El precio de mi destino_ Saga Lazos Malditos

Capítulo 6. Sálvame de la oscuridad (Terminado)

A mediados de abril y a pesar de la variación del clima que tuvo el mundo tras la gran catástrofe, el viento parecía acercarse levemente a Hidden una ciudad que históricamente se caracterizó por tener solo dos tipos de estaciones en el año. Un verano abrumador que duraba unos seis a siete meses y un tiempo de lluvia que se tomaba el resto del año. Así se habían acostumbrado sus habitantes hasta que aquel evento catastrófico cambio forzosamente sus vidas.

El invierno aterrizó en pleno verano. El caos no hizo esperar en una ciudad que a pesar de haberse adaptado a este extraño cambio climático sus habitantes no podían el giro drástico del clima causado por aquel fenómeno natural. Derek en medio de una conversación con su rey, Arthur frente a la chimenea le manifestó su intención de dejarle la labor que venía desempeñando desde hace décadas debido al último incidente entre ambos que dejó en evidencia la tensa relación que les aguardaba.

            A Pesar de los lazos que los unieron a través de los años, él mismo tuve que tragarse en seco varios de sus desplantes. A fin de cuentas, la persona frente a él, era su tío y rey del aquel reino mágico que había visto en las memorias implantas por su madre antes de morir. En secreto se reunió con su hijo, era hora de depositar algo más de confianza en él, necesitaba esa conversación con urgencia y luego de ella, con una cabeza más fría, se preparó para su siguiente movimiento.

            Sin embargo, mis movimientos fueron leídos tal como consideré y el fuego ardiente de la chimenea de su estudio y bajo el frío congelante. Arthur se acercó lentamente hacia, tocando su hombro y dándole algunas palmadas.

            —«Ni te atrevas» entre todos, tú eres el único que no tiene permitido traicionarme. Después de todo eres hijo de mi hermana y dentro de tus venas corre cualquier intento de traición.

            Escapatoria, miedo y dudas. Derek jamás reacción de tal forma antes. La chimenea se apagó de la nada al concentrar gran parte de su poder en la habitación.

            Recuerda sobrino. Que le sucede a quien se atreve a dejarme atrás.

            Porque recordarlo tan repetidamente cuando él fue el único que lo había hecho hace unos días. Ahora la culpa recaí en mi como era ya habitual. Llegué a despreciar ese ego suyo, aunque aquí la cuestión podía claramente resumirse en una sola, los dos chocábamos debido a nuestras personalidades. Vaya que sí, porque me sorprendí ante tal confirmación tardía, por más que quise dejarlo en el pasado. Ese trato confundí mi juicio de un día para otro.

            Me quedaba sin salida o debería decir más bien sin opciones y frente a él, siendo capaz de leer mis movimientos con antelación, me tomó claramente con la guardia baja. Mi estado actual se resumía en unos cuantos adjetivos, deplorable, despreciable e imbécil. Mi futuro tendía de un hilo y el de mis hijos también. Me resigné, apoyando mi brazo derecho sobre el sillón, toqué mi frente y parte de mi cabeza desesperado. Desconocía al Derek Osterviser de ese momento, nunca antes me había visto en ese estado tan lamentable y humillante. Mi ego, mi carácter se iban de mi cuerpo como espuma y yo mientras tanto solo me senté a esperar a que ocurriera lo peor.

            Medio se acercó a mí y desde esa distancia. Levantó sin canto una barrera mágica ubicada en el reino de la luz.        

            —Este es nuestro hogar. Él lugar que por derecho debemos regresar, pero debido a la maldición de Deterenium ninguno de nosotros puede volver a pisar este suelo. Aquella tierra que reconoces como tuya, Derek no se compara con la gloria y poder nuestro reino. Ninguna de la tecnología existente tampoco podría si quiera acercase a la nuestra. Te pido que no te acostumbres a la vida de este lugar. En vez de crear cualquier duda hacia mi concentra todas tus fuerzas para que tú hija sea capaz de apoyarlo es nuestra esperanza junto a la próxima generación.

            En aquella dimensión luego de haber escuchado sus palabras, vacilo un poco para dar el siguiente paso, pude darme cuenta debido al leve temblor en sus manos. De seguro sería mi castigo por querer desafiarlo sin estar preparado para afrontar las consecuencias. Y justo cuando creí que había sido un engaño de mi imaginación.



Santiago Ríos

Editado: 02.07.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar