Entre fogones

Capítulo 6

Mark se quedó mirando como trabajaba Evelynn. Era muy meticulosa, en cierta parte le recordaba a Delan, tan concienzudo con lo que hacía, prestando atención hasta el más mínimo detalle. Por el contrario, él solía ser más basto para cocinar, aunque siempre intentaba hacer las cosas mejor de las que las hacía, pero era difícil dejar las costumbres atrás.

Nunca solía cocinar con nadie. Le gustaba estar solo en la cocina con sus pensamientos y sus manías, pero estar practicando con Evelynn no le importó en absoluto. Se congeniaba bien con ella. Y era encantadora, siempre con una sonrisa en su rostro. Tranquila y dulce. Se esforzaba como nadie, lo intentaba una y otra vez hasta que le salía perfecto. No pudo evitar admirar esa parte de ella.

Evelynn, por su parte, se dio cuenta de por qué cuando Mark cocinaba, solo cocinaba, no hacía nada más. Se enfocaba en eso y no había espacio para nada más, cocinaba con amor y entusiasmo. Como si nunca fuese lo suficientemente bueno, como si lo único que quisiera fuese que, al probar un bocado de su comida, saboreases el cielo.

- ¿Quién te enseñó a cocinar así, Mark?

El dibujó una sonrisa triste en su rostro mientras cortaba con cuidado unas piezas de fruta.

- Mi abuela.

Evelynn sintió como le rodeaba un aura de tristeza y supo que, si no quería hacerle recordar algo doloroso, no debía preguntar más sobre aquel tema. Se limitó a apoyar su mano en la espalda de él, consiguiendo que se relajase ante el roce y volviese a su mundo como si nada.

Al poco tiempo, volvieron a hacer una competición por ver quién conseguía hacer las esferificaciones más perfectas en el menor tiempo posible. A ambos les gustaban los retos y se dieron cuenta de que, si se forzaban a competir, rendían más.

 

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Delan se pasó todo el día estudiando recetas italianas. Le encantaba todo lo italiano, siempre se preguntaba si alguna vez haría un helado que, al probarlo, recordase a los de allí. Dejó la cocina completamente limpia y ordenada antes de irse a su habitación para descansar. Sin embargo, a medio camino escuchó risas en la sala. Creía que ya se habrían ido todos, pero Mark y Evelynn seguían allí. Se reían porque, según pudo deducir por lo que se escuchaba, a Mark le había salido algo horrible de ver. Se reían mientras decían a qué se parecía.

Delan se apoyó un minuto en la pared que separaba la cocina de Mark de las demás y se empapó de las dulces risas. Se divertían. ¿Cuándo fue la última vez que escuchó reír a Mark de aquella forma? No lo recordaba, pero siempre le había gustado escucharlo. Puede que le irritase su forma de ser, que quisiera ganarle en todo, que no fuesen amigos, pero aun así, en el fondo le gustaría que fuese feliz. Le había visto llorar de una forma en que nadie debería hacerlo. Prefería mucho más sus carcajadas descontroladas, que le doliese el estómago por no respirar bien.

Sonrió antes de alejarse. Puede que Evelynn consiguiese hacerle feliz.

Y entonces la sonrisa se borró de su rostro. Puede que lo consiguiese. Y eso estaba bien, ¿no?

Cuando estaba llegando a su habitación, el viento meció las copas de los árboles y fue hasta él, trayéndole ese olor a lluvia de verano. Miró hacia el cielo y una pequeña gota le cayó en la mejilla. Una tormenta de verano. Respiró hondo mientras sus pulmones se llenaban de aquel aroma. Adoraba la lluvia que caía en mitad del verano, como si retase al sol diciéndole que ella también estaba ahí, incluso cuando el otro más brillaba. Subió a su habitación y se asomó a la ventana para ver como poco a poco, caían más y más gotas.

 

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Mark miró fastidiado la lluvia que caía. Habían escuchado las gotas y habían intentado salir del edificio antes de que la tormenta se hiciese más fuerte, pero no habían llegado a tiempo.

- No tendrás un paraguas, ¿verdad?

Evelynn miró a Mark. Obviamente no llevaba uno. Ni siquiera sabía si se había traído uno.

- No Mark, no tengo.

- Mierda. ¿Corremos?

- Vamos a mojarnos.

- Es lluvia de verano, tampoco es para tanto.

O eso había pensado Mark, pero lo era. Claro que lo era.

- Ten. Cúbrete la cabeza, al menos no se te mojará mucho el pelo.

Mark se había quitado la camiseta y se la ofrecía a una sonrojada Evelynn. Ella sabía que era un acto totalmente desinteresado, solo se preocupaba por ella, pero, aun así, no pudo evitar sonrojarse. ¡Era imposible que no lo hiciese! Un guapísimo chico, alto y con el torso desnudo le ofrecía su camiseta para que ella no se mojase la larga cabellera. Y encima era de esos chicos que hacían ejercicio. Lo había notado aquella mañana en su cuarto, pero ahora se estaba fijando detenidamente y era vergonzoso darse cuenta de lo que ella misma estaba haciendo inconscientemente. Todos sus músculos se marcaban perfectamente, los pájaros volaban por su costado a causa de la respiración de Mark y parecían estar vivos.



Laura Linares

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En el texto hay: amor, chicoxchico, rivalidad

Editado: 18.11.2019

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