En nombre del padre, la hija y la esperanza

Acto 3: la niña que le sonríe al atardecer.

 Día 15 de enero (despertar del padre)

  Al abrir los ojos, Kuro fue cegado por la luz del sol, que le hacía saber que había amanecido. Se preguntaba si todo lo que visto estando inconciente había sido sólo un sueño, en lo más profundo de su corazón deseaba que así fuese. Pero dura realidad le dio otro golpe en la cabeza, pues al volver de sus sentidos se percató de la presencia de su hija.

  Con las piernas rotas, la ropa rasgada y heridas en básicamente toda su cuerpo,  su hija yacía inmóvil sobre su pecho. Tenía ganas de llorar, su hija fue totalmente maltratada y él no pudo hacer nada para impedirlo. La importancia que había sentido estando inconciente resultó verdadera .

  Lo que recordaba era haberse levantado con del como el viento, pues lo que sucedía ante sus ojos lo dejo atónito. Frente suyo había dos espectros, el más grande de color negro como el carbón, estaba parado riéndose eufórico, mientras que el más pequeño de color tan blanco como la nieve, se arrastraba llorando en su dirección. El llanto invadía sus o oídos, era idéntico al de su hija.

  De esa forma presenció la tortura de su hija, el saber que éso en en realidad si había pasado sin que él pusiese hacer nada sólo logro que más lágrimas cayeran de sus ojos. Pero se las secó rápidamente, ahora estaba despierto y no iba a permitir que su hija muriese aquí.

  Lentamente empezó a moverse teniendo especial cuidado, cuando movía la cabeza de su hija para colocarla en el suelo. Y como si al separarse del cuerpo de su padre, le estuvieran sacando un pulmón, Yuno despertó moviendo sus manos rápidamente buscando el cuerpo de su padre.

  La niña con pecas en la cara se tranquilizó al sentir, que una mano le acariciaba el cabello cubierto de tierra. Al sentir que la mano paraba, alzó su cabeza para ver a su padre, quien pese al tener una enorme costra roja, la cual se le había formado de tanto sangrar, aún continuaba siendo el hermoso caballero, que la había cuidado hasta ahora.

  Al darse cuenta que su padre estaba por fin despierto, Yuno dejó caer un mar de lágrimas por sus mejillas llenas de pecas. Pero no eran lágrimas de tristeza ni lágrimas de dolor, sino que la verdad eran de pura felicidad.

- ¡Papi! estás bien yo ... el hombre malo dijo que ... pero yo sabía estabas vivo por que tu eres el hombre más fuerte que conozco -dijo Yuno sin pensar en cada una de sus palabras eran como calvos en el corazón de su padre, quien se sentía culpable por no haberla protegido.

- Yuno yo lo siento ... -.

- Disculpa papi, ése hombre me atacó, me lastimó y me robó mí flor, ¡PERDÓNAME! -sé disculpó Yuno como si lo que pasó fuese su culpa, a la vez que más lágrimas rodaban por sus mejillas y caían en la tierra.

  No lo podía soportar más, rápidamente y sin decir nada, se acercó al cuerpo de su hija metiendo los brazos cuidadosamente debajo de ella para finalmente alzar el cuerpo tan lastimado de su hija.

- Hija yo ... té llevaré lejos de esté lugar, así que por favor resiste -dijo Kuro conteniendo las lágrimas, las cuales amenazaban con escapar de sus ojos.

- Tengo mucho sueño papi ¿A donde vamos?, creo que deberías descansar -sugirió la niña con pecas en las mejillas, a duras penas y con la garganta seca.

- Ya descanse bastante, si quieres puedes dormir en mis brazos hija. Al lugar a donde vamos es en la cima de la colina la vida, ahí estaremos bien -dijo Kuro sin hacer caso a las dolencias de su cuerpo.

  El pueblo en el que padre e hija habían vivido ya no existía, lo único que quedaba eran escombros que con el tiempo serian consumidos por la naturaleza. Todas las personas que conocían estaban muertas, sus cadáveres yacían esparcidos por todas partes al igual que la sangre, sin mencionar las moscas que ya se iban acumulando.

  Kuro tenía que alejar a su hija de ése lugar antes de que llegasen carroñeros para darse un festín. Su única salida era subir a la colina de la vida, y así escapar de ese pueblo reclamado por el mismo ángel de la muerte.

  El padre con hija en brazos observó la colina pensando en como subir. Sería peligro para los dos el subir en tal estado, si se caían corrían el riesgo deincluso morir, en el peor de los casos. Sin más opinión, se acercó lentamente a Yuno y le susurró al oído.

- Hija coloca tus brazos alrededor de mí cuello y agárrate lo más fuerte que puedas -le ordenó a Yuno, quien rápidamente hizo lo que se le pidió.

  Una vez que vio a su hija acatar su sus órdenes, Kuro empezó a subir la colina con su mano derecha libre. El subir la colina fue rápido, pese a que todo su cuerpo era un mar de dolor, el cual le ignorando por su cabeza, pues todos sus pensamientos giraban entorno al bienestar de su hija.

  Finalmente logro subir a la cima, sin embargo solo se detuvo cuando logró vislumbrar entre dos árboles y varios arbustos una choza. La cual era el lugar en el que yo vivía aislado de la civilización. Por supuesto que conocía a Kuro, era una buena persona, que entendía mis razones para vivir como ermitaño.



Sanantonio

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En el texto hay: tragedia, amor, muertes

Editado: 01.06.2020

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