Eureka / Un verano para Encontrarte

Capítulo 29. «Tipos como yo»

Tipos como yo

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OLIVER

—Emma —pronuncio su nombre en un suspiro. Sintiéndome tan liviano como lleno de paz, mientras trazo caricias circulares sobre su abdomen.

«Esto es la gloria»

—Uhm —es lo que apenas consigue emitir, y procuro no reírme porque se que justo ahora la está consumiendo la vergüenza, es tan dulce en este momento que no concuerda para nada con la salvaje que minutos atrás me pidió que la tocara, que le diera placer.

Joder. Literalmente esta chica esta chica me está volviendo loco, y me encanta.

Me encantan todas sus facetas. Tanto su lado soberbio y sus actitudes altivas como este lado inocente, tierno y vergonzoso. Y aunque su forma tan terca y salvaje de ser me saca de mis casillas la mayor parte del tiempo, estoy dispuesto a pagar ese precio si la recompensa es la chica atrevida y sensual que se llenó de valor para vivir esta experiencia a mi lado.

Porque así somos los humanos, complejos e incomprendidos. Porque así es ella y así soy yo, que ya no se ni lo que hago ni lo que digo, pero de una sola cosa estoy seguro ahora, y se la hago saber porque siento que el pecho me puede estallar si no pronuncio esas dos simples palabras:

—Eres perfecta —susurro contra su oído, llenándome de su olor. Huele a mí y me encanta.

Silencio. Uno largo y extendido es lo que sigue luego. No es que esperara algo a cambio. Ni siquiera planee decirlo, simplemente esa fue una verdad que rogaba por abandonar mis labios. Y creo que eso es lo más sincero que he podido decirle desde que llegue a este pueblo.

—Y tú... eres perfecto —pronuncia finalmente, luego de algunos segundos, paseando sus dedos sobre la piel desnuda de mi espalda, y la sensación que siento es tan surrealista. Es ella, teniendo algo bueno que decir referente a mí, siendo cariñosa. No, esto no puede ser verdad, necesito verla y corroborar que ese halago realmente salió se su boca, por eso me incorporo para mirarla a los ojos, enarco una ceja y con una divertida sonrisa me atrevo a comentar:

—Con que perfecto, eh.

—Si... —detiene sus caricias en mi espalda y lleva su mano hacia mi mejilla—. Un perfecto mentiroso —sonríe con malicia, haciéndome rodar los ojos.

—Eso no lo pensabas hace unos minutos cuando me pediste que...

—Calla —me tapa la boca—. Los chicos te pueden escuchar.

Si, lo olvidaba, Ed y Lisa siguen en la habitación de al lado de seguro haciendo sus propias cochinadas.

Paso mi lengua sobre la palma de su mano consiguiendo que me libere con una mueca de asco, mientras yo solo puedo pensar en esa mano húmeda tocándome ahí abajo, y sin telas de por medio.

«Joder. Basta ya»

Me obligo antes conseguir una segunda erección, y me decido a devolverle una sonrisa igual de maliciosa antes de pronunciar:

—Muy tarde para eso, Granger. Tus gemidos de placer se han escuchado en toda la cuadra, seguramente Anny ha de estarse preguntando quienes serán ese par pecadores.

—¡Exagerado!

—Sincero.

—Eres un pesado.

—Y tú, una incitadora.

—Ya cállate, imbécil.

—Puedes agregar moja bragas a tu repertorio de insultos, Granger —entre cierra sus ojos y mi sonrisa se ensancha—. Ah, cierto, eso sería un halago.

—Creído —resopla.

—Uno muy sexy —murmuro pegando mis labios a los suyos simplemente porque quiero hacerlo. Le arrebato un beso suave y pausado que nos hace suspirar a ambos—. ¿No fui muy rudo? ¿Lo disfrutaste? —le preguntó entre besos porque es algo que me preocupa, ella sin tener que decirlo me dejó claro que no ha tenido mucha experiencia sexual y por alguna razón deseo que se sienta plena compartiendo esta intimidad conmigo, pero al sentir que no me responde igual, me separo un poco buscando sus ojos, y entonces me doy cuenta que por alguna razón ya no parecen tan vivaces como minutos atrás, ahora lucen triste—. ¿Sucede algo?

—No pasa nada —pronuncia mirando en dirección contraria—. Es solo que... necesito otro baño.

—Casualmente yo también, preciosa —le digo recordando mis pantalones mojados. Deposito un beso en su cuello aprovechando el libre acceso que me ha dejado—. Podemos darnos un baño los dos...

—Sola —me aclara. ¿Y ahora qué hice?

Con cuidado me levando sobre el colchón dejando atrás el calor que nuestros cuerpos unidos nos proporcionaba, me traigo conmigo la sabana que nos cubría y ella queda expuesta del ombligo para abajo, me delito durante las milésimas de segundo que a ella le toma bajarse la camiseta hasta los muslos. Me quedo arrodillado aun entre sus piernas y la observo tan fijamente que no tiene más opción que devolverme la mirada.

—¿Me vas a decir que te sucede? —le pregunto entonces.

—No me sucede nada —su voz me trasmite de todo menos sinceridad. La veo incorporarse con cuidado de no exponerse de nuevo ante mis ojos, hasta que su espalda choca contra el respaldo de la cama y queda sentada sobre esta.

—Emma, por favor, te he dicho mil veces que mientes fatal —camino con las rodillas para quedar más cerca de ella, tan cerca para tomar su mentón entre mi mano y obligarla a mirarme.

Lo que acaba de suceder entre nosotros puede que sea un juego de niños, algo que precede la verdadera acción, o al menos es lo habitual que hago al momento de intimar con cualquier otra mujer, exceptuando la parte en la que me corro en los pantalones, eso sí que es una verdadera vergüenza; pero con Emma, con la salvaje por la que aposte mis dos bebés y una jugosa cantidad de dinero, con ella llegar a este punto, intimar de esta manera, era algo que llegué a creer inalcanzable, inclusive para mí.

Y siendo sincero, en este punto en el que nos encontramos no me preocupa el hecho de no haber llegado a más, bastante sorprendido me encuentro con estar de esta manera con ella, incluso la idea de no lograr que para el final del verano esté enamorada de mí ha dejado de perturbarme, inexplicablemente perder esa estúpida apuesta que hice con Ed no me asusta en lo absoluto.



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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