Es mi hijo

Capítulo 9

En la sala podía verse las caras antagónicas del demandante y el demandado. Mientras la señora Ana se veía tranquila y serena, Juan Carlos se veía nervioso e inseguro. El Juez los veía detenidamente, y le pidió que llamaran al siguiente testigo. Juan Carlos fue llamado y se sentó en el estrado. Su abogado comenzó el interrogatorio.

—¿Desde cuándo Eduardo es su hijo?

—Desde el día que nació.

—¿Tenía conocimiento de que usted no era el padre biológico?

—Sí, fue la razón por la que mi esposa y yo nos separamos.

—¿Por qué lo reconoció como propio entonces?

—El Juez nos obligó a esperar su nacimiento para divorciarnos, y sugirió que le diera mi apellido para que no fuera un bastardo, a cambio de exonerarme de manutención y régimen de visitas.

—¿Por qué se volvió a casar con su exesposa?

—Cosas del destino, ella estaba cerca de la explosión del edificio Guamo y quedó perturbada mentalmente. Me tuve que hacer cargo del niño mientras se recuperaba, y me encariñe con él, y tuve la suerte de que ella me volviera a aceptar en su vida.

—¿Usted sabía que el niño que estaba cuidando mientras su esposa se recuperaba, era en realidad Karl Labrador Abreu?

—No lo sabía.

—El niño tenía año y medio, cómo no sé dio cuenta que no era el mismo niño.

—Yo no lo volví a ver desde que nació, así que no podía notar alguna diferencia.

—¿Ninguna de las personas que lo habían visto crecer, le hizo notar que no era el mismo niño?

—El niño tenía la cara hinchada por un golpe que recibió al caer con mi esposa en la explosión, por lo que nadie pudo darse cuenta, y como eran de la misma edad, pasó desapercibido.

—¿Ni siquiera la familia de ella?

—Me apena decirlo delante de mi hijo, pero mi familia política se puso de mi lado en la separación, y conocieron al niño al mismo tiempo que yo.

—¿Por qué quiere seguir siendo su padre? Eduardo está muerto, y Karl ni siquiera es el hijo de su esposa.

—Yo amo a mi hijo, no porque hubiese sido el hijo de mi esposa, él se ganó mi cariño, mi amor de padre, y cuando pensé que mi esposa me sacaría de su lado al recordarlo todo, le pedí a ella que me permitiera tener contacto con él, uno no puede desprenderse así como así del amor que sentimos por un hijo, y estoy aquí demostrándolo, y quiero ser su padre, corrijo, yo soy su padre.

—¿Se encariñó porque pensaba que era Eduardo o porque era Karl?

—Porque era Karl, fue él el que llego a mis brazos, el niño del que me encariñe, al que le di de comer, al que le cambie los pañales, al que llevaba al colegio, por el que discutí con otros padres, fui yo el que le bajó la fiebre, el que le dio sus medicinas, el que le enseñó a andar en bicicleta, el que lo apoyó a que siguiera su pasión por la música, el que le dio un consejo cuando le rompieron el corazón, por él daría mi vida si la necesitara.

El abogado se retiró y dio entrada el abogado de la señora Ana.

—Cuando su esposa regresó del hospital, ¿Cómo trató al niño?

—Al principio se mantuvo alejada, le tenía algo de miedo, pero luego conectó muy bien con él.

—No sería que ella sabía que no era su hijo.

—Cómo podía yo saberlo, acababa de regresar de recuperarse de un choque emocional, que yo pensé al principio que había sido por la explosión.

—Pero no era su hijo Eduardo, era el hijo de la señora Ana.

—Sí, pero ella se dirigía a entregarlo a la policía cuando la bomba explotó, y en el hospital todos pensaron que era mi hijo biológico y me lo entregaron.

—Quizás cuando ella lo vio, lo reconoció, sabía que no era su hijo y no se acercó a él, y ustedes la manipularon hasta convencerla.

—Nosotros seguimos las indicaciones del médico, incluso tuve que quedarme a vivir en la casa para facilitarle que recordara su vida. Sólo podíamos hablarle del pasado, de un pasado donde Eduardo no existía, ni mi suegra ni yo sabíamos nada de mi hijo desde su nacimiento hasta ese día, como para influenciar en ella.

—Usted quiere decir que de pronto a ella le nació el amor por un niño que no era su hijo.

—Puede decirse que sí, y dudo mucho que ella supiera que se trataba de Karl, pero no puedo asegurarlo.

—No le creo, tuvo que haber algún tipo de detonante, algo le dijeron para convencerla de que debía amar a un hijo que no era suyo.

Juan Carlos estaba enrojecido por la rabia, y cerraba los puños en cada pregunta del abogado, y cuando dijo «un hijo que no era suyo» sintió como la sangre se acumulaba en la cara.

—Ya se lo dije, estábamos siguiendo las recomendaciones del médico, ella debía recordar sin presiones.

—Sigo sin creerle, ¿Qué estaba haciendo ella justo antes de decidir tener contacto con un hijo que no era suyo?



M.R.Fernandez

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En el texto hay: crimen, familia, adn

Editado: 31.01.2019

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