Emma, la caída de un ángel

Capítulo 85

Jared

— ¿Segura de que no quieres quedarte un rato más? Hace mucho tiempo que no los ves. — le sugerí a Emma mientras Aine y Elián escuchaban con atención a Verno quien contaba gustosa su historia.

Cuando les contamos a Aine y a Elián que la súcubo que estaba sentada en su sala era nada más y nada menos que la hija del mismísimo Asmodeus.

— Los visitaré cuando todo éste asunto termine. — dijo ella sin apartar la vista de su madre y su padre.

— ¿Y si no vuelves a verlos? — dije sopesando sus palabras. Obviamente Emma necesitaba todo mi apoyo en esta situación que estábamos pasando, pero ella también tenía que ver del otro lado de la situación, no quería ser negativo ni mucho menos, pero me hubiera gustado despedirme por lo menos una última vez de mi padre o de mi tía y ahora que Emma tenía la oportunidad me gustaría que la aprovechara.

— Entonces ellos sabrán que los amo. — dijo neutramente y se levantó de su lugar para abrazar a Aine y susurrarle unas cosas al oído y después repitió el mismo paso con Elián.

— Feliz cumpleaños adelantado. — susurró Aine en el oído de Emma y ella se tensó.

Su cumpleaños era en tres días y hasta ella lo había olvidado por todo el estrés que conllevaba el asunto de ser una Suprema. Apostaba que a partir de que se convirtió en una sus años parecían no contarse puesto que no envejecería así tuviera un siglo. Tal vez su cuerpo maduraría pero sus imperfecciones y su edad no avanzarían conforme su edad, así como yo. Pero en cambio si su cuerpo experimentaba un cambio (así como el embarazo o el ser abuela) cambiaría conforme su etapa.

Nerea se despidió de ellos dos muy afectivamente como si fueran sus padres y Verno simplemente hizo un asentimiento con la cabeza.

— Vámonos. — ordenó Emma y todos la seguimos a la salida, sin embargo ella siguió avanzando mientras yo me despedía calurosamente de los padres de mi novia.

Verno, Nerea y yo caminamos detrás de Emma y ella iba cabizbaja.

— ¡Emma! — gritaron su nombre y ella levantó la cabeza para toparse con una chica de cabello morado. — Oye, oí que tú y Jared aparecieron de nuevo. — dijo cuando dejó de correr en dirección a ella. — Que gusto que hayan vuelto.

— Jamás nos fuimos. — dije llegando al lado de Emma y abrazándola.

— ¿No? Que raro, no los había visto por aquí, en fin. — tomó aire y puso una gran sonrisa. — ¿Cómo les va con su bebé?

Cuando la chica dijo bebé Emma levantó sus alertas y la vio horrorizada.

— ¡¿Bebé?! — abrió los ojos como platos y pude escuchar las carcajadas de Verno a nuestras espaldas. — ¡Tenemos 17 años y tú dices que tenemos un bebé! — Emma movía frenética sus dedos.

Recuerdo que tu cumpleaños es en tres días, aún no tienes 17.

Hablé en su mente y puse cara pensativa.

¡Es lo que menos importa! ¿Un bebé? ¡Yo! ¿Me veo gorda o qué?

Decía como si estuviera haciendo la mímica que casualmente hace con sus manos cuando se desespera.

Tú, mi bella Emma, tienes un cuerpo de Diosa.

Ella se tranquilizó un poco y un sonrojo cubrió sus mejillas.

Pero lo prefiero sin ropa, grrrr.

Emma abrió los ojos y sacudió la cabeza frenéticamente sin apartar el sonrojo de sus mejillas.

— Como sea. — se apartó de la chica y caminó sin voltear atrás. — Es imposible que tenga un bebé a mi edad. — negó y caminó con la cabeza en alto y la chica la vio extrañada.

Caminamos detrás de Emma y la seguimos hasta un lago que se situaba en el bosque donde me había mostrado sus alas. Recordaba ese tiempo y me impresionaba como tantas cosas podían suceder de un momento a otro.

Verno se sentó en el borde y todos quedamos en silencio pues ella necesitaba paz y tranquilidad, esta vez sólo quedó en posición de yoga y nosotros nos hicimos para atrás para no desconcentrarla.

— ¿Puedes creer que en tres días sea mi cumpleaños? — Emma observó como el sol se metía por entre los pinos enormes, la nostalgia había llegado a ella de golpe. — Lo más irónico es que las personas a las que menos veo sean las que se acuerdan por anticipado.

La observé y la rodeé con un brazo, apoyó su cabeza en mi hombro y suspiró.

— Mi cumpleaños y yo resolviendo este tipo de cosas por ser una suprema. — se quejó. — Cuando podría estar celebrando contigo y con mis seres queridos.

— Oh, Emma. Vamos. — la observé regañándola. — Lo haces para salvar al mundo, y porque te gusta meterte en problemas... Pero más que nada, quieres un mejor futuro para los que amas y para los que amarás. — la tomé de los hombros pero ella no apartó su vista del sol. — Y un mejor futuro para nosotros.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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