Emma, la caída de un ángel

Capítulo 66

Jared

Emma no recordaba nada, eso estaba claro, pero tenía que investigar el por qué de su repentino cambio.

Según lo que Verno explicó una vez llegamos a Guilea fue que la nueva Emma recibía órdenes en latín, pero yo no recuerdo haber ordenado nada, ni siquiera en los alrededores y Emma no podía escuchar a Baruck o alguien que le ordenara pues estábamos solos.

Tenía que buscar una explicación.

Nos instalamos en Guilea como nos había sugerido Emma, Verno estaba exhausta por lo que le dejamos una cama grande y cómoda. Los demás buscaron en la bodega, que para estar abandonada estaba muy bien cuidada. Yo dejé mi habitación al final del pasillo por si acaso, y todos los demás se instalaron en las puertas contiguas.

Habían muchas habitaciones para mi gusto, y no entendía el por qué ó la necesidad de tener tantas habitaciones para una sola persona.

— Son para sus sirvientes. — habló Verno sin abrir los ojos.

La miré confundido. Estaba en la habitación de Verno para ver como iba su profunda herida en el brazo, llevaba más o menos 6 horas sin despertar, pero me asombró que adivinara mis pensamientos.

— Baruck procura darles la comodidad que necesitan, a pesar de ser muy cruel y letal, siempre da la comodidad necesaria para su personal de servicio, incluso sus enemigos. — se levantó con una mueca de desagrado. — Tiene un buen corazón... Algunas veces. — dijo pensándolo mejor.

Asentí y me dije que por lo menos Emma estaría bien y a salvo hasta que fuéramos a rescatarla. Pero no podía tardarme mucho tiempo, quería tenerla en mis brazos lo más pronto posible.

— Baruck no la va a seguir manipulando. — le dije a Verno con los ojos llenos de rabia. — Es muy enfermo lo que está haciendo con ella.

— Él es un niño, Jared. — Verno se acercó a un vestidor y encontró ropa de súcubo, era muy excéntrica pero a ella no le importó y siguió inspeccionando. — Es un sueño desde la infancia, se obsesionó y los sueños pueden llegar muy lejos. Lo suficiente como para torturar a las personas o matarlas en el intento. — Verno lanzaba prendas a la cama mientras me explicaba.

— Emma me dijo algo antes de que nos fuéramos. — le confesé a Verno. — Ella dijo que entrenara más a todos, en especial a las mujeres. — evité la palabra "súbditos" que Emma había dicho.

— ¿Te dijo eso? — se burló mientras encontraba lo que buscaba.

— ¿Tiene algo de malo? — dije frunciendo el ceño.

— Claro que no. — me miró sonriendo. — Es solo que, si te advirtió eso fue porque ya ha luchado contra una súcubo — rió mientras husmeaba en la cama entre las prendas.

— Me dijo que Baruck la había hecho pelear contra 3 súcubos sin ninguna arma, y que venció a una en un día. — le dije reprendiéndola, no era motivo de risa.

— ¡Pero mi hermano es un idiota! — explotó ésta vez sin reír. — ¡¿Sin ningún arma?! ¡¿Contra tres?¡ ¡No debí dejar que se cayera tantas veces de los árboles! — gritó y se tocó las sienes con frustración. — Ella pudo haber muerto. — dijo con la vena notándose en su frente. — Pero qué diablos tiene en la cabeza. — dijo viendo por la ventana. — Debe ser adoptado.

Sonreí de lado por ver la frustración que su hermano le causaba, era divertido ver como Verno le tomaba mucha preocupación a lo que haría Baruck a continuación, pero no lo hacía de la misma forma que yo lo hacía, sino como su instinto de hermana sobre protectora.

— Eso significa que tenemos que comenzar a entrenar si queremos que estén preparadas. — dije caminando a la puerta.

— ¡Jared! — llamó Verno y me detuve volteando a verla. — Diles a las chicas que vengan aquí en una hora, estaré saqueando todos los armarios y obtendré nuevas prendas para todos, no pueden andar por la vida con esas ropas rasgadas. — negó con la cabeza a la ropa que tenía en sus manos.

Me reí y asentí con la cabeza cerrando la puerta tras de mí, me encontré a Milton caminando por el pasillo y lo llamé.

— Diles a todos que entrenaremos, tú y yo nos encargaremos a las chicas, Leik y Crescente de los chicos. — le dije y él asintió con la cabeza yendo por las puertas de los dormitorios y avisando a todos.

Fui a mi habitación y me puse mis botas de combate, éste tenía que ser de los entrenamientos más duros que haremos, pues las chicas tenían que estar fuertes, y si acababan exhaustas, tendríamos que atrasarnos un día para salvar a Emma.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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