El sótano

Historia corta

Mi abuela tiene una casa muy grande parece de épocas antiguas, tiene habitaciones grandes y vacías, algunas están llenas de baratijas y muebles viejos llenas de polvo y telarañas, mis padres me llevan con ella todos los fines de semana para que me cuide mientras ellos salen a cenar.

Mi abuelita es muy buena conmigo me prepara galletas y me compra dulces, me deja jugar en su casa en cualquier sitio, un día llegue a una puerta que se veía muy vieja, más que las puertas de las habitaciones vacías, sentí curiosidad por saber que había detrás de esa puerta, cuando estaba por entrar sentí un jalón de cabellos, me asuste al ver la cara enfurecida de mi abuela nunca había visto esa expresión en su cara.

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¡ No quiero que vengas a esta parte de la casa, no puedes estar aquí y jamás abras esa puerta!

Exclamó furiosa mi abuela, me saco a tirones de mi cabello. Nunca la había visto así, me dio mucho miedo.

Mis padres llegaron por mi poco después de eso, pregunte a mis padres lo sucedido a lo cual no dieron importancia, solo me dijeron que obedeciera y callara.

Pasaron más fines de semana y la intriga no cabía en mi cuerpo, ¿Que había tras esa puerta?, ¿Por que no puedo saberlo?, las preguntas las repasaba en mi cabeza una y otra vez, decidí averiguar fuera como fuera lo que había ahí atrás.

Un fin de semana, como costumbre me llevaron con mi abuela pero esta vez iba preparado, tome un frasco de pastillas para dormir que usa mamá cuando tiene insomnio, hice polvo un par y lo Vertí sobre el té que acostumbra a tomar mi anciana abuela, solo fue cuestión de esperar.

Cuando se quedó profundamente dormida, me dirigí rápidamente a esa misteriosa puerta, la abrí y me percate que era un sótano, encendí la luz y baje con cuidado las escaleras, no había nada extraordinario, 
– ¿tanto drama para esto?, me pregunté a mi mismo, estaba a punto de salir cuando escuche lamentos que salían de la pared, creí que lo estaba imaginando, me acerque para cerciorar, no, no lo imagine, había una puerta escondida, abrí esa puerta y lo que vi…… Hizo que por poco me desmayara de la impresión.

Hombres y mujeres desnudos, sucios y cubiertos de sangre estaban encadenados a la pared. – POR FAVOR AYÚDANOS, exclamó uno de los hombres, impactado por lo que mis ojos veían tarde en reaccionar.

Les pregunte que es lo que pasaba como llegaron ahí, por que estaban así.

Apenas y puedo creer lo que me narraron de mi dulce abuela, una mujer mayor solicita jóvenes para trabajos pesados en su casa, un anuncio de periódico donde Estaba la dirección de la casa.

– Todos llegamos aquí por ese anuncio, pero ya no hemos vuelto a salir desde que llegamos, nos invita una tasa de té mientras nos cuestiona, poco a poco nos empieza a dar sueño y cuando despertamos estábamos aquí, encadenados y desnudos.

Me explico uno de los jóvenes.

– Nos obliga a mantener relaciones sexuales entre nosotros, para después unirse, si alguno de nosotros se niega a su petición, nos corta con una navaja un dedo del pie, y se lo come en frente de nosotros, como puedes ver, algunos ya nos faltan dedos.

No podía creer lo que estaba escuchando, ¡me negaba a creerlo,!,¡ NO PODÍA SER VERDAD, DEBÍA SER UNA BROMA DE MAL GUSTO!.

– El que lleva más tiempo aquí, esta hasta al fondo de este cuarto, el…. Ya no tiene un pie, esa vieja loca terminó contándoselo cuanto ya no tuvo más dedos que cortar.

Una oscuridad vino a mi, me desvanecí en el suelo, cuando desperté estaba en la misma situación que esos jóvenes, desnudo y encadenado.

-Lamento que terminaras aquí, te dije que no te acercaras pero desobedeciste, me drogaste y entraste donde te prohibí, ahora serás parte d mi colección de placer, siempre quise experimentar el sexo con un niño y ahora lo sabré.

Quise gritar pero esa maldita vieja loca coció mi boca con hilo, ahora solo me queda morir.



Martha Morrigan

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En el texto hay: sangre

Editado: 22.02.2018

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