Elisa

No puedo darle nada para el dolor

 

Ignacio desenfundó su pistola y entró primero. Apenas ingresaron a la casa observaron una pequeña marca de sangre cerca de las escaleras y luego un goteo, que iba hasta el teléfono y luego al baño de visitas. Mientras Sebastián seguía el rastro, Ignacio hizo un barrido de la propiedad al tiempo que llamaba a la policía.

 

Al entrar al baño la vio acurrucada en posición fetal, muy quieta. Cuando colocó sus dedos sobre el cuello de Elisa y sintió un débil pero constante latido, respiró con alivio. Mientras se quedaba a su lado llamó a la ambulancia. Ignacio se unió a él poco después.

 

— ¿Está...?

 

—Viva, la ambulancia viene hacia acá.

 

Mientras veía como los paramédicos le subían en la ambulancia, Ignacio llamó a sus amigos.

 

—Ignacio, has llamado justo a tiempo. Estamos en el club por si quieres llegar.

 

—Alejandro, me encuentro en tu casa. Han atacado a Elisa.

 

— ¿Está viva?

 

—Sí pero ignoro su condición. Ya la trasladan al hospital.

 

—Nos vemos allá.

 

Debido a una fuerte conmoción, Elisa debía permanecer en el hospital cuarenta y ocho horas, además le dieron cuatro puntadas en la cabeza. Para tristeza suya, poco después de que recobrase la consciencia y tras comprobar que estaba bien, sus padres regresaron a casa a descansar.

 

Unos diez minutos después se quedó dormida. Sebastián estaba en sentado en una pequeña sala de la habitación privada. Fácilmente podía decir que su padre estaba enfurecido e indignado al igual que él. Ambos creían que Alejandro e Daniela tendrían que haberse quedado con ella.

 

—Basándome en esto puedo comprender la depresión en la que está Elisa.

 

—Lo sé papá, por ello he llamado a mis superiores para pedir una semana más.

 

—No es necesario...

 

Ambos se volvieron hacia Elisa, quien les observaba detenidamente.

 

—Mis padres están viejos y se cansan con facilidad.

 

—Hice averiguaciones Elisa, han estado yendo al club las últimas dos semanas, para eso si tienen energía.

 

—Debes ir a Quántico, no puedes atrasarte por mi culpa tío. Y en cuanto a Sebastián...

 

—Me quedo Elisa y no hay discusión. Aún no han encontrado al responsable.

 

—Sé quién es....

 

— ¿Lo sabes?

 

Elisa tenía dolor, eso era evidente así que Sebastián accionó el timbre de emergencias que se encontraba en la habitación. Segundos después entraba la enfermera que estaba de guardia.

 

— ¿Si señor?

 

—La señorita Morales tiene dolor.

 

—No le toca hasta dentro de dos horas. 

 

En una fracción de segundo, Ignacio se levantó del sillón y encaró a la joven enfermera.

 

— ¿Pretende decirme que mi ahijada debe aguantar dolor así como si nada?

 

—No es decisión mía, el señor Morales dejó la orden para que el médico le administre lo necesario, sin excesos.

 

—Eso es poco ético por parte del médico, su deber es garantizarle a mi ahijada lo que necesite para estar sin dolor.

 

—Señor, no puedo hacer nada pues mi puesto peligraría. Solo puedo seguir las órdenes de mi jefe quien a su vez sigue las del padre de la joven.

 

—Voy a llamar a inmediatamente a Alejandro, pero le advierto que si usted está mintiendo lograré que la echen de acá por trato inhumano.

 

La enfermera dio un paso atrás, Ignacio era conocido por sus técnicas de intimidación, Sebastián sentía algo de pena por la pobre mujer.

 

 

 

 



Angie Rossi

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En el texto hay: peligro, acosador, romance drama

Editado: 08.11.2018

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