El precio de mi destino_ Saga Lazos Malditos

Capítulo 9. Lazos destructivos (En proceso)

 

En medio de la confusión y el dolor que causaría, Arthur inclinó su cabeza como señal. Derek, supo el inmenso vacío que causaría la decisión de su tío, pese a ello, se mantuvo a su lado, siguiendo cada uno de sus pasos. No sería fácil para ambos en especial para él quien, de una manera u otra, velo por la seguridad de John desde las sombras. Ahora que la situación había drásticamente para mal lo que menos deseaba era verlo implicado en algo que pudiera incluso quitarle la vida tanto a él como a Rose.

 

Derek recordó con nostalgia los pocos momentos que compartió con su hermano de crianza, a pesar de no ser hermanos de sangre, lo consideró siempre como uno, aunque al final terminó alejando por su propio bien. Antes su vida fue muy tranquila y lejos de cualquier tipo de preocupación, el mundo estuvo seguro del que fue el peor enemigo de la humanidad. Fue imposible dejar de pensar en el futuro de John al instante que Arthur pusiera en marcha su magia. No quiso pensarlo porque por más que lo hacía, su corazón le decía que lo evitara a toda costa. Afortunadamente, el hombre frente a él, se dio cuenta de sus emociones a través de sus ojos.

 

—Me cuesta creer que seas sentimental a estas alturas.

 

Aquella no fue una conclusión sacada a la ligera. Derek no sabía porque Arthur estaba hablando de esa forma mientras lo miraba enérgicamente a los ojos sin ningún tipo de pestañeo.

 

Nadie más que él sabía del peligro que representa Jack en la vida de John y Rose y todas las personas que lo conocieron. Existía una brecha demasiado enorme de riesgo que no podía dejarse a la suerte cuando su única prioridad era una sola.

 

Así que Arthur estaba dispuesto a tomar el riesgo no sin antes, dejar por sentado su rol. El rey de la luz evitaba pagar un doble precio por haber tomado tal decisión. De repente, sintió que su frío corazón empezó a latir con mayor intensidad.

 

—Desearía que no fuese así, pero……parece que lo es. Haré lo que este en mis manos para que tú no cargues un destino peor que el mío.

 

El silencio de Derek continuó. Su mirada estaba fija en los ojos de Arthur que justo en ese momento se encontraba preparado para salir rumbo a la casa de John y Rose.

Espero que entiendas el motivo detrás de esto. No he sido tú enemigo ni lo seré. Los humanos no pueden inmiscuirse en este tipo de peligros y más cuando no tienen el poder para contrarrestar a Deterenium. Este mundo ha sufrido lo suficiente por nuestros errores. Es hora que acabemos con él de una vez por toda.

Arthur se sintió aliviado al ver a Derek asistir. Necesitaba más que nunca un aliado fiel que un enemigo sorpresivo a esta etapa tan crucial.

Derek había conocido a tantas personas durante su vida, pero jamás vio unos ojos tan penetrantes y fríos como los que vio en Arthur. Tuvo miedo después de mucho tiempo y a pesar de estar acostumbrado a estar cerca de él, hubo ocasiones en que su mirada ejerció demasiada presión que parecía una persona completamente diferente a la que conocía.

Asustado y con la piel de gallina. Vació en ocasiones de seguirle. Estaba ansioso o sería mejor decir, tuvo miedo de ir en su contra por reacción. Después de tragar saliva fue por Therese a su habitación, tomó su teléfono con las manos temblorosas y luego de un par de pitidos, John contestó.

—Necesitamos hablar. En veinte minutos estaré allí.  

En la mansión Osterviser, en medio de la noche. Derek llegó en compañía de su hija, Simon los recibió en la entrada con una sonrisa nerviosa. Detrás de ellos, mientras un hombre con una fuerte presencia los escoltaba, abría la puerta cuidadosamente. Simon bajó las escaleras lo más pronto posible al darse cuenta de su presencia. Inclinó su cabeza en señal de respeto y volvió su mirada al frente.

—Mi fiel sirvienta, han pasado muchos años desde la última vez que te vi. Has hecho una excelente labor aquí, mi mayordomo.

—Me honran sus palabras, mi rey. Es un gusto verlo después de tanto tiempo.

Los ojos de Simon brillaban de emoción de tener a su rey frente a él. Su corazón saltaba de alegría mientras que su corazón se rompía rápidamente debido a que su presencia solo significaba una cosa. Con solo verlo directo a los ojos, lo supo. Ese momento que con los años temió, llego.

Habló con Arthur con bastante formalidad alrededor de media hora. Quiso hacerlo pasar para su mayor comodidad, pero él al final no le dio mucha importancia. Con una pequeña sonrisa, Simon se alegró de ver como su rey seguía siendo el mismo a pesar de los años. Nash, por el contrario, no toleraba que el propio gobernante de la luz se redujera a ese nivel, y no pudo perdonar el hecho de estar en un lugar tan informal para recibirlo.




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