Emma, la caída de un ángel

Capítulo 12

Corrí a la ventana y salí de ésta al tejado moviendo mi cabeza, tratando de distinguir de donde provenía el grito de Aine.

Finalmente detecté cierto movimiento calles abajo.

Sin pensarlo corrí por todo el tejado de la casa, olvidando mis heridas por completo, y desplegué mis alas.

Volando con más rapidez de lo que podría soportar en mi estado, perseguí al ángel que llevaba a Aine como un objeto, balanceándolo cual juguete y eso solo hizo que mi sangre hirviera.

Aine me miró y vi sus ojos llenarse de lágrimas.

Mi corazón se destrozó con su gesto.

Volé más rápido sin darme cuenta que entrabamos a una zona de casas muy altas, en las que, el intruso en el mundo de los mortales, esquivó con facilidad. Mientras yo me confundía.

Tomé un camino alternativo y llegué por el lado contrario a donde él venía.

Llegué por su frente y me preparé para el impacto que recibiría si él no se detenía a tiempo.

Pero éste gruño volando al cielo.

Sin pensarlo lo seguí.

Al encararlo lo observé con detenimiento.

Él me brindó una de sus sonrisas arrogantes, esas con las cuales estaba más que familiarizada.

— Suéltala. —  gruñí mirándolo con ira.

— Cómo quieras. —  me sonrió sin dientes y soltó a Aine.

Ésta soltó un grito del cual me percaté.

Horrorizada bajé en picada por ella.

Aine tenía sus manos hacía mí al igual que sus piernas por la fuerza con la que caía.

A unos centímetros de su mano, ella miró con alerta detrás de mí.

No me importó y la tomé de la mano.

Milton llegó por detrás y me tomó con brusquedad.

Yo no solté la mano de Aine en ningún instante.

— No te vas a escapar de nuevo. —  gruñó Milton en mi oído.

—  Mira lo bajo que te has rebajado por una mujer. —  escupí con desprecio.

Él voló más alto hasta quedar un metro aproximadamente arriba de las enormes casas.

Balanceé a Aine y la empujé de forma que cayera encima de un techo de la casa.

Al asegurarme de que Aine había caído y su mirada se elevó con horror, le di un codazo en las costillas a Milton, haciendo que me soltara y se doblara del dolor.

Volé rápido hacia Aine y la tomé conmigo sin pararme.

Volé más cerca del suelo por si tenía que soltarla de repente.

Escuché a Milton gritar mi nombre.

Miré detrás de mí y lo vi lanzando un poste de luz a mi dirección.

Abrí mi boca y solté a Aine.

Me di la vuelta y el poste impactó conmigo enviando mi cuerpo al duro cemento.

Sin embargo solo causo unos daños no tan graves para detenerme.

Me giré para ver a Aine encima de un césped, ella no había sufrido tanto daño así que no me preocupé.

Me zafé del poste y cuando traté de levantarme, Milton dio una patada en mi espalda.

Después levantó mi cabeza y me susurró al oído:

— Por qué no terminamos de una vez con tu problema.

— No sé a qué te refieres. —  le dije en un jadeo por el dolor.

— Tus hermosas alas son lo más atractivo de ti, hermosa Emma.

Me alarmé y sintiendo la adrenalina subir por mi cuerpo.

Lancé una patada con fuerza sobrenatural, enviando a Milton por encima de mi cabeza y estrellándolo contra un anuncio de pizzas.

Bendita sea la pizza.

No perdí el tiempo que la inconsciencia de Milton me dio y volé hacia Aine tomándola como anteriormente lo hice.

— No tengo tu resistencia cariño. —  se quejó suavemente.

— Ya va a pasar. —  dije mirando al frente. —  Todo esto es mi culpa. —  dije con unas pocas lágrimas en los ojos.

— No, Emma. —  replica ella. —  Eres mi hija no tienes culpa de nada.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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