Eureka / Un verano para Encontrarte

Capítulo 13. «Take it easy, Princess»

Take it easy, Princess

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OLIVER

«Con que éste es el fulano Ezra»

Es lo único en lo que puedo pensar mientras que de brazos cruzados la miro esperando una respuesta de su parte, pero ella, por algo que le dice su compañera al oído, niega con la cabeza y larga un bufido que se me antoja jodidamente satírico.

Estoy seguro de que acaba de comentarle acerca del tonteo que tuvimos ella y yo la mañana del domingo, donde por cosas del destino terminé tomando un desayuno junto a Ed, en el mismo local en el que ahora deduzco que también trabaja la salvaje, a juzgar porque los tres llevan el mismo uniforme.

«Y así es como el universo sigue conspirando para que yo pierda esta apuesta»

Pero justo ahora, por alguna razón ese detalle no es lo que me inquieta, sino la mención de un nombre que ya había salido a colación la otra noche entre la pelea de fieras que montaron la bipolar y la salvaje.

—¿Nos conocemos de algo? —me pregunta él, consciente de que he repetido su nombre con interés. Pero no eran intenciones mías, lo he dicho sin pensar, por el mero hecho de que la curiosidad es la peor enemiga de la educación.

—No —le respondo, volteando mi gorra para cubrirme del sol y poder apreciar mucho mejor la expresión que aparezca en el la cara de pelele que se gasta cuando escuche mi siguiente confesión—: Pero tu novia ya me había hablado de ti.

Si, ha sido estúpido e infantil de mi parte soltar una mentira como esa, pero es que de alguna forma necesito aclararme la duda que lleva comiéndome la cabeza desde aquella noche, y como me caracterizo por tomar medidas poco ortodoxas, se me antojo que está era mejor manera que enfrentarme a ella y preguntárselo directamente.

¿Por qué? Porque soy un jodido cobarde después de todo, que temía a una respuesta positiva que me truncara los planes. Y seguiría temiendo de no ser por el hecho de que él se pone pálido como un papel y busca una respuesta a en los ojos de salvaje que le explique por qué yo, un completo desconocido, ha soltado un comentario así.

—¿Novia? —pronuncia, de manera entrecortada.

—Ex —pronuncia finalmente Emma, matándome con la mirada, para luego pasar a él—. Le decía a mi vecino que mi ex novio prepara unos tragos buenísimos. Pero es tan idiota que de seguro lo interpretó todo mal.

—Ya, entiendo —emite él, con la voz apagada, pero recuperando la sonrisa un segundo después—. Bueno, es un placer, a la orden por el bar.

Y lo único que obtiene de mí parte es un movimiento de cabeza poco amistoso.

—¿Vecinos? Y yo que juraba que no eras de aquí cuando te pasaste el otro día por el local — comenta Jessica, mirándome con una amplia sonrisa. Es una chica encantadora, que queda totalmente opacada por la presencia de una pelirroja que, aunque me odie, acapara toda mi atención—. ¡Pero bueno el mundo es un pañuelo!

—Si, ingrata coincidencia —murmura la salvaje entre dientes, ganándose que la mire mal—. Gracias a Dios que solo será por el verano, ¿eh? En fin, vamos chicos, ya es tarde —y acto seguido toma del brazo al tal ex para invitarlo a caminar, y no sé por qué mierda ese simple gesto provoca que me ponga en tensión.

—Emma —la llamo por su nombre, y se me hace tan extraño que hasta yo me sorprendo—. ¿Me das un momento?

Ella rueda los ojos, pero me obedece caminando tras de mí.

—Ya vuelvo. No me dejen —les pide a sus compañeros como si temiera que me la fuera a comer.

«Aunque ganas no me faltan»

Nos detenemos a unos metros, al costado de un quiosco de periódico abandonado, que sirve para escondernos un poco de las miradas curiosas.

—¡Qué manera más cutre la tuya de averiguar si tengo novio, modelito! ¡En serio, das pena! —es lo primero que escupe, soltando una carcajada vacía de gracia.

—Por lo menos yo busco la manera de aclararme las dudas. No como tú.

—¿Pero de qué hablas?

—De qué te estás matando la cabeza por saber qué me traigo con tu compañera ¿o me equivoco?

—¡Por Dios! Tus rollos de falda me interesan muy poco, para que lo sepas. Así que bájale a tu egocentrismo que mis intereses no giran en torno a ti. Me da igual a quien le pidas el número. Solo intenta no jugar con los sentimientos de Jess cuanto finalmente la llames.

—¡Pero que mentirosa te has vuelto! —la provoco con una sonrisa y ese gesto parece colmarle la paciencia.

—No estoy mintiendo —suelta un bufido—. ¿Por qué lo haría?

—No lo sé, tú dímelo —le pido arqueando una ceja, y apretando los labios para no reír.

—¡Ja! ¿Te crees que estoy celosa?

—Que conste que lo has dicho tú —la pico, acercándome a ella hasta que choca contra la pared, sus ojos me buscan preguntándome sin palabras qué es lo que estoy a punto de hacer—. Yo no pedí su número, salvaje, ella me lo dio porque quiso —confieso, en parte porque no me conviene que ella piense mal, aunque dudo que me crea por los ojos achinados con los que me está mirando—. Y solo quería recordarte que te estaré esperando esta noche. No me obligues a cumplir con mi palabra —pronuncio muy cerca de su oído, llenándome con su aroma. Entonces ella hace lo de siempre, empujarme.

—No me importa ¡Ve y cuéntale todo a mi abuela, da igual, de cualquier forma no pienso ir! —zanja cruzando los brazos, y yo me lleno de paciencia porque no es posible que entre tantas chicas me toque lidiar con la más terca y orgullosa de todas.

—Granger... —pronuncio en advertencia.

—¿Por qué no aprovechas y llamas a Jess para invitarla? Estoy segura de que ella no te va a rechazar —arquea una de sus cejas, y no puedo evitar verla más preciosa ahora que está enojada. Enojada y....

—Si, estás celosa —concluyo, volviendo a sonreír—. ¿Por qué no lo admites?



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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