El Tigre y el Dragón

Capitulo 06. Venganza, tal vez

Rurouni Kenshin
El Tigre y El Dragón

Wingzemon X

Capitulo 6
Venganza tal vez

Shanghái, China
15 de Octubre de 1877 (4574 del Calendario Chino)

- Tranquilos todos. – Contestó el albino, agitando una mano; en realidad no tenía idea de quién era ese hombre que se disculpaba o si debía o no aceptar su disculpa. En lugar de esto, prefirió concentrarse en el verdadero protagonista del incidente. – Hei-shin, Hei-shin. Creo que no estamos siendo muy buenos anfitriones. El señor Amakusa se ve un poco estresado. ¿Le han ofrecido algo de beber? Relájese... fue sólo un baile.

Enishi volteó a ver al castaño con una amplia sonrisa, a simple vista amistosa, pero que no hizo más que incrementar su enojo, pues fácilmente era capaz de ver a través de su máscara. Claro, que en cierta forma, era una máscara bastante transparente, pues en realidad Enishi, no tenía intenciones de esconder nada.

Sin decir más, el líder del Feng Long comenzó a caminar hacia un lado, y todos le dejaron el paso libre; era casi como ver a un grupo de vasallos abriéndole camino a alguien de la realeza.

- ¿Les parece bien si salimos de la pista? – Comentó mientras caminaba. – Creo que estorbamos.

Xung-Lang se apresuró rápidamente, parándose a medio metro de la espalda de Enishi, y siguiéndolo, mirando frecuentemente con desconfianza hacia los extraños, aunque dos de ellos no eran tan extraños; él también los había reconocido del incidente del día anterior.

Hei-shin también comenzó a seguirlo, siendo escoltado a su vez por sus cuatro guardaespaldas. Sin embargo, antes de dar el tercer paso, volteó a ver hacia la orquesta, la cual se había detenido tras lo ocurrido, y de inmediato el segundo del Feng Long les hizo el ademán con la mano de que continuaran, orden que obedecieron de inmediato y la música continuó.

Un minuto después, el jefe y subjefe ya estaban afuera de la pista del baile; sólo unas cuantas parejas continuaron bailando, el resto prefirió volver a su mesa. Esperándolos hacia donde se dirigían, se encontraba Hong-lian, con su puro en la boca. Ya no se encontraba acompañado de su esposa.

- ¿Todo está bien aquí? – Preguntó el anfitrión de la fiesta, tomando su habano entre los dedos.

- Sí, claro maestro Hong-lian. – Contestó de inmediato Enishi, manteniendo la misma naturalidad de siempre. Seguido, se giró hacia atrás, notando como sus "invitados" también los seguían, aunque no todos de buena gana. – Ellos son...

- Ellos son el señor Amakusa, y el señor Kaioh, nuestros invitados. – Interrumpió rápidamente Hei-shin, dejando a Enishi con la palabra en la boca.

Enishi parpadeó confundido un par de veces. ¿Por qué había hecho eso? Se le ocurrían dos posibles razones. La primera era que suponía que él no sabía quiénes eran aquellas personas, y por lo tanto consideraba su responsabilidad realizar las debidas presentaciones, antes de que fuera a decir algo que no era. La segunda, era que intentaba de alguna manera mantener el "control" del asunto, pues sentía que era su asunto; él era quien había tenido contacto previo con ellos, y prácticamente quien los había invitado después de todo. Claro, había una tercera opción, que era el hecho de que estaba molesto por lo de hace un rato atrás. Cualquiera que fuera, Enishi no le dio mucha importancia; al final de cuentas, daba igual quien presentaba a quien.

- Oh, claro, claro. – Contestó Hong-lian con cierta indiferencia, como si se tratara de un tema que no tuviera que ver con él. – Los cristianos, ¿no?

Shougo y Magdalia parecieron sobresaltarse ligeramente ante esa forma tan despectiva de pronunciar "los cristianos"; lo hacía sonar casi como si hubiera dicho "los perros", y de cierta forma estaban casi seguros de que esa era su intención oculta.

- Sí, los cristianos. – Agregó Hei-shin, y luego se aclaró un poco la garganta. – Dado este "incidente" que acaba de suscitarse, creo que será mejor posponer nuestra reunión para otro día. Sería lo más prudente, espero nos comprendan.

Kaioh se sorprendió al escucharlo decir eso, y viró de golpe su mirada hacía el subjefe del Feng Long. Una sonrisa forzada surgió en sus labios, aunque ésta era apenas visible.

- Ah, por supuesto, lo entendemos. – Contestó el hombre rapado, sabiendo que ese "posponer la reunión", podría ser lo mismo que cancelarla para siempre.




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