Emma, la caída de un ángel

Capítulo 49

Después de haber llamado a los ángeles sanadores y que se llevaran consigo el cuerpo de Naty para hacer su iniciación, Milton les explicó a las chicas que lo hacían para llevar su alma junto a sus ancestros para que pudiera descansar en su pedestal junto a los que ama y los que la amaban.

No podía negar que también había soltado unas cuantas lágrimas, porque después de todo, yo sí la conocía, y había pasado un buen tiempo con ella. Pero la perdida de ellas era mucho mayor que la mía, por el simple hecho de haber convivido más con Naty.

Lo único que pude hacer para agradecerle a Naty el favor de proteger mi espada para evitar un desastre, fue que purifiqué su alma y la de toda su familia, para así ir a descansar sin tener que pasar por el limbo.

Helen se acercó a mí cabizbaja mientras luchaba por mantener las lágrimas a raya. Al llegar al frente de mí levantó la cabeza y me dejó ver dentro de sus ojos.

Estaba destruida...

— Emma... Las chicas y yo lo hemos estado pensando y... — sorbió su nariz para después abrazarse a sí misma. — Quisiéramos pedirte de favor que le preguntaras a Verno... Sobre esto, pues tú misma has dicho que fue un demonio el que quería la espada...

— Se lo debo a Naty. — asentí y después dejé la armadura fría que me impedía ver su sufrimiento y la abracé.

Helen se aferraba a mis hombros y lloraba desconsolada por la perdida y la muerte de su amiga. Acaricié su cabello y dejé que se desahogara tanto como pudiera... Porque yo sabía que le hacía falta.

— Era tan joven, ni siquiera había terminado de ver su serie favorita. — se secó las lágrimas recordando a Naty como era antes de convertirse en ángel. — Pero fue fuerte, también sería buena idea preguntar para qué diablos quieren tu espada.

— No te preocupes, Helen, voy a llegar al fondo de esto. Lo prometo. — le di una sonrisa y después fui con Milton.

Jared y Milton discutían sobre la posible razón de querer la espada tanto como para matar a un ángel, quien por cierto, por su escaso entrenamiento fue una presa fácil.

— Tal vez sería buena idea ir ahora a preguntarle a Verno, Emma. — dijo Milton con sus brazos cruzados.

— Ella no va a ir sola. — dijo Jared tomando su espada.

— Si voy acompañada y en señal de venganza lo tomarán como advertencia de amenaza... Será mejor que vaya sola. — dije negando con la cabeza.

— Sabes que ni loco te dejaría ir sola. — reclamó Jared mirándome con los ojos muy abiertos.

— No te pongas así, Jared, ellos no son nuestros enemigos y lo dejaron bien en claro. — negué de nuevo y vacilé entre llevar la espada conmigo.

— No la dejaremos sola, Jared, vamos a asegurar el área pero sin acercarnos demasiado. — dijo Milton viendo a los ángeles que preparaban sus armas.

Jared asintió y fue por mis hermanos, Leik, Anton y Crescente que consolaban a las chicas.

— No llevaré mi espada. — le dije a Milton mientras caminábamos a el círculo de armas y tomé un arco. — Es demasiado peligroso ahora que sé que alguien está buscándola. No la portaré hasta que sepa para qué la quieren.

Milton me dio la razón con un asentimiento de cabeza y les decía a todos los ángeles que nos acompañarían dónde debían estar exactamente y que no actuaran hasta que se les diera indicaciones.

Toqué él hombro de Milton haciendo que volteara a verme.

— Voy a adelantarme. — avisé para después colgarme un arco y tomar unas cuantas flechas por si se ofrecía la ocasión.

Me giré y caminé hacia los árboles y los miré melancólicamente parando mi caminar. La brisa los movía y también a mi cabello, y no sabía la razón por la que mi corazón me decía que algo iba a ir mal hoy... Pero decidí no dejar nada a la deriva y volteé a donde Jared estaba parado recogiendo sus cosas, sin pensarlo corrí dejando las flechas de lado y lo tomé del cuello besándolo sin dejarlo reaccionar.

Era un beso diferente, era cargado de amor y agradecimiento, le estaba reflejando cuanto lo quería y cuanto agradecía que dejara todo y viniera conmigo solo para estar a mi lado.

Eso... Sin duda era amor, y yo amaba a Jared.

Despegamos nuestros labios y pegue mi frente a la de él. No sé por qué era el repentino presentimiento de que lo vería por última vez...



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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