El Reino De Los Cinco Elementos

CAPÍTULO 13

El Lobo aprovecho su técnica Cascada de Relámpagos para escapar, salió disparado lejos del Escuadrón. Comenzaba a descender sobre un extenso bosque las ramas de los arboles detuvo su caída, pero también lo castigo con sus ramas cayó sobre el suelo mientras se quejaba de dolor, y la sangre saliendo de las comisuras de sus labios, sus cejas.

Se giró lentamente tratando de incorporarse, sus piernas temblaban no podía mantenerlo de pie aun si movió un poco. Cada dos o tres pasos dados volvía a caer, los ataques de los cinco miembros del Escuadrón y sobre todo recibir su propio ataque con ellos lo había herido profundamente aun así siguió moviéndose apoyándose por los árboles, continúo avanzando hasta llegar a una pequeña cueva.

No podía seguir caminado a través del bosque por lo que se metió en ella, era muy pequeña se agacho y gateo dentro de ella. Noto que la cueva era de un zorro, pero ya estaba abandonada se recostó sobre ella, paso toda la noche hasta el mediodía descansando, parecía haberse recuperado, pero no por completo.

Salió de la cueva y se dirigió hacia al noreste, camino suavemente hasta salir del bosque llego a un pequeño sendero y lo siguió caminando cuando una carreta apareció, él alzo la mano para que se detuvieran y lo llevaran hasta un pueblo. La carreta se detuvo era un hombre junto, a su esposa y sus dos hijos Kate y Tom.

El hombre se bajó a ayudarlo pues notó estaba muy herido y apenas podía mantenerse en pie, junto a su esposa lo recostaron en un pequeño espacio atrás junto a los sacos de maíz. Para él era una gran suerte podía ir descansando hasta llegar al pueblo cercano e ir, a una casa de salud a comprar medicina.

Se acercaban podía ver extensiones de cultivos y gente trabajando, se levantó un poco y noto un pequeño pueblo, no sabía dónde estaba, pero sabía que estaba en los extremos de los territorios del Clan del Viento. La carreta entro en el pueblo y el camino empedrado comenzaba a sacudir la carreta. Finalmente se detuvo el hombre apareció frente a él.

–Aquí lo dejaremos –lo ayudo a bajar y noto que estaba frente a una Farmacia Naturista. –Tome esto le ayudara a comprar medicina. –El hombre le extendió una bolsa con dinero era un hombre muy amable.

–¡Gracias! Pero no lo necesito –rechazo el dinero, de aquel hombre muy cortes miro hacia su esposa e hijos. –úselo para ellos –les dio nuevamente las gracias y aquel hombre partió, junto a su familia a vender sus sacos de maíz.

Él entro dentro la farmacia y lo atendió una señora de mediana edad tenía el cabello oscuro y vestía un largo vestido. –¿En qué puedo ayudarlo? Hablo la señora.

–Deme algo para el dolor.

–¿Para el dolor? –la señora lo miro –permítame revisarlo, lo llevo a un pequeño cuarto donde lo atendió –muy bien venga –salieron del cuarto y la señora comenzó a escoger unos frascos y pomadas y los coloco en una pequeña bolsa de papel –serán quince monedas de cobre.

Él no llevaba monedas de cobre solo de oro y le puso dos monedas sobre el mostrador salió de ahí y se dirigió a buscar una posada. Encontró una taberna donde las sirvientas, no solo servían alcohol también daban servicios sexuales por cinco monedas de oro. Se acercó a la barra y hablo con el cantinero y le pregunto si tenían cuartos para descansar.

–Claro –contesto el cantinero de unos sesenta años dueño del local –siete monedas de plata la noche.

Puso dos monedas de oro pagaba de más por la habitación, al igual que por las medicinas, el cantinero le dio la llave del cuarto número seis. Antes de subir bebió tres tarros de cerveza grandes y subió a su cuarto algunas chicas lo acariciaba mientras se dirigía a su habitación, pero no acogió a ninguna.

Entro a su cuarto y bebió un poco la medicina y se unto la pomada en las partes que le provocaban dolor, se recostó sobre la cama a descansar.

Se había quedado dormido hasta la noche cuando unos golpes, tocaron su puerta se levantó a abrir la puerta, estaba parada una hermosa mesera con su uniforme sosteniendo una charola de comida –le traigo su comida. Y si desea algo más estoy aquí –la chica le acaricio el brazo.

Él sonrió y la miro de forma picara, tomo la charola con su comida –¡Sí! Deseo algo mas –la invito a entrar.

La chica entro y se recostó sobre la cama invitándola a unirse a ella. Él la miro y se sentó al filo de la cama, ella se levantó y comenzó a masajearle los hombros –No quiero que haga esto –la detuvo.

–¿Entonces que deseas?

–A este Bar viene cualquier tipo de persona.

–Si. Todos venían incluso soldados que patrulla por el pueblo, y vienen por algo de diversión.

–Perfecto. –metió su mano en el bolsillo y saco cinco monedas de oro y se las puso en la mano de la chica –si ellos vienen escucha todo lo que digan, cuando se vayan vienes y me cuentas todo lo que escuchaste. Me harías ese favor.

La chica sonrío y asintió con la cabeza y salió del cuarto. Él se dirigió a comer nuevamente se administró la medina y se durmió profundamente. No parecía haber pasado unas tres horas desde que se fue a dormir cuando la puerta sonó se levantó a abrir somnoliento era la chica quien entro dentro la habitación.

–Estoy aquí. Los soldados se fueron y yo también debo irme.



Jairo Lema

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En el texto hay: poderes sobrenaturales batallas, dragones, redención

Editado: 18.10.2020

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