Épsilon, tráfico de pasiones

CANIBALISMO GALÁCTICO

Se utiliza para describir el fenómeno por el cual algunas galaxias absorben a otras galaxias vecinas, debido a su gran fuerza gravitatoria.

 

Tititití... Tititití...Tititití...

El despertador una vez más la sacaba de su orbe vacío en donde se sentía tan cómoda últimamente, tan apacible. Lo desactivó tocando la pantalla por seguir entre las sábanas disfrutando de la calidez del nórdico, que era lo único capaz de calentar su cuerpo, también, últimamente.

Y tras apelotonarse igual que haría un hámster entre algodón y heno, volvió a quedarse dormida como un tronco.

«I've got thick skin and an elastic heart

But your blade it might be too sharp

I'm like a rubber band until

you pull too hard

I may snap, and I move fast

But you won't see me fall apart

Because I've got an elastic heart

I've got an elastic heart

Yeah, I've got an elastic heart. »

Sia Furler, la obligaba a abrir los ojos, en esta ocasión de par en par, asustada, con el corazón latiéndole en la garganta.

—¡Mierda! ¡Me he sobado!

Exclamó en voz alta aun reconociendo que nadie refrendaría su afirmación, aunque efectuando una lectura más precisa y cruda; si alguien más hubiera estado allí a su lado, no se habría dormido.

La melodía tan poco adecuada como acertada del teléfono, volvía a ponerla en órbita segundos después del primer impacto y mientras se levantaba igual a un alma arrastrada por Hades al inframundo o directamente al Tártaro, descolgó a la otra alma que había ejercido de despertador aquella mañana.

—Buenos días, Tània. —Tras escucharse a ella misma, estimó no dar demasiadas explicaciones, su ronquera matinal ya las ofrecía.

—¡Llevo veinte minutos esperándote!

—Tardaré otros veinte... Lo siento.

—¡Los siento, lo siento! —El tono burlón daba muestra del enfado—. ¡Es cansado escuchar siempre tus disculpas!

—Vale.

—¡Tienes veinte minutos para que tú y tu culo estén en el laboratorio! No pienso cubrirte ni una sección de segundo más.

—Vale.

Lo siguiente que sus oídos capturaron fue el «Tu... Tu... Tu...» de la línea.

—Buenos días, Tània —Dejó caer el teléfono encima de la cama a la par que reclamaba un saludo al uso.

Tània era su mejor amiga, con un grado de amistad exponencialmente superior al resto, por eso le permitía aquellos desaires, que le pusiera las pilas y se quejara de su particular manera de ver la vida.

Admitía que de tanto en tanto alguien debía zarandearla por los hombros y devolverla al mundo cotidiano, y más ahora, cuando se encontraba más renuente a seguir las rutinas clásicas como levantarse a tiempo para ir a trabajar.

De niñas residían en el mismo barrio. Sus padres se trasladaron cuando Tània era un bebé y crecieron juntas. Estudiaron en los mismos colegios, asistieron al mismo número y tipo de actividades extra escolares, pasaban tanto tiempo una al lado de la otra, que las llegaron a suponer hermanas. Tampoco se molestaban en sacarles de su error, a fin de cuentas, se defendían, se cuidaban y se protegían mostrando más lealtad que muchos biológicos.

Pensando en ella y en la reprimenda que le aguardaba, Brisa, tomó lo primero que encontró en su desvencijado armario de dos puertas. Estaba convencida de que una vez colocada la bata blanca, nadie criticaría su estilo anárquico. Para ella lo esencial era ir sin lamparones, el resto no tenía importancia. O a lo peor sí, y justo por eso su vida se encontraba manga por hombro.

Entró y salió como una exhalación de la ducha.

Tampoco perdería el tiempo en secarse la melena o en maquillarse un poco. Las bacterias en las placas Petri, no acusarían cambios si eran observadas a través del microscopio por unos ojos sombreados y los morritos bien rojos. O a lo mejor sí, y debido a eso progresaba en su profesión al paso de un caracol con sobrepeso.

Meditaba en aquello suspirando mientras se subía a saltos los tejanos y buscaba unos calcetines entre la ropa que pendía en el tendedero desde hacía una semana. Se sentó en el brazo del sofá para ponérselos calzándose después las deportivas. Los zapatos altos y sexis tampoco la seducían y antes de seguir valorando datos, que no la llevarían a esclarecer nada, observó su piso prometiéndose a sí misma adecentarlo sin dilación.



Sònia A. Kirchen

#8309 en Thriller
#4738 en Misterio
#28316 en Novela romántica

Editado: 26.03.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar