Emma, la caída de un ángel

Capítulo 91

Jared

— ¡No! — gritó Lilith desde un lugar lejano y corrió hasta su hijo pero el fulgor que emanaba de la espada de Emma y la herida de Baruck lanzaba ondas que nos harían trastabillar al igual que Lilith lo hizo. — ¿Por qué lo has hecho? — gruñó entre lágrimas mientras trataba de llegar a ellos.

Baruck observaba fijamente a Emma y el fulgor que volvió más intenso.

— ¡Emma, suéltalo! — grité pero más bien pareció susurro. No me escuchaba y los ojos de Emma se abrieron como platos aunque Baruck sólo la veía fijamente. — Verno. — ella giró su cabeza hacia mí y se tapaba la cara al igual que todos. — ¿Qué demonios está pasando?

— Ella es un ángel supremo, está decidiendo si muere o no. — explicó a gritos pero sólo yo podía escucharla. — Baruck está mostrando su vida a Emma.

Por eso Emma tenía una expresión pérdida. No tenía idea de dejarlo morir o sólo hacerlo sufrir.

Hazlo por todos los que murieron, por Nerea y... Por Zayd.

Susurré en la mente de Emma y ella negó con la cabeza. Sus manos temblaban en la espada y tomó el suficiente coraje para clavar lo que quedaba de la llave para terminar con Baruck para siempre.

Baruck y Emma lanzaban un grito doloroso y el fulgor que emanaba la espada se hacía más cegante a medida que se hundía en el cuerpo del demonio.

La luz llenó todo el castillo de Verno y todos taparon sus ojos, ¿Qué demonios estaba sucediendo?

La luz se volvió una enorme bola de fulgor y estalló por todo el castillo destruyéndolo en miles de pedazos y lanzando a todos, tanto ángeles como demonios como súcubos.

Levanté la vista adolorido, Emma yacía en el centro del castillo, a un radio de un metro no se encontraba ningún escombro, todo estaba limpio y ella estaba arrodillada con la frente pegada a la espada que ahora en vez de clavarse en el cuerpo de Baruck se clavaba en el suelo que poseía una gran S.

El fulgor no se apartaba de su cuerpo sino que llameaba de Emma como si formara parte de ella. Sus ojos estaban cerrados y lágrimas resbalaban por su barbilla, su boca estaba apretada en una sola línea y todo su cuerpo temblaba como si estuviera muriendo de frío.

El fulgor había dejado un sonido sordo y un leve sonido molesto, por tal razón no podía escuchar a Emma sollozar. Me senté entre los escombros que me rodeaban.

— Amo... — susurró una súcubo.

Dirigí mi mirada hasta donde se suponía que se encontraba la puerta, demonios y súcubos de Saitor se encontraban de pie observando a Emma.

Muchos de los nuestros habían muerto, así que los que quedaban junto a Verno se levantaron adoloridos. Los demonios y las súcubos de Saitor gruñeron y se abalanzaron a Emma, pero nosotros ya estábamos rodeando su cuerpo y poniéndonos en posición de defensa.

Luchaban con todo lo que su alma daba e incluso con sus alas heridas y unas que otras rotas.

Una súcubo me lanzó dentro del círculo que hacíamos para proteger al Ángel que aún no salía de su posición anterior. Emma lanzó un lamento que destrozó mi alma por completo, pero que sacudió el suelo de Edom y mandó a todos los demonios de Saitor volando por los aires mientras nosotros luchabamos por quedarnos en nuestros lugares.

Una vez más el fulgor creció y creció pero ésta vez en vez de dejarnos fuera de él nos encerró y dentro de él no se escuchaba nada, ni el grito doloroso de Emma ni los intentos de las súcubos de arañar la Barrera que Emma había creado al rededor de nosotros.

Observamos a los demonios luchar contra el muro, era imposible de entrar y una vez que se cansaron de arañar el muro, comenzaron a lanzarse sobre él.

No nos preocupamos en absoluto. De repente escuchamos un sollozo de Emma y nos giramos a verla, mantenía su vista hacia el techo y de sus ojos salía icor, sus venas parecían querer explotar dentro de ella y su cara estaba plasmada en dolor absoluto, su boca se abría y sus cejas se fruncían mientras su cuerpo se sacudía llorando en silencio, sus manos seguían en la espada.

Verno corrió hacia ella y no alcanzamos a reaccionar pues cuando lo hicimos Verno tenía en sus manos la llave de Edom y la sostenía en alto mientras Emma caía al suelo y cerraba sus ojos saliendo de su dolor. El fulgor que nos protegía se extendió por todo el radio del castillo destruyendo todo a su paso e incluso a los demonios. La gran onda hizo que la mayoría de los ángeles saliera volando pero sin ser heridos en lo absoluto.

Pude ver a Verno que alzó la espada y la volvió a clavar en la S que se formaba a un lado del cuerpo de Emma con una fuerza innecesaria, eso hizo que todo el suelo del castillo se desplegará y volará todo por ningún lado.

Sólo podía escuchar la risa de Verno a lo lejos pero en unos segundos todo se tornó oscuro.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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