Emma, la caída de un ángel

Capítulo 74

Jared

Jared... Te amo

Mi espada paró a milímetros del cuello de Emma. Me paralicé al escuchar esas palabras en mi mente, como si Emma estuviera aquí.

Si me escuchas... Te rogaría le pegaras en la cabeza para que no siga las órdenes de Baruck... Pero yo sé que no lo haces... Así que sólo, mátame. Sé que lo haces por nuestro bien.

Mis ojos quedaron abiertos con mucha impresión, sin dudarlo bajé mi espada y busqué un pedazo pequeño del techo roto y lo dejé caer en la cabeza de Emma sin mucha fuerza.

Ella se quedó confusa cuando me alejé pero cuando la piedra le cayó rápidamente se quejó del dolor y empezó a tomar la parte afectada de su cabeza dando vueltas en el techo.

— ¡Duele!— dijo rodando y poco a poco volvía a como la vi cuando bajó las escaleras, a su forma casi normal.

— Perdona. — dije agitado. — Iba a matarte y no quería hacerlo.

Emma abrió los ojos al ver donde estábamos.

— ¿Y Baruck? — asomó su cabeza por el hoyo del techo y lo divisó peleando contra Milton, quien protegía el cuerpo de Verno y rodeada por Helen y Pamela, quienes hacían equipo mientras Zianya la ayudaba a levantarse junto a Anton.

— Vámonos. — tomé su brazo con brusquedad.

— ¿Qué? — dijo sin comprender mi fuerza en su brazo y tratando de zafarse.

— ¡Vámonos!— repetí al borde del techo y asegurándome de que los ángeles cuidaran.

— ¡No! — se soltó de mi agarre mientras retrocedía al vacío. — No puedo dejar que maten a Baruck.

— No te estoy preguntando Emma, vámonos. — avancé hacia ella y ella retrocedió un paso quedando más cerca del hoyo, pero ella no estaba enterada de que si retrocedía unos pasos más caería. — Emma, no...

Ella retrocedió uno más y negaba con la cabeza frenéticamente.

— Tú no entiendes. — dijo con lágrimas y tocando su pecho. — Él no puede morir, no puede.

— Emma... — avancé y ella retrocedió quedando a un paso de su caída. — No avances un paso más, te lo suplico, quiero hablar.

— Pero yo no quiero hablar contigo. — dijo dando un paso atrás.

Ella perdió el equilibrio al apoyar todo su peso en el pie que tocaba la nada y con ojos abiertos como platos cayó en el hoyo del techo agitando manos y piernas.

Me lancé por el hoyo con las alas guardadas para aumentar la fuerza de mi caída, pero ella sólo miraba mi cara con miedo. Pedía ayuda a gritos y por un momento se me a figuró a Emma. Sus ojos, su pelo, eran lo único que seguía igual.

Apresuré mi caída y la tomé antes de que llegáramos al primer piso y me elevé dejando el techo debajo de nosotros. Pero Emma forcejeaba conmigo rogando esta vez que la soltara, daba manotazos.

Ya elevado por el castillo ella tomó una de mis alas y la jaló haciendo que gruñera de dolor y la soltara sin querer.

Esta vez tardé un poco más en reaccionar y abalanzarme a ella, la caída provocaría su muerte pues ésta vez era el cuádruple del castillo.

No la alcanzaría, pero haría lo posible para salvarla, las lágrimas brotaron de mis ojos estirando una mano para que ella tratara de tomarla.

Pero al ver su expresión, ella derramó unas lágrimas y éstas me golpeaban la cara. Ella tenía una sonrisa y por primera vez en que la vi convertida pude distinguir esa chispa que tenía ella con la que habían convertido.

Emma quería el bien y no la guerra, no quería que nadie muriera por malo que fuera.

De mis ojos salieron lágrimas mientras el viento golpeaba mi cara y sacudía el cabello de Emma hacia arriba.

Por más que trataba de alcanzar su mano no podía, y ella sólo miraba mi cara con una sonrisa y lágrimas en sus ojos.

No quería tener esa expresión en ella si era la última vez que la vería.

Te amo... Jared.

Y la expresión en ella cambió, pude ver como su expresión pasaba de la sonrisa a una de terror, veía con ojos vacíos a mí y fue como si algo se rompiera por dentro suyo mientras caíamos. Su cuerpo se retorció una vez y después desprendió una luz que cegaba. Sin embargo mantuve los ojos abiertos por la impresión.

Ella desprendía luz, todo su cuerpo lo hacía y una vez que la luz disminuyó sus ojos volvieron a su color que tanto amaba, su piel volvía a su color pálido y natural y sus facciones volvían a ser los hermosos rasgos de los que me enamoré.

Emma volvía a ser Emma sin ninguna explicación.

Ella vio a su alrededor confundida y después me miró. Miró mi cara con atención, como si pensara que todo fuera un sueño, cuando se dio cuenta que de que era realidad sonrió.

Era Emma. La verdadera Emma. Ella nunca desapareció, siempre luchó, como toda una guerrera.

— Jared... — susurró y la escuche a pesar del viento. Sus ojos se abrieron con impresión y trató de volar pero sus alas solo provocaron que se volteara y ahora sus manos se ponían en defensa a abajo. — ¡Jared! — gritó ésta vez tratando de volar, pero no funcionó aunque si ralentizó su caída y esto me ayudó para tomarla de la cintura.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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