Emma, la caída de un ángel

Capítulo 93

Jared

Abrí mis ojos poco a poco y observé a Verno quien ayudaba a levantar a los ángeles que habían sobrevivido. Eran muy pocos en realidad y no veía por ningún lado a Emma.

— Hey. — me llamó Verno y me dió una pequeña sonrisa. — No te preocupes la llevé a un lugar seguro. Está a salvo.

Ayudé a Karla y a Helen a que se pusieran de pie y después a Zianya quien se fue a buscar a Anton. Pamela y Leik se abrazaban con fuerza y Milton ayudaba al supremo a levantarse. Tan pocos habíamos sobrevivido.

— Me pareció haber visto a Baruck. — dijo Verno con miedo. — Tal vez cuando clavé la espada salió.

— ¿Se puede? — preguntó Helen atónita.

— Tal vez me pasé un poco. — Verno acarició su brazo con vergüenza. — Vayan a buscarlo por allá, iré por acá.

Verno corrió en lado contrario al de nosotros y se perdió entre las montañas de escombros.

— Algo me sabe mal. — dijo Helen observando el lugar por dónde se había ido Verno.

— Vamos. — las guíe en la dirección opuesta a la de Verno.

Si Baruck había escapado lo quería muerto. Emma había sufrido la muerte de Zayd y Helen también. Nadie más iba a sufrir por ese tipo.

— ¿Oyen eso? — avisó Leik haciendo que nos paráramos y observara nuestro alrededor.

Se escuchaba un pequeñísimo tic tac en alguna parte. Y después algo explotó detrás de nosotros enviándonos hacia delante.

Nos quedamos un tiempo en el suelo por si era una emboscada pero al ver que no era así me levanté y ayudé a las chicas a ponerse de pie. Todos estábamos manchados de icor y no sabía ni de dónde provenía el icor.

Una luz brilló en lo alto de una montaña y nos dirigimos hacia allá.

Al pasar una montaña observamos la figura que se posaba en lo alto de ella. Todos nos quedamos confusos.

Observé el cuerpo de Emma sin estar convencido del todo de que era ella, porque ciertamente Emma tenía más formadas sus curvas, y su pelo era más largo... Simplemente ella no era Emma.

La supuesta Emma sonrió a mi dirección y me miró sin emoción en sus ojos.

— Jared... Ella no es Emma... — Karla me avisó con la voz torcida y agitada. Observé su cara manchada de icor. — Emma no tiene los... — señaló sus ojos. — rojos...

Desvié mis ojos a los ojos de Emma y me fije en su color rojizo como el mismo de los ojos de los de Verno.

Abrí mis ojos con tanta impresión que no podía creerlo.

Habían convertido a Emma en el ser perfecto de Baruck, de nuevo... Pero eso no era posible, menos por el simple hecho de que Emma volvió a ser ella misma y ella estaba a salvo con Verno.

Emma comenzó a hacer un sonido apenas audible... Pero no identifique si estaba susurrando algo, o simplemente estaba haciendo ruidos. Pero cuando levantó su cabeza sus sonidos aumentaron, el resultado de ello era una estruendosa risa, sus ojos saltaban de sus órbitas, y su mandíbula se abría conforme avanzaban sus carcajadas.

Después alzó su cabeza y continuó sus carcajadas aún más fuertes, pero no tenía ni una pizca de gracia, si no de burla.

— Emma... — susurré causando que las risas de Emma cesaran por completo pero su cabeza seguía dirigida al cielo.

Nos miró con sus ojos rojizos, pero su semblante era completamente serio y comenzó a avanzar lentamente hacia nosotros dando tres pasos. Pero después de eso su respiración se volvió irregular su cara se distorsionó drásticamente y su respiración calmó.

De un momento a otro su cuerpo llameaba, la piel se despegaba de su rostro y fue cuando su verdadera identidad se reveló.

Su sonrisa y sus ojos apuntaban hacia mí expresión de asombro.

— Mi nombre es Verno. — su sonrisa creció y tocó la llave de Edom emanando el fulgor verde. — Soy Reina de Edom.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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