las pesadillas me atacaron esa noche.

 Sentía desesperación. Una angustia interminable embargaba mi cuerpo. Lágrimas corrían por mis mejillas ¿Porque? quise decir. Pero ninguna palabra salió, solo un quejido apenas audible.

 Las llamas se extendían frente a mi. Un espacio oscuro y vacío me rodeaba. Caí de rodillas poniendo mi rostro entre mis manos ¿Porque? quería gritar

 El susurro de las llamame tentaban. Sus lenguas de fuego, calientes y vivas me invitaban a entrar en ellas y acabar con mi sufrimiento.

 Una mano salió de entre lo profundo del fuego. Una mano que yo conocía. Una que había sostenido muchas veces. Me acerque estirando mi propio brazo, queriendo sentirlo y perderme en su ardor.

 No pude llegar.

 Un par de manos callosas y frías cayeron sobre mis hombros, arrastrándome lejos del dulce calor.

 Luche, me resistí. Pero lo estaba perdiendo.

 Desde mi posición vislumbre un par de alas. Largas y brillantes plumas blancas salpicadas de un espeso e intenso color rojo. Sangre.

 A lo lejos escuche un rugido y el fuego estalló en todas partes. Me encontraba en el mismísimo infierno.

 Me desperté empapada de sudor, las gotas caían por mi frente. Mi corazón estaba alocado y me tomo varias respiraciones calmarlo. Mi piel estaba literalmente caliente, como si me hubiese quedado dormida por horas bajo el sol "Maldición, mi cabeza" Gemí por la sensación de palpitación que tenía. 

 Tirso subió a mi cama y sus ojos parecían curiosos, como preguntándome qué demonios me pasaba "Ni yo lo se, amiguito" Le acarició detrás de las orejas y me encierro en el cuarto de baño, necesitando urgentemente una ducha fría.

 Siento como si no hubiese dormido por varios días. Mis párpados se sienten pesados y recuerdos de mi sueño me atraviesan, haciéndome sobresaltar, me agarro el pecho. Mi corazón comenzó con su danza descontrolada.

 Es la primera vez que Orión aparece en mis sueños y no de la manera que hubiese querido...

 "Eres una jodida pervertida, Emma" Haciendo una mueca me concentro en las imágenes que aparecen en mi cabeza, como una secuencia de película y lo veo claramente. La otra presencia era desconocida para mi. Un ángel, sin dudas. Sacudo la cabeza. Con todo lo que esta pasando era de esperarse que tarde o temprano invadieran mis sueños. "Genial"

 Aun así, el sentimiento de inquietud permanece toda la mañana.

                                                                                       ~ °~

 Cuando bajo del autobús ajusto la mochila sobre mi hombro y contemplo la claridad del amanecer. Uno que surgía como las llamas de mi sueño. Un infinito mar de tonalidades que me recuerdan al cabello de un demonio en particular. Suspirando entro al edificio

 Un grupo de seis personas se encuentra reunido en el pasillo y cuando paso por su lado las conversaciones cesan. Dos chicas, que no conozco, me saludan alegremente. Unos chicos me sonríen coquetos, otros se quedan como fascinados. Yo solo frunzo el ceño y sigo mi camino sin detenerme. 

 Es verdaderamente molesto vivir en una sociedad donde las apariencias valen más que la esencia de una persona.

 Verdadero y jodidamente irritante.

 Al pasar por una ventana miro mi reflejo por unos momentos. Mi piel se ve como porcelana, suave e iluminada, el jean que llevo puesto resalta mis largas piernas, junto con las curvas de mi trasero, el top de mangas largas que traigo puesto hace que mis pechos resalten definidos, rellenos y firmes. Mis ojos brillan de un intenso color verde y , mi abundante cabello cae sobre mi espalda enrollándose ligeramente en las puntas, brillante y como seda al tacto.

 Eso es lo que el reflejo me muestra. Lo que soy ahora. Pero mis ojos ven algo completamente diferente. Ven a mi Yo anterior. Ven a alguien que se ha convertido en lo que siempre había anhelado para ser como los demás. Ser aceptada y quizá querida.

 Pero es ahora, en este momento, que me doy cuenta cuan equivocada estaba. 

 Nunca supe amarme, ni respetarme. Mucho menos aceptarme. Vivía en una constante desesperación por el que dirán, lo que pensaran, lo que debía o no hacer. Limitando mi existencia a los demás. Cuando los demás simplemente veían a través de mi, como si de un fantasma se tratara. Y aprendí a vivir así. Aprendí el significado de la palabra invisible y todo lo que implica serlo.

 Pero ahora...la felicidad de haber cambiado trae consigo la amargura de ser alguien que no soy. Mi cuerpo no este este. No soy lo que veo. Tan rota estaba, intentando no ser la rarita. Cuando lo raro es lo mio. Mi mente rara, mis sueños raros y mi cuerpo diferente. Me hacían única. Quizá no perfecta para los demás, pero lo era siendo a mi manera. 



S. Luque

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Editado: 17.03.2018

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