Entre Nosotros

Capítulo VII "Suéltalo y deja que vuele"

CAPÍTULO VII

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--- ¿Qué?, ¿necesitas un tinte nuevo? --- pregunto dudosa al escuchar la voz gastada y chirriante de Mia hablando del otro lado de la línea.

--- ¡Mierda, Jess! ¿Acaso escuchaste todo lo que te dije? --- Esquivo a una mujer que lleva unas cuantas cosas en la mano y va reclamándole algo a un niño pequeño que camina a su lado, y sigo el recorrido hasta lograr dar con la entrada de la pequeña cafetería de César.

Al entrar, el delicioso aroma me recibe de golpe y me hace cerrar los ojos por segundos.

Me he levantado temprano esta mañana y he decidido renovar de nuevo toda mi rutina antes de ir a trabajar. Volver a hacer ejercicio me ha dado la vitalidad que necesitaba y me está gustando en exceso el cómo me estoy sintiendo.

Suelto un resoplido al cruzar la puerta de cristal y todavía con el celular pegado a la oreja, comienzo a rebuscar el efectivo para cancelar.

El bullicio de la gente aglomerada pidiendo su orden, me hace pitar los oídos.

Es un desastre.

--- creí que habías entendido bien la parte en la que dije que estoy en la calle.

--- ¡por supuesto que la entendí! Por eso estoy pidiendo tu ayuda. Estoy atrapada en mi departamento y no tengo como salir de aquí.

--- Buenos Días, bienvenida a LettyCof. ¿Qué desea ordenar?

--- Buenos días. ¿Me podrías preparar dos cafés grandes para llevar, por favor?

--- ¿Cómo los prefiere?

--- uno negro y el otro con leche --- la chica morena y de ojos grandes y brillantes que está frente a mí, me observa con una sonrisa al tiempo que teclea mi pedido.

--- ¿crema? --- pregunta.

--- no, gracias.

Hago un malabar con la mano y me enderezo. Vuelvo a prestarle atención a Mia.

--- por favor, Jess. ¡Ayúdame! Estoy desesperada --- lloriquea.

--- Vamos Mia. No creo que sea para tanto. Tal vez te guste dentro de unas horas. Dale tiempo. Necesitas acostumbrarte.

--- ¿Darle tiempo? ¡Por supuesto que no! ¡Y por supuesto que es para mucho! ¡Quedé como un maldito pimentón! No pienso salir a la calle así.

Se me escapa una sonrisa al escucharla y no puedo evitar sentir gracia por lo que sucedió.

Decidir hacer un cambio de look tan drástico puede traer unas desafortunadas consecuencias.

Y ella, al parecer, nunca escucha.

--- ¿Va a desear algo más? --- la chica de la caja vuelve a dirigir su vista hacia mí y yo me trabo un poco. Mia no deja de hablar y mi mente se descontrola.

Mi vista de inmediato viaja a toda la estantería que está frente a mí y las tortas, tartaletas y diversos dulces llaman mi atención.

Muerdo mis labios llena de incertidumbre. La ansiedad me carcome y el diablito gordito y diabético en mi interior, termina ganando la pelea en cuestión de segundos.

--- Creo que sí, me llevaré dos de estas, dos cachitos y una de estas --- le señalo todo lo que quiero y vuelvo a concentrarme en Mia --- yo voy de camino a la oficina. Estaré libre al mediodía. Si quieres esperar un poco podría llevártelo luego.

--- recuerda que hoy saldremos, Jess. No puedo esperar tanto.

--- entonces intenta comunicarte con Dulce María. Lo más seguro es que esté en casa…

--- sí, roncando. La estuve llamando, no contestó. Eres mi única salvación, Jess. Por favor. ¡Estoy del asco! ¡Parece vómito de dragón!

Esta vez no me inmuto en contener la risa.

--- ¿una mierda?

--- una total mierda. No vuelvas a consentirme hacer algo así nunca más.

Suelto un suspiro de resignación y sonrío.

--- De acuerdo. Intentaré solucionarlo ¿vale?

--- ¡Gracias! ¡Gracias! Eres un amor.

Ruedo los ojos e intento cerrar el trato.

--- ¿quieres ahora un rosa intenso? --- me burlo.

--- mataría porque me quedara bien, pero no, prefiero ir a lo seguro.

--- ¿y lo seguro es…?

Suelta un suspiro de resignación antes de sorber por la nariz, y escucho un gran chirrido al fondo como si arrastrara una silla.

--- negro. Negro azabache.

--- Está bien. Tal vez convenza a Adam para que te lo haga llegar si no puedo salir de aquí. Espéralo ¿de acuerdo? --- le explico, antes de colgar.

La chica de sonrisa dulce, coloca mi pedido en una bolsa junto a un cartoncito donde encajan los cafés y lo desliza hasta tocar mis nudillos.

Guardo el celular y le entrego el dinero.

--- espero lo disfrute. Que tenga un excelente día.

--- ¡muchísimas gracias!

Le devuelvo la sonrisa y salgo del establecimiento con la bolsa colgando de mi brazo y sosteniendo el cartoncito con cuidado. No quiero hacer un desastre.

Sigo caminando y voy directo por el tinte de Mia. Me desvío dos cuadras más allá y doy con una tienda en la que nunca he comprado nada.

Es ajena a mi zona pero, al parecer, la única abierta cerca de mi radar.

Una vez entro, parece bastante acogedora y tiene un montón de artículos para llevar. La típica tienda donde puedes encontrar desde pasillos repletos de chuchería hasta estantes atiborrados de ollas y sartenes.

Bastante útil.

Voy con cuidado y doy con el condenado tinte luego de perderme un par de veces. Lo tomo de la estantería y lo detallo.

La verdad no sé mucho sobre tintes, marcas o cosméticos. Siempre he tenido el mismo cabello castaño que salió de mi cabeza cuando tenía meses de edad. Mamá desde que había pisado la adolescencia, había querido que me lo pintara azabache para sentir que me parecía más a ella, pero nunca intenté hacerle caso.

El cambio drástico no era una opción para mí.

--- ¿negro azabache o negro azulado? --- tomo otra caja que está justo al lado y me detengo a observar a la modelo. La única diferencia son unos pequeños reflejos. Decido no inventar mucho y dejo la última opción donde la encontré.



LDHope

Editado: 27.07.2020

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