Emma, la caída de un ángel

Capítulo 9

No dejé de pensar en el abrazo de Jared.

Me sentía querida cuando él me demostraba su afecto, y sus palabras fueron las que me hicieron tomar una decisión.

Mi madre no podía aparecerse de la nada y querer que vuelva a ella como si nada hubiera pasado, como si todos estos años hubieran sido fáciles para mí y para mi hermano. No.

Yo no regresaría con ella.

Eran las 3:00 a.m. Y me puse unos jeans y una blusa de tirantes.

Abrí mi ventana y salí al tejado decidida a ir en la dirección que me dictó Zayd.

Cerré de nuevo la ventana y desplegué mis alas, corriendo por todo el techo de la casa y alzando mi vuelo.

El viento aún era limpio y tranquilo, resultaba realmente tranquilizador.

Pero algo no cuadraba bien...

Miré al cielo y me pareció ver unos cuantos ángeles salir de él.

Descendí y me escondí en unas paredes de las casa entre las sombras.

Los ángeles prácticamente no tenían autoridad de bajar al mundo de los mortales, excepto los custodios.

Pero estos eran diferentes.

Portaban armaduras y sus espadas encajadas en la cinturilla de sus caderas.

Podría apostar que eran vengadores.

Extrañamente no se dirigían a mí, sino que esperaban en silencio y sin moverse.

La pregunta era que esperaban.

Me acerqué para tener una mejor visión de ellos.

Al parecer no hacían ningún movimiento.

De entre las sombras salió Milton.

Me quedé observando estática la escena.

Platicaban entre ellos pero sus voces no llegaban, es como si hablaran en silencio.

Extrañamente y sin explicación, Milton giró su cabeza como si pudiera olerme a millones de kilómetros y esbozó una sonrisa tenebrosa.

Ahogué un grito y extendí mis alas volando lo más rápido que dieran, dejando a Milton y sus vengadores atrás.

Volé sin rumbo, pero en varias ocasiones miré atrás y pude divisar a Milton y a sus vengadores.

Lo peor de todo era que la última vez que miré, los vengadores se dispersaron dejando a Milton detrás de mí.

Tendría que estar más alerta pues estaba segura de que me llegarían por sorpresa por todos lados.

Volé más rápido tratando de zafarme de Milton.

Un vengador se puso en frente y yo descendí, bajando un solo pie y al llegar al suelo corrí por toda la calle dejando uno atrás y al voltear pude ver como Milton chocaba contra él y el vengador descendía por la fuerza del impacto.

Sonreí y alcé mi vuelo de nuevo.

Dos vengadores llegaron por los costados y yo volé hacia el cielo para que estos chocaran entre sí.

Otro trató de atraparme pero junté mis alas y volé en espiral hacia él derribándolo y quitándolo de mi camino.

Sonreí mirando atrás, y apreciando los 4 vengadores en el suelo.

Al volver la vista al frente dos vengadores sostenían una red y por la velocidad que llevaba no podía parar.

Me estampé contra ella y los vengadores la cerraron cargando mi cuerpo como costal.

Afortunadamente antes del impacto guardé mis alas para no dañarlas.

Luché contra la red y Milton se acercó a mí.

—Te encontré, maldita. — me sonrió mientras yo lo miraba con odio.

— ¿Qué quieres Milton? — pregunté tratando de romper una soga de la red con una pequeña navaja de bolsillo.

— Nadie le dice que no a Milton. — mantuvo esa sonrisa suya tan arrogante.

Milton les dio una señal a los vengadores para que lo siguieran y todos alzaron vuelo al cielo.

Lo que era realmente extraño era que cuando estábamos en las alturas los vengadores que anteriormente estaban tirados en el suelo desaparecieron.

Volamos por encima del bosque y solo faltaba una soga para poder escapar de ahí.

Rápidamente la soga se desprendió de sus adyacentes y la red me escupió como si no soltara peso.

Mis manos y piernas señalaban al cielo cayendo directamente al vacío. Éstas luchaban por sostenerse a algo.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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