En el Foso

CAPITULO 23. Pesadillas

Jasmine Fiore

Estaba agotada tanto física como mentalmente, eso lo sabía y era por el mismo motivo que no me permitía quedarme dormida.

Había tratado de distraer a mi mente en muchas cosas, había inclusive preguntado sobre el amor, cosa que prácticamente nunca hacia a menos que quisiera librarme de alguna mala situación, pero ahora, no, en aquel mismo momento, cuando a pesar de que mis fríos pies y manos, acolchonados por los brazos y cuerpo de Landon se relajaron, entonces por algún extraño motivo no quise dormir.

Si, tenía miedo de aquellas pesadillas en las que si les daba cabida, entonces terminarían por golpear mi mundo tan fuerte que podía meterme en aquel gran hoyo de eterna oscuridad de nuevo.

Oh, el sueño era adormecedor y entonces, después de darme cuenta de que a pesar de que había pasado por momentos tan aterradores antes entre el mundo de los ecos, de los recuerdos, caí rendida ante él.

Todo era negro y se escuchaban pequeñas gotas, una a una hasta volverse muchas al mismo tiempo, todas ellas cayendo fuerte hacia el frio suelo.

El agua caía como un fiero caudal hacia el cuerpo tirado en el suelo y entonces, justo entonces cuando llegaban a él, las gotas y el tiempo y el agua, todo parecía detenerse a excepción de la sangre antes espera, ahora como si no fuese nada más que colorante.

La persona aun respiraba, se oían sus gemidos y el llanto ahogado de otra.

Yo recordaba ese momento y estaba parada a un costado, siendo ajena nuevamente a le escena sin poder moverme.

¿Qué había hecho?

¿Había sido Sam? ¿Había sido yo?

Había tanta sangre, sangre en mi cuerpo, en el de Sam y en el suyo. Pero solo había esa persona la que desfallecía, y aun así… no…

– Estas bien, por favor – rogaba mi voz y entonces lo vi todo más claramente.

Comencé a hipar, yo y ella que era yo como un reflejo de uno mismo y mis manos cubrieron mi boca al mismo tiempo en el que ella se mecía hacia adelante y atrás con el cuerpo de su hermano inconsciente.

Cabellos oscuros apegados a su rostro por la lluvia y tanto curiosos que había aparecido de ningún lugar.

Nadie se atrevía a acercarse ni a mojarse por nosotros, unos niños, unos malditos niños metidos en el mundo de los adultos como si fuésemos personajes de circo, pero se oía a la policía venir, eso debía de ser bueno, ¿verdad? ¿Ellos lo arreglarían verdad?

Tenía tanto miedo y ese miedo no me dejaba pensar.

– Sam, por favor, despierta – rogaba con un hilo de voz y después nuevamente la bulla. Yo quería que se callaran y quería eliminar todo.

– Por favor señorita, suéltelo – rogo una persona desconocida pero negué fuertemente con la cabeza y no me atreví a soltar a mi pequeño hermano.

– Señorita, si no lo suela no veremos en qué estado se encuentra.

– Por favor, solo queremos ayudar – y mis manos dejaron ir a mi hermano.

Ellos tiraron de mis ataduras, persuadiéndome poco a poco hasta lograr liberar a mi hermano y de repente yo estaba en mi cuerpo de nuevo, sintiendo el frío, la lluvia, el miedo.

– Sam – murmure.

Nadie me oía, todos estaban ocupados revisando a mi hermano y negando con la cabeza después de observar a aquel chico tirado en el suelo.

Ah, no era la policía pero si la ambulancia y después de eso comenzaron a hablar porque mi hermano estaba mal, muy mal. Pero yo… no podía moverme y hacia frio y no podía respirar.

Me estaba ahogando.

– Tranquila, él va a estar bien – hablo una suave voz pero yo no pensaba, aun todo era extraño.

Mi mente daba vueltas pero la chalina que había puesto en mi cuello, la lluvia que se había detenido como si fuese obra suya y los ojos tan maravillosos que poseía.

Si, Sam iba a estar bien, debía de estar bien pero…

Tosí y ensucie su ropa, su blanca ropa, tiñéndola de rojo….

Entonces levante la mirada para decirle que lo lamentaba y antes de que sus ojos encontraran los míos, no vi más.

Estaban cantando.

Respire y me di cuenta de que estaban cantando, no solamente meciéndose sino también cantando y de verdad que no quise moverme.

Landon estaba cantando con una voz tan suave que solo se podía oír en nuestro pequeño escondite.

Él estaba cantando y aquello me relajo y se sintió tan nostálgico que quise llorar, aunque. Oh diablos.

Me lleve las manos a la cara y rápidamente seque el rastro de lágrimas que había en el, Landon pareció darse cuenta pero no dijo nada y siguió con su canción de cuna porque creía que eso era, más o menos.

Lo siento – murmure y él dejo de cantar.

Trate de secar tus lágrimas como un caballero, pero después de muchos intentos y que tú continuaras llorando, me rendí. Francamente me asustarte, ni siquiera podía despertarte.



Alejazul

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En el texto hay: amor y aceptacion, secuestro, muertes

Editado: 28.01.2019

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