Entre fogones

Capítulo 4

Cuando Mark llegó a su cocina, no se detuvo mucho tiempo a hacerse un sustancioso desayuno, iba algo tarde. Al entrar en la clase número 1, todo el mundo estaba ya allí, hablando. Suspiró, nunca se le había dado bien eso de hacer amigos. Se limitó a buscar un asiento vacío con la vista y entonces la vio. La chica que le había ayudado con las llaves el día anterior estaba allí, con la cabeza enterrada en un libro que por la portada parecía ser de romance. El sitio a su lado estaba sin ocupar y aprovechó la ocasión para hacerse con él.

- Buenos días.

Evelynn levantó la vista al escuchar una voz que le sonaba y se sorprendió al verle allí. En esta ocasión que no iba cargado con mil cosas, pudo verle detenidamente y se encontró sonrojándose. ¡Era muy guapo! Carraspeó intentando centrar sus pensamientos.

- Buenos días. ¿Mark cierto?

- Sí. Me alegro de ver una cara conocida, al menos no tendré que preocuparme por ser incapaz de llevarme bien con alguien.

La risa de él fue nerviosa. Estaba incómodo con las situaciones nuevas y a Evelynn le pareció de lo más extraño, a su alrededor había un aura que te incitaba a hablar con él. Y rebosaba ternura.

- ¿Qué lees?

Él parecía realmente interesado así que ella sonrió antes de contestarle animada.

- Es una historia romántica. Él conoce a una joven en una estación de tren y se queda prendado de ella, por lo que le pregunta su nombre, pero ella es súper tímida, así que no se atreve siquiera a hablarle. Poco tiempo después vuelven a coincidir, pero esta vez sí que intercambian nombres y él va a su casa con la idea de pedir su mano, aunque el padre de ella le dice que deberá pasar tres meses en la casa. La familia de ella es adinerada. Entonces... ¡Aparece el hermano de ella! Y resulta que hay más feeling entre ellos que entre él y ella.

Evelynn empezó a reír por lo bajo.

- La verdad es que está muy interesante, anoche me quedé hasta las tantas leyendo y hoy quería aprovechar cualquier momento para continuar.

La risa de ella le resultó a Mark contagiosa y acabó riendo con ella. Él era muy parecido cuando se metía de lleno con un libro, no podía ni soltarlo. Iba a responderle cuando sintió una mirada clavándose en él. Se giró y vio a Delan rodeado de gente. Tan popular como siempre, pero entre todas esas personas, sus ojos se fijaban en él, con el ceño fruncido y los brazos cruzados.

Mark se quedó en la postura que estaba, mirando a Delan y sin ser capaz de mover ni un músculo. Era imposible que pudiese romper el contacto.

- ¿..ark? ¿Mark?

Pestañeó al escuchar la voz de Evelynn y Delan frunció más el ceño antes de romper primero el contacto visual.

- Perdona. Me he distraído.

- Ya veo. ¿Le conoces? Al parecer va a ser la nueva sensación del campamento. No deja de atraer las miradas sobre él.

- No es nada nuevo, siempre ha sido así. Siempre rodeado de personas que creen conocerle.

- ¿Y tú sí le conoces?

- Mejor que nadie.

Mark era quien tenía ahora el ceño fruncido. Suspiró antes de relajar su cuerpo. Siempre había sido así, rodeado de personas, pero ninguno de ellos había estado allí cuando se torció un tobillo, cuando se quemó el dedo cocinando, cuando se caía una y otra vez intentando hacer skate. Ellos solo veían al Delan que querían ver, pero él no era así. Con esa sonrisa tan falsa. Casi nunca lo había visto sonreír de verdad y, aun así, sabía que no era de aquella forma. Pero eso no importaba, igual que nunca había importado lo mucho que quería estar cerca de él. Sus madres lo intentaron una y otra vez porque veían que Mark sí que quería, el problema había sido siempre Delan. Al final, Mark acabó amoldándose a la conducta del otro y empezó a odiarle también, o eso es lo que se decía cuando se veía pensando constantemente en él. Como en ese mismo momento.

- ¡En fin! Entonces, ¿está interesante la historia?

Evelynn dejó de prestar toda su atención a ambos chicos alternativamente y pasó a fijarse únicamente en Mark. ¿Qué pasaba allí? Había gato encerrado y a ella le encantaría llegar a saber qué había ocurrido y qué ocurría entre esos dos.

- La verdad es que sí. Puedo dejártelo una vez termine de leerlo, ¿qué te parece?

- ¡Genial!

Justo en ese momento, llegó el profesor y todos se quedaron en completo silencio. Roger Risbawn estaba frente a ellos. Un chef con una gran reputación, no sólo en la cocina, sino también como profesor y como persona.

- Sé que habéis llegado aquí con ciertas expectativas de lo que será este campamento, de lo que significará para vosotros y lo que os cambiará la vida. Tengo intención no sólo de cumplirlas, sino de superarlas.

No se había presentado. No era necesario, sabía que esos chicos sabían quién era. Aquel campus era muy importante para él, poder enseñar a los futuros cocineros, a alguien que podría incluso intentar competir con él o las personas que estaban por encima.



Laura Linares

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En el texto hay: amor, chicoxchico, rivalidad

Editado: 18.11.2019

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