El Septimo Mandamiento

IKER 3

Los Ángeles, California.  

Año 2014. En algún lugar del estado californiano, he aquí la famosa ciudad de las estrellas, donde imperan las bellezas del arte y las ganas de llegar a tocar las verdaderas estrellas, la ciudad de la fama; pero también es esta la ciudad de la apariencia y el abandono de la familia. Tal es el caso de Eunice, una madre con tres hijos, no quería fama, ni tocar estrellas, quería realidad y llena de ilusiones estaba, era una mujer separada del padre de sus hijos, una mujer que a brazo partido es madre, padre y con una pena en el alma, reside en uno de los más pobres vecindarios de California, en la ciudad Whittier.

Iglesia Cristiana. Es la celebración por el día de las madres, Iker esperaba pacientemente a que su madre fuese a su iglesia, pues presentaron un número musical, y él quería que ella lo disfrutase, pues; deseaba darle también un regalo de amor; pero ¿Quién es Iker? Muy bien, Iker es el hijo mediano de Eunice, él tiene 14 años de edad, realmente todos los niños y adolescentes de la iglesia dieron sus regalos a sus madres, solo él no pudo, se quedó con su regalo en las manos, todos lo vieron buscar a su madre con la vista perdida entre el pequeño publico de la iglesia, sus lágrimas eran apesadumbras y corrían por sus mejías, salió corriendo al momento de bajar de aquel pequeño tabernáculo, el hermano pastor, lo siguió hasta la yarda, donde lo encontró sentado con la mirada cimbrada entre sus piernas, con aquellas lágrimas y ojos rojos de su adolorido llanto de amor maternal.

— Hijo. Le dijo el hermano pastor Jordán, se detuvo el chico al sentir la mano de aquel hombre sobre su hombre; pero por su pena no levantó la mirada, de repente con profundo dolor en su ser se lanzó a los brazos de aquel pastor a quien miraba como padre espiritual, a este hombre de Dios, le añadió su desahogo.

— ¡Soy huérfano! Era enternecedor escuchar aquello, mientras a lo lejos, en un restaurante de la ciudad, fungía su madre Eunice, dándole sonrisas a los clientes, era esta una hispana de origen guatemalteca, muy luchadora, emprendedora, con una distinguida sonrisa para la clientela, era esto lo que no le daba a su familia, con quienes se mostraba particularmente con frialdad, amargura y frustración, ahora mismo la mujer se encontraba en su receso de los diez minutos, comía y conversaba junto a un par de amigas.

— Ya casi tengo el dinero reunido para comprarles la casita a mis hijos. Les decía Eunice a sus amigas, esas que la veían como una arruinada sin vida propia, pues; abandonaba a sus hijos para trabajar hasta tiempo parcial; pero nadie podía entender que ella solo quería darles un techo propio y le mejor a sus hijos, cosa que todos los padres desean hacer con sus hijos, y es por ello que a veces sacrifican aunque los hijos no lo entiendan sino hasta que maduran o escarmientan en cabeza propia.

— ¡Que dicha! Le respondía Andrea, una amiga y disimuladamente veía a su otra amiga llamada; Juanita, quien sumaba expresiones de buenos deseos, lástima que solo fueran de dientes para fuera, porque la envidia se las carcomía al ver que Eunice prosperaba aunque sacrificaba lo mejor de su vida, sus hijos.

— Lo malo de todo aquí mujer, es que sacrificaste a tus hijos, a tu familia. Le recalcaba Juanita, realmente el alma de Eunice estaba triste ante su exasperante realidad, por tener algo material abandono lo esencial, aferrándose en el trabajo, y con esto rebatió lo antedicho por Juanita.

— Amigas, solo quien tiene la necesidad lo sabría sentir, cada peso, cada penny (centavo), lo ahorro. Sus amigas la miraban entristecidas, de alguna manera querían darle la razón, y escucharon que ella además les dijo sus argumentos del porque un sacrificio a tal grado—: Reconozco mi error, quizás Dios me castigue duro por estar acumulando tesoros materiales sobre la tierra; pero mis hijos merecen su casa, su cuarto, una camita y yo tenía que sacrificarlos por necesidad, ustedes saben que mis niños duermen en el suelo, he tenido que robar para darles de comer, he dejado de comer por ellos. Quizás, solo quizás tal vez, ella si fue un poco egoísta con sus hijos, al mirar su desfallecida mirada Andrea, su amiga trató de reconfortarla dándole ánimos de amiga.

— Todo sea en nombre de una comodidad para tus hijos, Dios lo comprenderá y te bendecirá por tu duro sacrificio al ser padre y madre para ellos. Era notorio que Eunice quería llorar; pero era de esas que a veces no quería llorar por orgullo, se tragaba esas ganas de llorar, no se imaginaba cuanto daño se hacía haciendo eso, sin embargo sus amigas notaban su profunda alma destruida, a lo que la pobre mujer dijo:

— Aun me duele solo recordad que mi esposo me cambió por otra. Su amiga Andrea le dijo en contestación:

— Te dije, apenas se juntara con artistas te lo iban a quitar, es que él era guapo, y con eso que era fotógrafo y le sacaba foto solo a mujeres hermosas, era lógico que más tarde que temprano se iba a enredar con una lagartona que se dice modelito de tacos. La otra amiga, doña Juanita le dijo con precaución a no lastimarla aun mas.

— Tonta, no vez que eso le duele, se mas cuidadosa con lo que dices. Juanita se refería al irreflexivo comportamiento de Andrea, mientras  Eunice las miraba y les decía afectuosamente:

— Me dejó en la calle, con tres hijos, y sin darme un solo dólar para mantenerlos, ¿ustedes han visto donde vivo, verdad? Esa es mi realidad, es una casita que mi madre me ayudó a comprar en Home Depot, que eso solo es usado como garaje, vivimos como animalitos, peor aún, como si fueramos muebles que no se usan y se guardan en esa bodega, no tengo ni un baño, debo andar buscándole prestado a la señora que me deja vivir en su propiedad, aquí, en el baño del trabajo me lavo los pechos para ir amamantar a mi hijo, entro a ese sanitario de mujeres llena de penas y salgo vestida de alegrías actuadas y así me ven todo el día, sonriendo aunque por dentro me este desmoronando, y ahora es peor, pues; me desmorono físicamente y muy; pero muy lento. La vida de Eunice es la parecida de millones de inmigrantes en busca de un mejor futuro y tras ello se enfocan en lo material y se olvidan de sus familias, provocando con ello grandes estragos que pueden llevarles a la misma cárcel, hospital o muerte.



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En el texto hay: delincuencia, autoayuda, madres e hijos

Editado: 21.11.2020

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